Al socaire

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Presentación del libro Sonetos desde el Hospital en la Escuela de Minas de Madrid

27 noviembre, 2019 By amarias Deja un comentario

El 28 de noviembre de 2019 (o sea, mañana), presentaré mi libro Sonetos desde el Hospital en la Escuela Técnica Superior de Minas y Energía, en Ríos Rosas 21, Madrid. Como sabéis, todos los beneficios del libro, que se vende a diez euros, serán para la Asociación Española contra el Cáncer. Como edité 1.000 ejemplares, calculo que, cuando se vendan todos (se está en el camino de agotar la edición), entregaré 5.000 euros a esta ONG, cumpliendo así el compromiso que he suscrito con la institución.

El acto empezará a las siete y media de la tarde, y tendrá lugar, en principio, en el Claustro. Si la afluencia de asistentes es superior a la cabida de este emblemático recinto, se habilitaría el salón de Actos de la Fundación Gómez Pardo.

La introducción y mi presentación la harán dos personalidades que, evidentemente, se prestan a participar, por su especial amabilidad en colaborar con un acto benéfico y porque son muy buenos amigos del autor de este poemario: el Director de la Escuela, José Luis Parra y Alfaro y el Presidente del Club Español de Medio Ambiente (CEMA), Rafael Fernández Rubio. El coloquio posterior será dirigido por Guillermo Koerting, director del CEMA.

Yo me encargaré de hacer un resumen de la conferencia que pronuncié en Oviedo, en el Colegio de Minas del Noroeste, y que titulé: «Cómo tratar con el cáncer». El texto completo está a disposición de quienes me lo soliciten, y se lo enviaré por correo electrónico.

El plato fuerte de la jornada es la lectura de diez poemas, elegidos por cinco amigos a los que solicité que hicieran algún comentario bien sobre los sonetos, su relación conmigo, con el cáncer o con la vida o la poesía, en general. Cada uno de los intervinientes dispondrá de siete minutos. Estos amigos excepcionales son: (por orden de su intervención prevista) Eloy Álvarez Pelegry, (Académico de la RAI), Maite González Aguado, (Profesora de la ETSIMM), Mercedes Álvarez Sierra, (Funcionaria), Jesús Atienza Serna (Embajador).Elena Domínguez Cañas, (Catedrática).

He pedido también a mis dos nietas mayores, Carlota y Sofía, que lean uno de los sonetos. Mis otras dos nietas, Alejandra y Claudia, se encargarán de cobrar los libros que se vendan. Porque, queridos amigos y seguidores de este blog, se trata de vender libros.

Espero que la afluencia sea masiva y que alcancemos la cifra de ochenta libros vendidos. Y si no podéis asistir, vuelvo a poner aquí al final el enlace para la compra, y os lo enviaré por correo, dedicado.

Compra el libro “Sonetos desde el hospital”

 

Publicado en: Actualidad, Personal, Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, CEMA, director de la Escuela de Minas, Elena Domínguez Cañas, Eloy Alvarez-Pelegry, escuela de energía y minas, Jesús Atienza, José Luis Parra y Alfaro, Koerting, Maite González Aguado, Mercedes Alvarez Sierra, Rafael Fernández Rubio, Sonetos desde el Hospital

Desgobernados

17 noviembre, 2019 By amarias Deja un comentario

Aunque no tenga el empaque y aptitud para la representación pictórica que alcanzó el abrazo de Vergara, el que se prodigaron Pedro Sánchez y Pablo Iglesias jr. tiene visos también de convertirse en un apretón histórico.

Se anunciaba con él el final de las hostilidades en el espectro de la izquierda española, al menos entre los dos equipos que conforman la mayor parte del rompecabezas en que se ha convertido el gallinero de la progresía pseudocomunista, en su pugna interna por hacerse con el pendón que lo confronta con los pseudoliberales neocapitalistas.

No me parece que la formación de gobierno sea cosa fácil para Pedro y Pablo y, si lo consiguen (con los apoyos de los acomodaticios regionalistas de derechas cántabros y vascos) y la abstención de los separatistas catalanes, más el voto con ojos cerrados y la bolsa presta de otros partídulos, el mantenimiento del gobierno con mínimas condiciones de estabilidad, será cosa prácticamente imposible.

Este largo proceso electoral habrá tenido consecuencias muy dolorosas y costosas, en todo caso, para nuestra economía y la serenidad y solidaridad (más o menos ajustadas) que nos habían acompañado desde 1978 hasta 2019.

Se ha roto la izquierda, tanto por la parte populista como por la histórica facción comunista; el partido socialista, al abrigo de la capacidad camaleónica de Pedro Sánchez y sus inmediatos colaboradores, se han despojado de casi todos los restos del pacto de Suresnes; Alberto Garzón ha destrozado el PC; Iñigo Errejón se separó de la pareja Unidas Podemos (Iglesias-Montero) para «dignificar la izquierda» y se encontró con la pared de enfrente.

Se ha roto la derecha, aunque se nos quiera convencer que el PP está nuevamente fuerte. Pero Pablo Casado no tiene el empaque intelectual de Fraga ni el atractivo chulanesco de Aznar, o la socarronería simpaticona de Rajoy; le ha salido un grano por el flanco más débil que se ha convertido en alternativa para los amantes de la gresca política y, además, Abascal ha reunido un trío de disidentes del Partido troncal que tienen labia y capacidad de convicción entre los votantes descontentos de toda condición; el caso de Albert Rivera es de los que mueven a la lástima, pero el resultado está ahí, siguiendo el manual del desquiciado: Cómo dilapidar en pocos meses un inmenso caudal de credibilidad, apareciendo con el paso cambiado en cada aparición pública televisiva.

Sigo sin ver claro el futuro, y no descarto unas nuevas elecciones. Pero el abrazo de Moncloa, con dos personajes en salto mortal al vacío, apoyándose cada uno en el hombro del otro, pasará a la historia como una voluntad de quererse políticamente entre dos personalidades incompatibles, con el deseo de obtener, por fecundación artificial, un gobierno que, al menos, dure mientras se firmhttps://angelmanuelarias.com/libro-sonetos/a el reparto de los gorros de plumas, digo, los ministerios.


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Una tarde en la Cervantes

16 noviembre, 2019 By amarias Deja un comentario

El día 14 de noviembre de 2019, con ambiente invernal en Oviedo, mi ciudad natal, presenté en la librería Cervantes mi libro Sonetos desde el Hospital.

Por la mañana, mi compañero de profesión de ingeniero, Luis Toyos, amigo de esos que se asoman desde las profundidades de la edad y se enraízan con más fuerza con el paso del tiempo, me preparó una entrevista en Radio Asturias (hoy adscrita a la cadena SER), que dirigió con empatía el gran periodista radiofónico José Luis Echever. En el curso de esa entrevista, en la que tuve ocasión de leer dos de los sonetos, animaba a los radioyentes a acudir al acto en la Cervantes y al que tendrá lugar el próximo lunes, en el Club de Prensa Asturiano.

No quiero referirme aquí ni a mi libro ni a mis circunstancias vitales, que han sido prolijamente contadas en este blog. Quiero dejar testimonio especial de mi agradecimiento a Miguel Alarcos, quien presentó el poemario, hizo un análisis tan serio como emotivo de mi poesía y, por si no fuera bastante, generó una atmósfera musical específica con una grabación de su propia creación al piano, «pretendiendo trasladar (…) la tonalidad y mensaje de los poemas «ange-rienses», (…) con la dificultad añadida de que los poemas seleccionados» (por el autor) «son los más crudos y aciagos de todo el conjunto, y más encarnizados en la lucha contra el cáncer, los que permiten luego el desarrollo de la esperanza vivida como mensaje nuclear y definitivo de todo el libro».

No conocía personalmente a Miguel Alarcos. Ni siquiera había pensado en él para presentar mi libro que, desde la visión borrosa que adquirimos los emigrados temprana y definitivamente de las cosas de Asturias, relacionándolas empecinadamente con nuestra juventud, seguimos vinculándola con las personas que conocimos entonces y con las que creemos mantener los mismos lazos.

Había pedido, por mediación de mi hermana Ana, que Josefina Martínez, viuda de Emilio Alarcos, quienes habían sido ambos profesores míos en mi frustrada inmersión en la carrera de Filosofía y Letras, me hiciera la presentación. Cuando recibí de Josefina la indicación, amistosa pero firme, de que ella no lo haría, pero que su hijo Miguel podría hacerlo y de buen grado, alumbré los lógicos recelos.

Qué error, qué inmenso error. En los dos meses previos al acto en la Cervantes, Miguel Alarcos me demostró no ya que podría hacer de mi Poemario y de mi manera de entender la poesía y la vida, la mejor de las presentaciones imaginadas por mí, sino que era un serio analista del ars poética y, en el plano de su propia creación personal, además de notable poeta. un músico (creador e intérprete) original y excelente.

La presentación de mis poemas en la Cervantes fue un éxito. Agradezco el préstamo del marco (recoleto y chic) a Conchita Quirós y a su equipo. Estoy de corazón entregado al afecto y aprecio de los miembros de familia, amigos y algún desconocido para mi, que asistieron y fueron cómplices de ese momento.

Pero lo relevante del acto lo puso, para mí al menos, Miguel. Los nombres de Miguel Alarcos Martínez y de Angel Manuel Arias estuvieron unidos ese día y estoy seguro que esa relación de amistad se mantendrá ya para siempre, a pesar de la diferencia de edad y las distintas trayectorias curriculares y personales, con la fuerza intensa que proporciona la complicidad en la valoración de la poesía y la música, dos de las ciencias místicas, junto con la filosofía, el teatro y la pintura que nos acercan a la metafísica de la existencia.

Guardo como oro en paño lo que Miguel Alarcos escribió y leyó en la Cervantes sobre mi poesía: «Un estilo transparente, claro, preciso, exacto, elocuente, desnudo en apariencia de figuras retóricas, y especialmente denso en el significado (…)». ¡Cómo no me iba a emocionar un análisis tan potente de mi «ars celare artem»!

Cuando. finalizado el acto, en un aparte, agradecía la asistencia al mismo de Josefina Martínez, y le dedicaba uno de mis libros -que acababa de adquirir-, no pude menos que decirle: «Miguel me dijo que iba a tratar de hacer un análisis de mi poesía como lo hubiera hecho su padre». No sé, obviamente, lo que podría haber escrito Emilio Alarcos sobre mí. Pero lo que escribió y musicó Miguel Alarcos es tan personal e intenso como solo lo puede hacer un artista, un poeta, un serio filólogo, un amigo.

…

Sigo incluyendo en los Comentarios el enlace para comprar el libro. No quedan muchos ejemplares, pero quiero alcanzar los mil vendidos antes de final de año. ¡Y si lo compráis por medio de este enlace, lo recibiréis en casa y, si lo deseáis así, con mi dedicatoria!

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Convivir con el cáncer: Instrucciones de uso

13 noviembre, 2019 By amarias Deja un comentario

https://angelmanuelarias.com/libro-sonetos

Hoy por la tarde, a partir de las 19h30min, en la sede del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste de Oviedo, daré una charla sobre el cáncer desde la perspectiva del paciente.

El salón de actos del Colegio (en Asturias, 2) tiene cabida para 80 personas, por lo que confío en que se llene. Esta actividad se enmarca dentro de las acciones que estoy realizando para agotar la edición de mi libro Sonetos desde el Hospital, cuyos beneficios (preveo 5.000 euros) destinaré íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), según el acuerdo de donación con este organismo.

El libro se vende a 10 euros en la Librería Cervantes (Oviedo), en la Librería Berceo (Madrid) y se puede comprar aquí (más gastos de envío).

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De verdad, ¿no podéis permitíroslo?

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Perdidos entre ganadores

11 noviembre, 2019 By amarias Deja un comentario

Después de las elecciones del 10-N. estamos más perdidos que antes en este desnortado país, en el que campan, buscando su triunfo, el empecinamiento, la improvisación, el disparate, uniendo sus manos al egoísmo y la bravuconería.

Algo nos está volviendo a pasar en España, que nos impide entender las razones del otro para tratarlo de inmediato como enemigo cuando discrepan con las nuestras. Y esa ceguera para ver los colores del argumento del otro, se traduce también en la incapacidad para reconocer que no basta sentirse feliz en el olimpo de las ideas, sino que es preciso realizarlas en el terreno siempre enfangado de las realizaciones.

Por eso, cuando los líderes de los principales partidos valoraron los resultado del último escrutinio, y todos se esforzaban en decir que habían ganado, no ya a sus adeptos y correligionarios, sino a una ciudadanía cansada y desorientada, me pregunté, una vez más,  qué está sucediendo en el seno de los partidos políticos. De verdad, ¿solo están interesados en que les garanticemos un puesto de trabajo por cuatro años para solucionar, no los problemas de la inmensa mayoría, sino sus miserias particulares?

Voy a dejar aparte de este Comentario al suicida ideológico Alberto Rivera, hoy ya dimisionario de la gestión de su invento llamado Ciudadanos y en el que se habían depositado, como hijo muy amado de la centralidad, tantas esperanzas. La máquina que le vendieron en una feria de vanidades con la promesa de quitarle votos al PP carecía de motor y el carenado y la pintura se desvanecieron a los primeros viajes.

Ciudadanos perdió, pero ¿ganó Pedro Sánchez? Si comparamos lo que pretendía (mejorar su mayoría insuficiente para gobernar en solitario) con lo que consiguió (perder votos y escaños), perdió. Los descomunales aplausos de Begoña, su inseparable pareja, sonaban a destiempo, como un despropósito, desde la ventana de Ferraz en donde el frustrado presidente de Gobierno explicaba el supuesto éxito obtenido con los resultados.

¿Ganó Pablo Casado? Tampoco. El argumento de campaña, en el que se presentó como líder de un bloque resquebrajado de una derecha de circunstancias, era que estas elecciones servirían para recuperar el timón de mando del Gobierno del país. Sí mejoró resultados desde el cercano abril, pero la alternativa se quedó a varios votos y diputados de las puertas del objetivo.

¿Ganó Pablo Iglesias? Bastaba echar una mirada sobre los rostros de circunstancias y circunspección de los candidatos a mejorar sus opciones de entrar en un gobierno con el PSOE, como garantía de esa izquierda que quiere echar del país a Amancio Ortega y a Florentino Fernández (por ejemplo) y conseguir aumentar aún más los gastos bancarios de la clase media, obligando a las entidades financieras a devolver los dineros de un rescate que salvó al país de la quiebra, para entender que no era así. La deserción de Errejón y la escapada de los verdes que se apretaban en torno a López de Uralde, fue el preludio de una descomposición del proyecto que tanto dio que hablar hace apenas un par de años.

¿Ganó Abascal? Entiendo que en Vox sí tienen motivos para estar contentos, aunque no estoy tan seguro de que esa satisfacción sea contagiosa para quienes no los votamos. No entiendo el programa de esa facción de la derecha dura, que saca a relucir los méritos del pelo en pecho y de mantilla española calada hasta las cejas. Más que días de tranquilidad, mientras el viento dure, percibo incremento de opciones de borrasca.

Cuando ayer escuchaba, en seguimiento por la televisión pública, los comentarios sobre los resultados de las elecciones del 10-N, de entre el barullo de gritos y opiniones más voluntaristas que serias sobre combinaciones, escuché a Pedro Jota Ramírez hablar juiciosamente de la opción de la Gran Coalición (PSOE-PP) como salida a la situación de bloqueo y fórmula de acallar, desde una tarea conjunta que agrupe a las mayorías del país, las voces de inoperancia y tensión sin fundamento, me preguntaba: ¿Por qué no se trabaja en lo mejor para recuperar la calma, en lugar de empeñarse en lo que nos complica la existencia?

No estoy expresando con ello que sea lo que me hubiera gustado, estoy poniendo de manifiesto lo que es necesario.


No me cansaré de recomendar que compréis el libro Sonetos desde el Hospital. Cuesta solo diez euros (cinco son subvención para la Asociación Española Contra el Cáncer). Y lo podéis recibir en vuestra casa (añadidos los gastos de envío)

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Publicado en: Actualidad, Poesía

Votar a ciegas

8 noviembre, 2019 By amarias Deja un comentario

El 10 de noviembre de 2019 los españoles tenemos que votar nuevamente, para elegir la composición de representantes en el Congreso y en el Senado. No nos han ayudado a la definición de nuestro voto las ideas y posicionamientos expresados por los cabezas de lista de los partidos.

La sensación general, que confirman las encuestas publicadas (aunque no resulten éstas precisamente coincidentes, poniendo en evidencia el sesgo ideológico de los media que los difunden), es que, no solo ningún partido alcanzará la mayoría suficiente para gobernar en solitario, sino que no será posible formar gobierno estable, porque las posibles coaliciones de partidos con supuestas simpatías de fondo, no alcanzan a generar una mayoría suficiente.

Esta situación de aparente bloqueo, y que obligaría a convocar nuevas elecciones (llevamos una por año de media en este sufrido país), reproduciendo un día de la marmota sin visos de culminación, surge como consecuencia de la confluencia de varias «líneas rojas» absolutamente injustificables, en los planteamientos programáticos de los cinco partidos principales que concurren a las urnas.

  1. Se ha construido la fantasía de dos bloques antagónicos: el de la derecha, conformado por el PP, Ciudadanos y Vox; y el de izquierda, al que se adscriben PSOE y Unidas-Podemos. Estos partidos, sin embargo, no forman entre sí coaliciones naturales, pues en los debates públicos y en los muchos mítines en donde se han expresado las ideas principales en liza, se ha puesto de manifiesto que no comparten sustanciales aspectos de gobierno y que las tensiones personales son altas. Si se trata de un recurso mediático, resultaría que juegan con nuestra atención emocional, y que mienten en sus enfrentamientos para entretenernos o prerender confundirnos.

    Por la derecha, hay discrepancias en la configuración del mapa autonómico, el aumento de la centralidad, la política migratoria, el incremento de los recursos del Estado o la actuación para paliar la despoblación de ambas áreas del país. Desde luego, poco se ha hablado del impulso a la investigación y a la creación de empresas, al sostenimiento de la economía de bienestar sin subir impuestos o a la reforma de la Ley Universitaria, por dar solo algunas pinceladas sobre las carencias.Además, la consistencia ideológica del grupo de Vox, combinando retazos de la nostalgia de los tiempos franquistas, revisión de líneas básicas de la Constitución y de los Estatutos autonómicos, impregnados de xenofobia y argumentos de trasnochado catolicismo carpetovetónico, empaña de tremendas dudas el tipo de acuerdo que pudiera aglutinar a esta formación con los otros dos partidos de signo conservador. Para quienes, en su momento, valorando sobre todo el programa económico de Luis Garicano, habíamos creído en las ventajas de una coalición PSOE-Ciudadanos, la deriva de Albert Rivera, condenándose al suicidio político y malversando el caudal político que poseía la formación naranja, no dejará de sorprendernos.

    En la zona de las esencias de la izquierda, terriblemente adulteradas por abandono ideológico y oportunismo político, figuran dos formaciones que aparecen como irreconciliables, como, por otra parte, siempre lo han sido socialistas y comunistas. Ahora, además, los comunistas se han unido al populismo menos fiable, por lo que se puede vaticinar que surgirán tremendos choques ideológicos si, necesitado de ayudas para conseguir la mayoría, el grupo de Pedro Sánchez pretende el apoyo de la pareja Iglesias-Montero, arrastrando éstos últimos de sus pelos al difuminado Garzón hacia  una frágil coalición de circunstancias. Nada cuento para el caso, en que,  como parece previsible, se precisara para terminar la extraña amalgama de cohesión imposible a los partidos nacionalistas de las dos regiones constitucionalmente preferidas, aumentando el panorama variopinto de intereses del capital  en España. El cóctel destructivo parece garantizado y unas nuevas elecciones, en puertas.

  2.  La única opción viable, dando por presupuesto que debe contar con estabilidad suficiente y sin saltarse la necesidad de un respeto constitucional básico (a la Monarquía, a la democracia establecida, a la atención social y al respeto al orden y a la ley), manteniendo o recuperando la credibilidad internacional y con la posibilidad de contar con claro apoyo de los grandes grupos empresariales y, de paso,  gozar de suficiente calma social,  sigue siendo el apoyo de Ciudadanos a un PSOE que obtuviera suficientes votos. Si el PSOE obtiene una mayoría insuficiente, que no le permita gobernar en coalición con Unidas-Podemos (combinación ideológicamente inestable, como tengo escrito, y terrible para nuestra economía), la mirada tendría que dirigirse hacia la abstención del PP y el apoyo de Ciudadanos. Desde esta perspectiva, el voto útil para mí sería votar a Ciudadanos, aún cerrando los ojos a la pésima campaña y a los riesgos de que ese voto engorde la opción PP-Ciudadanos-Vox, igualmente inestable y peligrosa en extremo para la tranquilidad social que debería pretenderse.
  3. Me temo, sin embargo, que la abstención el día 10 de noviembre será muy alta, y que los votantes potenciales más desengañados (y que no acudirán, por tanto, a la llamada a las urnas, serán, precisamente, los que podrían optar por Ciudadanos y el PSOE.

    A esto hemos llegado. Acudamos a votar, aunque debamos cerrar los ojos y tapar las narices ante el oscuro panorama.
    —

Tengo que insistir, y lo haré hasta agotar existencias (tengo editados 1.000 ejemplares, de los que, por el momento, llevo vendidos unos 300 ejemplares), para que mis lectores se animen a comprar el libro Sonetos del Hospital, que espero sepan apreciar no solo como aceptable literatura, sino, también porque estarán apoyando con 5 euros por cada compra a la Asociación Española contra el Cáncer.

Aquí tienen el enlace, amigos.

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La voraz avispa asiática (vespa velutina) es una invasora que mata y devora incluso a las abejas domésticas (vespa melífera), convirtiendo las entradas de sus colmenas en un campo de batalla con final predecible. Estos gigantes de entre los véspidos, de tamaño tres veces superior al de las industriosas abejas, ávido por su miel, no concede tregua ni compasión y acaba matando a todas las que se oponen a su intromisión, por lo que están desapareciendo las melíferas allí donde se van implantando.

Dicen que el avispón autóctono (vespa cabro), de aproximadamente el tamaño de la velutina, es la esperanza para vencer esta calamidad biológica que azota a abejas y colmeneros. Me permito dudarlo. He presenciado algunas luchas entre los dos pesos pesados y la alóctona sale vendedora, dejando un cadáver o un cuerpo muy maltrecho por testigo del lance, salvo en los casos en que el confiado avispón levantó el vuelo a tiempo.

Tengo para mí que la única forma de combatir eficientemente a esta especie que nos va tomando el terreno de las que nos son beneficiosas, ya que no valen medias tintas ni se puede parlamentar con las velutinas, es destruirlas en sus nidos, capturando vivas a sus congéneres y haciéndolas portadoras de veneno hasta sus nidos, que contagie del mismo a todas las que habitan con ellas, matándolas.

 

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Presentación del Libro Sonetos desde el Hospital en Oviedo

6 noviembre, 2019 By amarias Deja un comentario

La próxima semana haré la presentación de mi libro Sonetos desde el Hospital en Oviedo. El libro se vende a 10 euros, y todos los beneficios de la venta (calculo que serán 5.000 euros) se destinarán a la Asociación Española de Lucha Contra el Cáncer (AECC).

Los actos que están programados en Oviedo (seguirán otros en distintas ciudades de España) son tres:

  1. El día 13 de noviembre, miércoles, en el salón de Actos del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste (c/ Asturias 11), a las siete y media de la tarde, impartiré la Conferencia «El cáncer, instrucciones de uso (Consejos sobre cómo tratar con el cáncer)». Me presentará Margarita Collado, Vicepresidenta para Asturias de la AECC.
  2. El día 14 de noviembre, jueves, en la librería Cervantes (c/ Doctor Casal), a las siete de la tarde, presentará el libro Miguel Alarcos (profesor en la Universidad de Filología ovetense), quien, además, ha compuesto ex profeso una Suite que servirá de fondo a la lectura de doce poemas. En el acto, comentaré varias curiosidades de la gestación del libro y de mi vinculación con la poesía, impulso vital que me acompaña fiel.
    Por gentileza de la librería (con mi agradecimiento a Conchita Quirós y Teresa Tejedor),  en atención a que se trata de una obra cuya venta tiene un destino benéfico -aunque espero se valore su condición literaria-, el libro se vende a 10 euros en este emblemático lugar de la historia lectora, y literaria, de la capital asturiana.
  3. El día 18 de noviembre, lunes, en el Club de Prensa Asturiana (c/ Calvo Sotelo, 7), a las ocho, se hará una lectura de doce sonetos del libro por un elenco especial de amigos de este muy honrado poeta.
    Por orden alfabético: Alvarez de Toledo, María Luisa (bibliotecónoma); Fernández García, Conchita (miembro de varias Polifónicas); García Oviedo, Víctor (arquitecto urbanista) ; Prendes de la Buelga, Joaquín (Fundador de la Caravana del verso); Rodríguez, Carlos (periodista radiofónico); Rodríguez Ovejero, Juan Carlos (presidente de la Fundación Amigos de la Opera de Oviedo). (He puesto entre paréntesis una seña que sirva de identificación, además del nombre, elegida entre las variadas profesiones, ocupaciones, aficiones y afectos de estos lectores de excepción de mis versos).
    Presentarán el acto (salvo compromisos ineludibles): La Presidenta del Club de Prensa, María José Iglesias, y la Presidenta de la AECC en Asturias, Margarita Fuentes. Mi buena amiga Margarita Collado estará, como siempre, dispuesta, y se que lo hará con gran afecto y competencia, para presentarme en ausencia de la Presidenta de la Asociación oncológica. Yo haré comentarios sobre el libro, sus circunstancias y algo de lo mucho que me une a los amigos que se han prestado para poner su voz a mis versos

Por favor, amigos ovetenses (y asturianos con posibilidad de desplazaros a Oviedo cualquiera de esos días): Haced difusión de estos actos y acercáos a alguno de ellos.

Y sobre todo, comprad el libro. Se puede hacer por internet en este enlace, totalmente seguro y os remitiré el libro al día siguiente. Son trece euros (incluidos gastos de envío -3 euros- y los 5 euros que serán entregados a la Asociación Española contra el Cáncer. Ayudadme a cumplir el objetivo de entregar 5.000 euros a esta Asociación y, ojalá, disfrutéis con mis sonetos.

Que las redes ayuden a difundir este mensaje. ¡Gracias!:

Compra el libro “Sonetos desde el hospital”

 

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Más madera

28 octubre, 2019 By amarias Deja un comentario

Los violentos han aumentado. Se siente, la violencia está presente.

Podríamos admitir, por la cuenta que nos tiene, que lo que ha cambiado es solo la apariencia más arisca de una característica propia de la naturaleza humana, que hubiera tomado carrerilla, favorecida por circunstancias e impulsada en nuevas razones.

No resulta sencillo, esto es, comprensible para el observador o el analista, reconoce qué es lo que provoca esta eclosión de descontentos llevados al precipicio de la violencia Incluso aunque fuéramos capaces de descifrar y poner orden en la mezcolanza de argumentos con entidad suficiente para movilizar los ánimos de aquellos colectivos afectados por injusticias, reales o presuntas, deberíamos preguntarnos por los propósitos de aquellos acompañantes (side riders) que no teniendo relación directa -¡ni indirecta¿-con el mensaje, añaden por su cuenta, tensión disruptiva y violencia.

Vale, sí. No estamos dirigiendo el contrato social hacia los valores de calma, solidaridad, colaboración o igualdad. Y si entre los que me leen, hay quienes me juzgan pesimista por expresar esta idea, me defiendo alegando que no invento nada; solo atiendo a los síntomas.

Los principios que rigen la violencia son comunes. Los estallidos del ánimo existen desde la niñez, pero son cortos, pasajeros y se juzgan como anómalos. A nivel colectivo, ya no es tan cómodo definir la violencia, cuando estalla, como la excepción. Porque si la paz social es lo apetecible y saludable, no es evidente que sea «lo normal».Algo de la condición bastarda individual se cuela con fuerza, en momentos históricos, en los recovecos en donde se apoyan los postulados de solidaridad, bien común y ética social (¡tan plausibles!) y conduce, periódicamente, al caos, a la falta de entendimiento entre humanos, al estallido de las revoluciones.

Parece, pues, que, como una constante, dos fuerzas opuestas compiten en el magma del orden social. Son los dos principios que se contraponen sin que haya un vencedor claro: la libertad e independencia frente al determinismo y fatalidad del comportamiento humano. En cada uno de nosotros, la batalla se libra, incluso cada día. Cuando el terreno de la pendencia es lo colectivo, hay que ser muy fuerte en el control para que la libertad individual no sucumba ante la manifestación de una postura colectiva.

Admitido que el punto violento está dentro de nosotros y que una vez que ha entrado en ebullición, sus efectos son extremadamente contagiosos, y exigen un gran autodominio para ponerlos a raya, nos veríamos forzados a reconocer una vía genérica que explique comportamientos no basados en razones, sino en imitaciones, cuando los humanos se entregan a lo grupal.

Es preocupante, en este sentido, que cada vez haya más violentos manifiestos y que no sepamos por qué lo son y, por tanto, no sepamos -desde el orden social- cómo sofocar su fuego de descontento.

Afloran, al principio con apariencia inocente, desde los niveles más bajos de violencia, poniendo en solfa y ridículo a cuantos lucen, en estado de reposo, un  semblante más beatífico que el de  las imágenes de santos de peana en las iglesias. Y contagian. Convierten, como mutantes, a ciudadanos que estando a priori dispuestos a participar en «pacíficas manifestaciones callejeras», contagiándolos, en violentos. Y se éstos permanecen fieles a su intención de comportamiento pacífico, los hacen ignorantes o disimuladores (a sabiendas) lo que se mueve detrás de sus pancartas con lemas inocentes.

Vale lo escrito para el caso de quienes se manifiestan ahora en tierras catalanas detrás de mensajes como  «Diálogo». «Llibertat»,  «Unidad» o el imperativo «Spain, sit and talk»- No se identifican, para salvar su intención con los exaltados, inmersos en la delincuencia punible, que protagonizan excesos muy violentos en las retaguardias.

Conviene no perder de vista los argumentos de esos pacíficos que no alcanzan a ver, más bien no quieren ver, debido a las anteojeras que solo les piden dar visibilidad a sus argumentos ante cualquier autoridad que pueda resolverlos, que en la trasera y aledaños a sus marchas con apariencia de guante blanco y bonhomía se mueven decenas de encapuchados o enmascarados que, -¡por el gusto de armar bulla¡-, se lían a ostias y porrazos con las fuerzas del orden. Tienen sus propias consignas, trazadas de antemano desde los cuarteles del catastrofismo, muy distintas a los lemas «oficiales» y al propósito  expresado por la mayoría sumisa, en un pulso contra el Estado.

La cuestión debería tener grados, aunque ya no los tiene. A nivel individual como colectivo, la progresión en las escalas de violencia debería ser gradual. Así se espera, por lo menos. Si se llega hasta cierto punto de rotura, el break limit point debería servir de contención lejana, porque, en estado cabal,  no se desea ir tan lejos- En el individuo en estado «normal», cuando se percibe ese límite se detiene la manifestación de violencia o disgusto: nadie quiere aparecer como homicida ni culpable de lesiones a otros,  … ni siquiera se estaría cómodo siendo detectado como destructor de mobiliario urbano, incendiario de bienes ajenos.

Tampoco debería ser de recibo querer pasar por cómplice de los infractores. Ese límite también existe.

Resulta, sin embargo, que nuestra valoración del pacifismo sufre conmociones en momentos especiales. La desazón por el incumplimiento de las normas propias o ajenas y los comportamientos del otro que rompen la esencia de lo que estimamos correcto, no se limita a exteriorizar nuestro disgusto moviendo la cabeza, quejándonos con la pareja o con los amigos. No podemos ignorar al que se comporta de forma irregular y a desaparecer del lugar o de la proximidad de quien produjo el hecho malicioso. No vale aquello de «caló el sombrero, fuése y no hubo nada», hay que actuar, porque hay que atajar la violencia en su estado primigenio.

Para que no crezca y nos arrolle. Como el escenario donde nos movemos los humanos se ha vuelto bastante global (pero ni un ápice más solidario que antes), expresar violencia con métodos destructivos tiene el premio de la difusión. No debería ser el objetivo principal, pero se ha convertido en un objetivo muy apetecible. Los violentos y sus acompañantes (o al revés), pueden saber casi al instante de los cientos de lugares donde la violencia ha conseguido desatar sus amarras, arrollando a los pacíficos.

Todos podríamos saber que las manifestaciones de extrema calentura ajena se desatan siempre con un motivo concreto, creíble, cumpliendo al signo de que el movimiento de la voluntad exige una razón asumible y cercana, comprensible: ya sea la subida de los billetes de metro, la sospecha de un amaño en el cómputo de votos que hurta una segunda vuelta al otro candidato, la insondable sensación basada en infundadas mentiras de que el resto de España nos roba, el cierre repentino de una fábrica o de la actividad de un sector de los que fueron estratégicos (¿para qué o quién?) que deja sin trabajo a decenas, cientos o miles de trabajadores, el hartazgo de una política empañada en corrupción y arribismos, …

Pero…¿de veras es necesario llegar a la violencia exterior, grupal, para conseguir algo que la razón juzga como aceptable y el resultado final revela como posible?

Si se quisiera protestar de veras, con intensidad argumental que conmueva los cimientos de nuestra sociedad,  haría falta apelar a motivos muy hondos: la desigualdad entre los seres humanos crece, el futuro extremadamente complicado, la escalada climática que no dará tregua ni permite vislumbrar paz para nuestros hijos y nietos, la concentración de fabricación de cacharros tecnológicos en pocas manos y lejanas, la proliferación de autómatas… toda esa amalgama de novedades sin resolver genera un panorama previsible de desempleo y hambruna, la insolidaridad, la escasez hídrica, el hambre, la codicia, … yapuntan, en fin,  a que una confrontación entre bloques de quién sabe ya qué pelaje y que nadie se atreve a pronosticar sus consecuencias.

Pero esas razones, para las que no tendríamos respuesta (ni parecen preocupar a los que nos dirigen sin rumbo), no cuentan como factor de movilización. Estamos ocupados en contemplar cómo se manifiestan a cada paso grupos concretos con intereses minoritarios, particulares, reforzados por violentos mercenarios, que queman bienes públicos y privados y ponen a prueba la preparación (física y sicológica) de las fuerzas del orden.

Nos estamos contentando con la contemplación del disgusto por los que reclaman que se les corrija lo inmediato, haciendo la trampa de que su visión local es la que interesa a todos.

Tendríamos que mirar más alto. Lo que en realidad une a chilenos, argentinos, bolivianos, hongkoneses, uigures, tunecinos, catalanes, andaluces, asturianos, no es más sencillo, pero tiene un denominador común que lo hace asimilable y comprensible, aunque, desde la cortedad de visión se pueda sentir como algo que no nos contagia.

Porque aunque se trate de estallidos sociales que podemos estimar como locales, peculiares, concretos, surgidos ante una situación que un grupo particular percibe como injusta, y que moviliza a sectores afectados -más o menos numerosos-, para manifestarse en un momento y que es oportunamente canalizada por elementos con capacidad de organización para que el malestar alcance una dimensión externa, no son locales. Son manifestaciones generales de lo que nos está pasando. De lo que nos va a pasar.

Ni siquiera es anormal que los que se dicen pacíficos juzguen con  simpatía que esas manifestaciones se lleven a cabo cuanto más violentas y aparatosas, mejor, porque les dará visibilidad a sus argumentos y captará atención mundial a su protesta. Se equivocan al imaginar que, después de todo, apagada la revuelta, todo se resolverá sin más deterioros que unos cuantos policías y manifestantes heridos, tal vez algunos muertos, unos desperfectos físicos cuantificables y que, a la postre, será la vuelta al aquí paz y después gloria.

Preocupada nuestra sociedad por las violencias individuales, descuida juzgar y atajar las colectivas, y confunde las colectivas con manifestaciones de grupos concretos, aislados, suponiendo para su tranquilidad que no se verá afectado el núcleo de la convivencia.

Pero se afecta. Cada vez  más. Las violencias colectivas son de otro percal y precisan de otro tratamiento al de las violencias individuales. No se puede confundir las violencias que, en su estado exacerbado, pueden provocar hasta el asesinato del ser que antes fue objeto de deseo, o convivió como vecino sin tacha, o resultó demasiado resistente ante un robo armado. Esos casos aislados se resuelven con el Código penal, y son, en suma, solo la cúspide de las violencias poco visibles de las alcobas, las disputas circunstanciales de bar, las rencillas soterradas de familia, los tejemanejes de los cuarteles de la droga y el vicio, donde solo entra sin permiso el diablo Cojuelo.

Están proliferando otras violencias grupales que no se corrigen con el código penal, porque no se puede meter a toda una población en la cárcel que, además, esgrime en su defensa que es pacífica y no tiene nada que ver con los violentos, aunque les haya dado visibilidad.

El método de actuación no es sencillo. Se debe separar, ante todo, identificándolos correctamente, a todos los violentos que se han incorporado a la manifestación del descontento pacífico, para no caer en demasías.

Y comoestán creciendo tanto, debemos preocuparnos sin tardanza en detectar por quçe el número de violentos que se manifiestan ha aumentado, en nuestras calles y en las de otros, y que ahora van coordinados, vuelan juntos, y no tienen más objetivos que romper el sistema. Empiezan a ser demasiados para mantenerlos a raya.

Si son la avanzadilla destructora que se coloca en la «cabeza mediática» de la máxima visibilidad de los que tienen el argumento que los llevó a la calle, aún podríamos pensar que todo puede volver a estar en orden algún día. Tranquilizaría imaginar que esos encapuchados, armados de barras de hierro, tirachinas de plomo, adoquines y hasta armas, no son parte del argumento, y que no lo necesitan para destruir. Su disposición a priori vale para cualquier algarada, porque gustarían de la violencia como fin en sí mismo: se añaden al jaleo para conseguir la subida de adrenalina, como si fueran al gimnasio, enfrentándose a la policía y a los que defienden el sistema, en un ejercicio premeditado y emocionante.

Si a esos violentos mercenarios, incluidos los violentos que arman algaradas de colegio, no les une ninguna ideología, si no les interesa el propósito ni la voluntad de expresar lo que les incomoda o hiere a los pacíficos a los que acompañan, podemos estar a salvo. No son peligrosos a largo plazo, son aves de paso.

Dediquemos el esfuerzo a saber qué es lo que desean los pacíficos de la manifestación, qué cosas desean que se cambien, hagamos bueno el diálogo acercando posiciones desde el Estado que puedan convenir a todos.

Borremos del imaginario el objetivo a los violentos sin causa, cuyo objetivo se cumple cuando al día siguiente, en los media, aparecen sus fotos con rostros enmascarados y las muestras de los destrozos que han causado. Tranquilicémonos pensando que esa parte destacable, destructora y letal, no tiene que ver con los propósitos de aquellos que solo quieren que se les haga algún caso, que nos sentemos a negociar, que las autoridades hagan lo posible por solucionarles lo suyo.

¿Y si no fuera así? ¡Ay! No deberíamos, los que alardeamos de ser pacíficos, ver con indiferencia el crecimiento del número de los violentos. Es el termómetro de los riesgos de nuestro estado de bienestar social. Si los que tenían argumentos que se podían resolver desde el diálogo y la discrepancia «civilizada» han decidido que ya no merece la pena discutir, sino solo liarse a porrazos unos contra otros, si aplauden la visibilidad que les dan los violentos, la sociedad habría entrado en disposición para la guerra.

Ahí está el peligro. Cuando se inicia una guerra, porque ya no valen las palabras, solo sirven las armas, al menos, hasta que las dos facciones hayan medido sus fuerzas en la cruenta batalla.


Un bando de espátulas (platalea leucorodia) surca los cielos, hacia sus lugares de invernada en quién sabe qué lugar de la región mediterránea. Distinguible sin  confusión, incluso a distancia en estas formaciones migratorias, por su ancho pico en forma de cuchara, con las patas estiradas y largo cuello. A la luz del día aparece como de blanco plumaje (en su vestido invernal), que se embellece con una mancha naranja en el pecho y un moño conspicuo en la etapa reproductora, cuando llegue la primavera.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Chile, Hongkong, manifestaciones, violencia, violentos

Vergüenzas: cabras, crisis y desconciertos (y 2)

20 octubre, 2019 By amarias Deja un comentario

Quisiera creer que todo este jaleo, el maldito quilombo que nos cerca la tranquilidad como una boa, y nos atufa con su hedor, es/fuera una pesadilla. Pero no lo es, quiá. La realidad nos muestra su cara más fea, sus tentáculos de hidra, su cabeza de medusa vociferante y zafia y parece estar dispuesta a permanecer entre nosotros sin cambiar de pelaje durante un largo tiempo. Porque no sabemos cómo librarnos de ella, quitarle la piel de algas inmundas, sacarla de sus casillas para lanzarla al foso del olvido.

Han confluido múltiples factores negativos y su reunión ha conformado en nuestra vida de ciudadanos medios, anónimos y contentos con vagar del molino a la noria y de la noria al molino lo que se ha dado en llamar una tormenta perfecta. Solo que esta no nos ha traído el agua, ni se prodiga en tormentas, ni se desparrama en inundaciones y torrenteras que causan derrumbes, cosechas perdidas y hasta muertos.

Esta no estaba anunciada y, por tanto, si hubiéramos podido estarlo, no estábamos preparados para protegernos de sus efectos.

Como base de todo, sucedía que nos encontrábamos en un prolongado período electoral, una subespecie de calma chicha inconsciente, personajes a la búsqueda de autor (Oh, Pirandello), digo, de un líder y un equipo que pareciera suficiente capaz de sacarnos de la crisis económica, social y política, que se nos agarraba a los pies de la economía y la sociedad con la pegajosidad de un barro de ciénaga o se nos escurría con la viscosidad de la lamprea.

Sin otra idea para cambiar de escenario que convocar nuevas elecciones, el gobierno en funciones de Pedro Sánchez y todos los líderes políticos en funciones que hubieran tenido algo que decir, se embarcaron en la aporía de que un repetido debate con los mismos argumentos nos cansaría a muchos votantes y revolvería el cotarro de los resultados. Dudando si esta no-medida sería suficiente para mejorar escaños, el jefe de gobierno y sus asesores pensaron que sería buen momento para cambiar de sitio la momia de Franco, desviando así la atención del personal de cualesquiera otros asuntos más importantes y, desde luego, más urgentes.

Se aplicaba el viejo principio que relata a la perfección el viejo cuento judío de meter la cabra en la casa para que, al sacarla luego, los que soportaron la presión y el tufo en la habitación exigua, se sintieron aliviados y agradecidos a quien vino a liberarlos

Pero al abrir la puerta, nos dimos cuenta de que se habían incorporado al recinto real, o se encontraban ya allí sin ganas de salir, otras muchas cabras y que eran todas más fuertes, de cocear más grave, y de mayor molestia.

La dura pelea contra de la Desunión europea contra el Brexit duro está provocando atroces fisuras en el ya deteriorado edificio donde hace décadas anidaron las cigüeñas de la colaboración a tope de quienes históricamente habían ventilado sus diferencias a porrazos. El árbitro de la paz se convirtió en instigador de infamias. Porque el imperialismo que hoy representa Trump y su equipo de águilas rapaces, ha dicho basta a sostener de rositas la amalgama de intereses europeos.

Por ello, enzarzado en una guerra comercial que se sabe perderán con el poderío creciente de China y los productores de la Asia cada vez más despierta, el lobby norteamericano a recurrido a la cabra de imponer aranceles a productos europeos con el propósito confeso de proteger a su industria aeronáutica del dumping de Airbus. Cada vez más necesitados de víctimas, el amigo USA ha encontrado en el débil moflete de los productos andaluces (olivas, jamón, queso,…) la fórmula de castigo ideal, porque si se pudiera interpretar que han confundido churras con merinas, lo que han sabido es dar en la cresta al chico del pelotón, para que tomen nota los gallitos de cabeza.

¿Qué otras cabras hay? La actitud de China rechina aún más, debiendo estar muy cegato quien no ve cómo los fuertes tentáculos del gigante asiático se aprietan, implacables, sobre la economía mundial, con base en un potencial tecnológico que se ayudó a generar desde occidente creyendo que se contentarían con ser clientes y no productores de lo que se les enseñó a hacer, incluso a hacer mejor y más barato.

Ah, pero junto a tantas y tan poderosas cabras, se ha incorporado la resurrección de una cabra muy especial, que nos toca muy de cerca, porque está metida hasta las ingles en nuestra idiosincrasia de ponerlo todo en solfa aunque nos conduzca al propio desastre. Hablo, claro, del fenómeno independentista catalán, la marea que se ha convertido, al mal parecer, en incontrolable con los mimbres y cartas que tenemos, y que, aunque se nos diga para despertar algo de consuelo que solo representa a la mitad de los habitantes de esa región, se ha revelado capaz de mantener a raya al estado de Derecho y, lo que me resulta en verdad imposible de asimilar, a las propias fuerzas del orden.

Me hago algunas preguntas sobre la naturaleza de esta última cabra: ¿Por qué se está siendo tan tolerante con los revolucionarios catalanes? ¿Es que hay temor institucional a utilizar todo el poder disuasorio del (supongo, claro) moderno y eficiente instrumental de la policía y la guardia civil, capaz de someter en pocas horas a esos grupos rebeldes (de orden de dos mil personas, se nos dice), despejando su naturaleza de «incontrolados» y «anónimos»?

Parece que hay alguna intención de que la excelente preparación de nuestras fuerzas del orden aparezca como doblegada ante unos cuantos antisistema y su caterva seguidora de mozalbetes indocumentados. No se si es culpa de la indecisión o inexperiencia de Grande-Marlaska o de la voluntad de ser condescendientes con el desorden hasta que las aguas vuelvan a su cauce por sí misma. Pero si se tiene/ha tenido el temor de que una actuación firme de los garantes del orden por ley contra los insurrectos que están causando tales daños y muestran tanta agresividad como todos hemos visto contra bienes públicos y los propios agentes, provoque un crecimiento de los desmanes, en mi opinión, se está equivocado. Los pacíficos somos, en cualquier circunstancia, la inmensa mayoría. Y los que asaltan, hieren, queman, roban, matan, son la hez y la disidencia de cualquier oportunidad de diálogo.

El presidente de la Generalitat, Torra, ha reflejado de forma suficientemente diáfana de qué lado se encuentra. El instiga la cabra del desorden ciudadano, con sus soflamas de meliflua catadura. Porque nada me hará cambiar, aunque no reconozca a Catalunya, que la inmensa población de Cataluña es pacífica, es solidaria con el resto de España y es leal a la Constitución y a las leyes.

—

La foto corresponde al interior de la puerta de uno de los servicios higiénicos de un Hospital de Madrid, decorado -no se calcular en cuánto tiempo- por ociosos que parecen desear comunicar su vacío intelectual, su cortedad expositiva.

Publicado en: Actualidad, Cataluña, China, Internacional Etiquetado como: cabra, Cataluña, China, crisis, estados unidos, mundial, productos andaluces, Trump, vergüenza

Cataluña en pie de guerra…pacífica (1)

19 octubre, 2019 By amarias Deja un comentario

Imposible no dedicar unas palabras a la grave situación que está viviendo Cataluña. Se trata, sin duda, de una movilización de esa región contra el Estado, que tiene su presunta justificación inmediata en la publicación de la Sentencia condenando a los políticos que lideraron el movimiento secesionista de la región catalana, y que apoyaron esa actuación ilegal con malversación de dineros públicos.

¿Tiene explicación la organización de una revuelta popular contra la actuación reglada -apreciar en juicio justo (y con total publicidad, presuntos hechos delictivos- de uno de los estamentos del Estado de Derecho?

No, no la tiene, ni la puede tener. España es uno de los países con mayor libertad y amplitud en el uso de facultades y derechos, y su legislación garantista ha servido de modelo (y envidia) a otros. Pero el hecho es incuestionable: desde que se conoció el fallo de la Sentencia (hago esta matización en lugar de referirme a la Sentencia en su totalidad, que califico personalmente como dotada de una formulación jurídica impecable y con sesgo marcadamente benevolente hacia los condenados), Cataluña se ha visto envuelta en una tensión social de extrema gravedad.

Reventó la caldera en donde bullía el caldo de despropósitos secesionistas que venía siendo alimentada, inconsciente o conscientemente, desde hace ya cuarenta años (inventos y falsificación de la Historia, elevación del catalán a lengua suprema, enseñanza polarizada hacia el odio contra el resto de España, confusión e ignorancia respecto a valores y solidaridad, baja calidad de liderazgos, etc.).

Solo fue necesario encender varias mechas que estaban preparadas por expertos artificieros de desorden. Para provocar demoliciones y graves desperfectos solo es preciso situar pocos explosivos en lugares adecuados. Grupos de individuos que tapaban sus rostros y que actuaban organizados, duchos en provocar tumultos y daños, se enfrentaron a las fuerzas del orden -tal vez cogidas a desmano, tal vez poco preparadas para el envite, puede que sorprendidas por la extrema violencia-, y consiguieron captar la atención de las cámaras y de la prensa en general. Hay heridos graves, una secuela de duras confrontaciones sin sentido, decenas de declaraciones tibias, calenturientas o simplemente desafortunadas, nervios rotos, gritos ácidos, y, en suma, con los restos del caldo, se sigue cultivando en una nueva marmita el crecimiento de los odios, las disensiones ácidas, los alegatos violentos, los desencuentros dañinos, y se hace insoportable el cúmulo de incomprensiones recíprocas sepultadas bajo la imposibilidad de llegar, no ya a un acuerdo, incluso a la calma, en meses o años.

La escalada de tensión, plagada de incidentes intolerables contra los mossos de esquadra, la policía nacional y la guardia civil, debe ser calificada sin ambages con apoyada por el engaño evidente de estar realizándose una «manifestación pacífica» por parte del gobierno de la Generalitat (del President Torra, en particular), ignorando la realidad de los hechos y persistiendo en el anclaje de la emoción inaudita en un mundo paralelo inexplicable y, por la misma esencia de sus planteamientos, insoportable para todos.

La actuación de las fuerzas del orden ha de ser calificada como ejemplar, asumiendo riesgos personales muy altos en el encuentro con revoltosos que no ahorraron violencia: lanzaban piedras, adoquines, barreras e incluso dispusieron de cócteles Molotov;  utilizaron palos y porras, iban encapuchados y quemaron contenedores y coches -¡incluso de la policía!-. Se creó máxima confusión para extremar la sensación de caos.

Repito hasta la saciedad: Por encima de esas actuaciones, tutelando el despropósito independentista convertido ahora en revuelta contra el orden institucional, destaca la equívoca actuación de Torra -defendiendo con la boca pequeña la manifestación pacífica contra la Sentencia, y alentando al mismo tiempo la insurrección contra el Estado («España, antidemocrática, holgazana y fascista es injusta con el sosegado y laborioso pueblo catalán» es el leitmotif» de su catecismo revoltoso)

Contrasta la situación en Cataluña, incomprensible para la inmensa mayoría de los españoles, incluidos, claro, los catalanes de paz y orden, con el despliegue de afectos y adhesión que la Monarquía -la Jefatura del Estado como símbolo de la unidad de España- ha despertado en Asturias, con ocasión de la entrega de los Premios Princesa de Asturias. El Rey Felipe VI no se refirió en su discurso durante la ceremonia a la grave situación en Cataluña, seguramente para no empañar con recriminaciones ni lamentos la puesta de largo como heredera de la Corona de Leonor, su hija mayor.

No hacía falta la referencia explícita. En la capital asturiana y en toda la España que vio en directo la retransmisión desde el teatro Campoamor de Oviedo pudo valorarse la profunda diferencia entre los dos ambientes: el del afecto pacífico y leal hacia la Constitución, representada por el Monarca, los Ministros y autoridades que asistieron al acto de entrega de los Premios Nobel españoles, y el de la sorpresa, el hastío y la condena hacia las manifestaciones antisociales, revolucionarias, desleales, de esas facciones de impresentables -antisistema, terroristas callejeros-  que conducen a una multitud de catalanes (no dudo que de buena fe, pero engañada por la mala fe de otros), a su destrucción como país, a la derrota de la tranquilidad, disposición a la solidaridad y buena fe que fue atribuida desde hace décadas a la sociedad catalana.


El ave de la foto es una hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochuros), más pálida de plumaje que el macho, aunque también tiene la distintiva cola rojiza. Son pájaros fundamentalmente insectívoros, y bastante abundantes en nuestras latitudes, no siendo infrecuente verlos sobre las crestas de los tejados o encaramados a muretes y salientes- Al amanecer, en las áreas urbanas, este túrdido madrugador suele ofrecer su característica silueta recortada contra el cielo, moviendo la cola arriba y abajo de manera peculiar y emitiendo un breve canto prácticamente monosilábico.

Publicado en: Actualidad, Asturias, Cataluña Etiquetado como: Asturias, Cataluña, fuerzas del orden, Premios Princesa de Asturias, revoltoso, revuelta, Torra

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