Al socaire

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Archivo de 2021

«Adiós, Angel»

9 mayo, 2021 By amarias 4 comentarios

Desde hace casi quince años vengo escribiendo con regularidad en este blog (antes hospedado en «blogia«) y expresando mis ideas, con la libertad que es consecuencia de mi independencia ideológica, intereses y aficiones y con las limitaciones propias de mi información y conocimientos.

No escribo esto como si exhibición orgullosa, sino que pretendo sea reflejo de mi sinceridad a la hora de comentar temas de actualidad y, cuando escribo sobre otras materias, apelo a la comprensión del lector más informado o inteligente sobre la naturaleza de mis fuentes y capacidad.

A lo largo de mi vida, he hecho buenos amigos y he disfrutado de su apoyo, enseñanza y afecto. Como todo ser humano, he crecido con ello y me enorgullezco de haber contado con la ilustración o la benevolencia de la mayoría. Si otros se jactan de haber sido transportados a hombros de gigantes, yo reconozco con satisfacción que gran parte de lo que soy, de mi imagen como profesional y personal, se debe al alimento de los afectos y estímulos -también de las críticas- que me han dispensado los que me quieren.

He perdido, también, buenos amigos. He cambiado varias veces de residencia, y algunos se han ido alejando por razón de la distancia física («quien más separa y mata/vida sola», escribí hace tiempo). Otros me han sido arrebatados por las garras de la muerte.

Pero hoy quiero traer a este comentario la tristeza de reconocer que hay amigos que se han separado por discrepancia con la expresión de una opinión que contrariaba, al parecer, sus íntimas convicciones. Puede el lector pensar que he sido abandonado en lo afectivo por quienes tienen creencias religiosas diferentes a mi respetuoso agnosticismo. No. La causante principal de las deserciones que han provocado la pérdida o el distanciamiento prácticamente total de algunos amigos es la política.

Cuando la cuestión del independentismo catalán volvía a manifestarse con fuerza, algún amigo al que creía librepensador (en sentido real) e inteligente para ver más allá del fondo mediático y la deformación social e histórica que embarraba las ideas, me abandonó. «No entiendes la profundidad de las raíces catalanes, no comprendes que somos un país que no tiene que ver con Castilla» -fue, en esencia, la expresión del portazo que me dieron en las narices. Y dejaron de hablarme, de escribirme, de ser conmigo. No sé dónde están ahora, no contestan a mis mensajes. Han desaparecido. Su «Adiós, amigo» resuena, aún, en mis oídos.

Mi interpretación de la deriva socialista, capitaneada en mi sincera opinión, por un desquiciado liderazgo de quien se ha apropiado de siglas respetables y ha buscado apoyo en quienes tienen en su adn político (¿se dirá así?) la destrucción de nuestro actual estado de derecho, me ha granjeado el castigo de nuevas deserciones en mi círculo de amigos.

«Adiós, amigo», me vuelven a decir. Abandonan la silla siempre dispuesta en la mesa para comentar con cordialidad, abierta disposición e independencia de toda servidumbre, los problemas de la convivencia social, con el diálogo que enriquece la visión de cada uno.  Temo que no nos volvamos a ver o me miren de otra manera. Porque yo no puedo cambiar. No puedo traicionar mi carácter independiente, crítico, irónico.

No voy a convertirme en otra persona. Soy comprensivo, pero no me pidan que me transforme en estúpido.

 

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Son solo poros, compañera (Poema)

8 mayo, 2021 By amarias Deja un comentario

Son solo poros, compañera, pero qué múltiples los huecos,
y, al movernos, nacen sin cesar más huecos más hondos más sinuosos;
entre tus pezones identifico historias viejas
disfrazadas de nuevas pesadillas;
loco de ansias escribo sobre tu piel cuentos inacabados,
sinfonías completas de alumno de primero de solfeo
donde los personajes somos nosotros son los otros,
gigantes transformados en pigmeos que, alardeando de saberlo todo,
ignoran nombres, calzan guantes para proteger sus manos pegajosas,
y sonrientes nos prometen entre dientes muchos premios,
enseñan un programa de falsas variedades,
mientras nos aplastan sin piedad cada vez que nos movemos.

No les prestes atención, no pienses no preguntes.
sálvate tú al menos de sus uñas y dientes,
mientras caigo me consuelo mientras te prevengo,
escápate de aquí, no los toques no preguntes no te muevas,
porque cuando caemos en sus redes, los duendes del pasado
nos destrozan el presente, nos alzan de aquí, ya ves,
se ríen impíos de nosotros,
y nos hacen volver a vivir la mala suerte.

(Este poema está incluido en el libro «Sin herencia precisa» (@angelmanuelarias, 1992) y forma parte de una terna. El primero de éstos, lo publiqué en este blog el 1 de enero de 2015 y puede encontrarse en este enlace: Conservo mi oficio juvenil, hacer del riesgo un placer de helados y limones – Al socaire (angelmanuelarias.com)

El resto del libro, como casi toda mi producción poética, se mantiene inédita.

Publicado en: Personal, Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, compañera, curruca rabilarga, poemas, Sin herencia precisa, son solo poros

Hacia un nuevo PSE

7 mayo, 2021 By amarias 3 comentarios

Resulta evidente que la actual dirección del Partido Socialista Español (PSOE, en sus siglas completas en la actualidad) se encuentra en busca de una nueva identidad.

Los síntomas internos son varios: antiguos dirigentes -aún vivos- han marcado distancia respecto a actuaciones del partido (Felipe González, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, etc.; se ha abierto expediente de expulsión a personas que fueron referente en su momento (Nicolás Redondo, Joaquín Leguina, etc.); miembros relevantes han sido condenados por prevaricación o están bajo sospecha por haber actuado en beneficio de la militancia (José Antonio Griñán, Manuel Chaves, etc.); la lucha interna por el poder es también ideológica (Susana Díaz, Emiliano García-Page, etc.). Algunos altos cargos están silentes o actúan por su cuenta (Cristina Narbona, Josep Borrel, Eduardo Madina, etc.)

Los índice externos son clamorosos. El PSE no tiene el atractivo que mantenía para el votante. Las causas más aparentes de ese distanciamiento son la connivencia con el separatismo y con el populismo de índole marxista/egoísta. Pero hay otra más importante: la imagen prepotente, aislada de la realidad y trufada de un tufo a primero de la clase orgulloso de haberse conocido, que esgrimen, desde el propio Presidente y su alumna predilecta, la catedrática de Constitucional Carmen Calvo y la mayor parte de sus ministros, ministras y ministres.

El último detonante que impone la obligación de remodelar el edificio (muy maltrecho) de la sede ideológica del PSOE es el descalabro recibido en las elecciones para la Presidencia de la Comunidad de Madrid, celebradas el 5 de mayo de 2021, y que han dado amplia victoria a Isabel D. Ayuso, del Partido Popular.

Puede el partido perdedor hacer risas de la falta de programa de la Presidenta y ridiculizar su pretendido concepto de la libertad (he seguido la entrevista, magnífica, que le hizo el genial Alsina en Onda Cero y la entonces candidata ofreció muchas opciones de respuesta a la pregunta filosófica acerca de lo que significa la libertad; apuesto a que ninguno de los ministros socialistas puede responder con tanta variedad y gracejo a la pregunta de lo que es el socialismo).  Isabel Díaz Ayuso ha barrido con absoluta claridad a las demás opciones, y aunque haya recogido muchos votos de Ciudadanos, la mayoría de los nuevos adeptos a su estrategia de defender «Madrid is different» provienen del desnortado PSOE.

No se confunda el aparato de poder del partido, con Carmen Calvo a la cabeza mediática, de despreciar al madrileño como si se tratara de un enajenado mental amigo de la juerga y de no pagar impuestos. Nunca como ahora Madrid representó a España. El candidato por la opción socialista, el muy digno catedrático Angel Gabilondo, convertido en monigote de una campaña destinada al fracaso desde el principio, ha anunciado que no recogerá su acta de diputado. Víctima propiciatoria, macho cabrío ofrecido al sacrificio del dios Sánchez. El secretario general de la agrupación socialista madrileña, José Manuel Franco, que pasaba por allí, ha sido forzado a dimitir; parece destinado a ser el recoge bofetadas, el «ahí me las den todas» del núcleo duro del poder sanchista.

Resulta significativo que, estando hospitalizado Gabilondo como resultado de una arritmia coronaria, detectada casualmente cuando había acudido a mi hospital de referencia para que lo vacunaran contra la Covid, la persona que ha dado explicaciones de su estado físico ha sido ¡Ayuso! quien lo visitó en el centro de salud inmediatamente de tener noticia de su internamiento, manteniendo con él, dice, una conversación amigable. No, no han sido los miembros dirigentes del PSE (al menos, alguno de los residentes en Madrid, que tanto no tendrán qué hacer, digo yo). Ocupados en el debate interno por dotar de nuevo sentido a las siglas que han heredado, al parecer, desde hace casi ciento cincuenta años, se estarán preguntando qué les queda de ellas: ¿Partido? ¿Socialista? ¿Obrero? ¿Español?

Tengo curiosidad por el desenlace, del que no ha trascendido el final, aunque hay quien opina que será cruento y doloroso. Aprovecho para desear al profesor Angel Gabilondo una pronta y completa recuperación. No se merecía este papel de comparsa de la debacle.

Publicado en: Actualidad, Madrid, Política Etiquetado como: Angel Gabilondo, Ayuso, campaña, Carmen Calvo, Ciudadanos, elecciones, ideología, Madrid, partido, programa, PSE, PSOE, Sánchez, socialista, victoria del Partido Popular

Analizando los resultados de unas elecciones singulares

5 mayo, 2021 By amarias Deja un comentario

Los resultados y consecuencias inmediatas de las elecciones convocadas por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel G. Ayuso, al disolver el Parlamento regional para conjurar el hipotético riesgo de una moción de censura propiciada por su socio de Gobierno, Ciudadanos (con el ex vicepresidente Ignacio Aguado como conspirador in pectore), evidencian algunas cuestiones que me resulta atractivo analizar, siquiera sea con las limitaciones de mi reducido periscopio.

La presidenta convocante ha conseguido un resultado magnífico, superando cualquier cota anterior del Partido Popular en la región de Madrid, en donde esta formación lleva gobernando (en coalición o con la abstención de otros partidos) más de un cuarto de siglo. Este hito lo consiguió sin especificar su programa (aunque se refirió en campaña, regularmente, a su deseo de obtener mayoría suficiente para «llevar a cabo su programa sin interferencias»). En la propaganda destinada a promover el voto a su formación, se incluía solo una hoja con su fotografía a color en una cara. La otra, que debería contener, al menos, un resumen de sus ideas de gobierno, estaba en blanco.

En mi opinión, el éxito de Isabel Ayuso ha de ser compartido con la cerrazón de la oposición de izquierdas en presentar como errores y fallos sus éxitos o, al menos, sus propuestas de acción, animada desde el Gobierno y exacerbada por un histriónico ex vicePresidente, de equívoco nombre Pablo Iglesias, que capitaneaba los restos de la formación UnidasPodemos, con una intención de salvación de los trastos de su naufragio que, a estas alturas, se confirma como inútil, extemporánea y…rallana en lo ridículo.

El PSOE ha demostrado, una vez más, que no es capaz de presentar un candidato con empuje mediático para Madrid. La sorpresa que significó en las anteriores elecciones un desconocido Angel Gabilondo -avalado con títulos académicos rimbombantes, hermano de un comunicador de éxito, y con un mensaje soporífico pero tranquilizador-, no pudo repetirse. El nuevo Gabilondo apareció corto de ideas, sin capacidad para la ironía, avasallado por el seudogracejo de gata y chotis que puso en valor la presidenta Ayuso, empujada al éxito por un clamor de madrileños que están hartos de la prepotencia del Gobierno de Sánchez, de sus medias verdades y de sus socios, en el Ministerio y fuera de él.

No le echo la culpa del fracaso a Gabilondo, sino a la pésima tramitación de la campaña socialista, en la que los apoyos prestados desde el aparato del partido no han servido para añadir ni credibilidad ni sintonía. Algo grave le está pasando a este PSOE, encerrado en una urna de cristal esmerilado, gozando de su propia salsa, alejado cada vez más del hálito del pueblo. Aventuro incluso que hasta el gran capital -los que detentan las cuatro perras relevantes de nuestra maltrecha economía- le están dando la espalda.

Tampoco descarto que Madrid se haya configurado, en esta situación oscura entre pandemias, falsedades y palabrería inactiva, como alternativa definitiva al descalabro de una Cataluña sin objetivos, traidora en lo fundamental, vacía de ideas y con un ansia de emancipación injustificable. Ayuso también rentabilizó ese desapego.

El éxito relativo de algunos partidos en estas elecciones, que consiguieron incrementar su número de diputados regionales, no admite muchas lecturas positivas para el electorado, que somos la mayoría. Tampoco Vox, con una candidata correosa, capaz de enfrentarse a la realidad con la misma terquedad que su oponente ideológico, magníficamente representado en su cortedad argumental por el citado Iglesias, puede alardear de éxito. Es una victoria aparente, efímera. Porque ni Rocío Monasterio, ni siquiera Abascal, su mentor, y, por supuesto, tampoco su esposo (en la derecha extrema también se hace política de parejas sentimentales),  Espinosa de los Monteros, aspiran seriamente a dedicarse a ocupar un puesto de gestión política que les consuma tiempo que restarían a sus negocios.

Por parte de Más Madrid, con una candidata empeñada en campaña en que conociéramos su vocación de anestesista tocapelotas y madre de familia numerosa, Mónica García es un hallazgo estratégico del refinado Iñigo Errejón, pero el invento que consiguió disminuir la fuerza que parecía arrolladora para conducirnos a una república bolivariana, ha cumplido su misión estratégica. Estamos salvados. Vuelvan las aguas de la izquierda marxista con vocación testimonial de lo que pueden dar se sí las enseñanzas demodé de Karl Marx (Hegel, Engels, Bakunin, Gramsci, etc.) al redil convincente que representó Julio Anguita, si es que su mensaje puede tener un revival.

Siento el fracaso de Edmundo Bal, porque su campaña tenía muy buen fondo. Su misión era imposible, pues venía lastrada por la espantada histórica de Albert Ribera (¡que ni siquiera pudo apoyar su campaña por estar trabajando en un «bufete privado»! -sic-), el desfondamiento argumental de Inés Arrimadas, la deserción de demasiados nombres relevantes de la que fue atractiva formación naranja y hoy fruto pasado. Cumplió para recordar a los nostálgicos lo que debe ser una correcta campaña y, sin duda, su serio trabajo alumbra la creación de un nuevo partido, que el no capitaneará, porque tiene madera, actitud y fondo para ser un magnífico segundo. El país necesita gente así en las primeras líneas del pensamiento político.

En fin, aventuro el final de la legislatura de Pedro Sánchez. Se que es mal momento, pero no le queda más fuerza que a un globo desinflándose en el aire. Los restos de Unidas Podemos en los Ministerios que ha dejado Iglesias (incluida su actual pareja, Irene Montero) no tienen calidad ni para cascarrillos de telediario. Y muchos de los ministros socialistas están pidiendo a gritos que se les sustituya.

Buena suerte, Isabel Ayuso. Te esperan dos años muy tensos, nada entretenidos. El resto de España no es Madrid y fuera de aquí, los españoles carecen de esa chulería, de ese gracejo cosmopolita y jovial, acostumbrado a soportar la carga emocional de una España a la búsqueda permanente de identidad propia sobre las espaldas. Me temo que Pablo Iglesias necesita aún varias operaciones de temple y revenido (perdón por la imagen de viejo siderúrgico). El tiempo corre.

 

 

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Activar la economía con ideas

3 mayo, 2021 By amarias Deja un comentario

Aún sumergidos en el fango de la pandemia vírica, con un Gobierno torpe en ideas aunque excesivo en aparatosidad y una oposición con ganas de tomar el relevo pero sin ofrecer alternativas convincentes, creo legítimo preguntarse qué expectativas tiene España para recuperar el ritmo anterior al colapso económico provocado por el ataque de la Covid 19, una vez que se consiga erradicar con credibilidad el riesgo de contagio, barrer las cifras de mortalidad y abrir las fronteras -comarcales y nacionales- hacia el maná del turismo, que es nuestra única tierra prometida.

No estará de más recordar, para empezar, que a finales de 2019 -antes de que el virus procedente de China nos provocara la mayor convulsión a la economía y a la movilidad y satisfacción personal que conocieron las generaciones de la postguerra-, España estaba aún en recesión. Por tanto, la recuperación de niveles anteriores a la crisis vírica implicará, también, para resultar efectivo y no una engañifla sin perspectivas de duración, enderezar y acelerar el ritmo de crecimiento de la economía.

Labor difícil, si el único empeño consiste en repetir el modelo, aunque se adorne con una panoplia de buenos deseos y falsas oportunidades, empaquetados en el formato de medidas sostenibles, ambientalmente protectoras, apoyadas en nuevas tecnologías de las que en nuestro país somos consumidores y no fabricantes.

Hemos leído hasta la saciedad que se necesita aumentar la productividad y, con la boca más pequeña y desde algunos sectores académicos. que es imprescindible modificar la gran dependencia del turismo (incluido en el término, la hostelería, la restauración, el ocio, etc.) e incrementar el peso industrial en el PIB.

En relación con los fondos comunitarios que deberán ayudar a la reactivación (¡y que deberemos devolver, de una u otra forma!) se discute, sin concretar suficientemente los objetivos, la forma en que esos dineros han de servir para impulsar nuevos proyectos (y no sostener temporalmente a caída de los que están gravemente dañados, tapando sus agujeros contables), servir a la recuperación de las empresas existentes (y no solo favorecer a las multinacionales o a las que tienen capacidad autónoma para revivir y crecer, sino a las pequeñas empresas y autónomos que cumplen una función estratégica para cubrir necesidades de consumo). Poco debate ha habido, si alguno, para decidir si los dineros no deberían canalizarse preferentemente hacia sectores concretos, estratégicos, y no por estar especialmente relacionados con la protección ambiental, o la sostenibilidad, sino por ubicarse en el desarrollo de actividades basadas en las nuevas tecnologías y las que aún están por definir o crear (con el alcance que la imaginación que queramos dar a una terminología tan ambigua).

Con humildad, me atrevo a indicar que no es la productividad lo que hay que impulsar con preferencia, sino la creatividad. La efectiva creatividad. Los españoles tenemos fama de imaginativos, pero nos falta ese paso posterior al proceso mental,  que implica poner en realidad lo que se nos ocurre.

Escribo, por supuesto, con la intención puesta en las ideas que ayuden a crear empleo y riqueza. Para dar ese empujón desde el escenario de las musas al mundo de lo concreto, se necesita, obviamente, dinero, dotar de suficientes medios económicos al creativo y no condenarle definitivamente si fracasa, pues de su empeño depende la mejora de nuestras perspectivas de futuro.

Pero no es suficiente el dinero, porque la realización práctica de una idea -¡y no cualquier idea!-precisa de orientación y conocimientos empresariales, de gestión, de finanzas, de planificación, de mercado. El genio solitario que, con empeño personal es capaz de sacar de la nada una empresa de éxito, pertenece prácticamente al mundo de la ficción. Es, en esencia, una leyenda urbana.

Me parece que las Universidades (en especial, Las Escuelas y Facultades técnicas) y las Academias encargadas de explicar a los discentes el mundo de las oportunidades de negocio -que tanto predicamento han obtenido, por títulos que dan barniz pero raras veces sirven para dar cobertura-, debieran cumplir aquí un papel mucho más relevante que la simple emisión de recetas, lecciones magistrales o casos de empresa que se dan una vez en la vida. Intuyo, por las salidas de la caja negra de los proyectos empresariales salidos de las Universidades y las Escuelas de Negocio, que los egresados no están capacitados o mentalizados para emprender sus propios negocios. Y deberían estarlo, y cuanto antes.

Las propuestas de nuevos emprendimientos debieran venir, a chorros, de los centros educativos de élite. Los docentes -en colaboración y estímulo con sus discentes- deberían poner el énfasis en detectar y proponer proyectos realizables, que impulsaran la creatividad y la voluntad de autoempleo de sus alumnos. Los trabajos de fin de carrera (grado o máster), las tesis doctorales, los equipos de investigación formados en esos centros, deberían orientarse a la detección de oportunidades, proyectos, inventos, aplicaciones que permitan crear nueva empresas o potenciar las existentes.

Puede parecer que la idea no es nueva. Lo es, sin embargo, en cuanto a su realización práctica. Pocas son las directrices emanadas desde las cátedras docentes que respondan, verdaderamente, a ese propósito de aplicabilidad para resolver problemas concretos. Cuando de una cooperación eficaz entre profesores y alumnos surgen proyectos de ese tipo, que generan empresas concretas, hay que felicitar y promocionar, difundiéndolas y dotándolas de medios, esas iniciativas.

Tenemos campos donde actuar: en el desarrollo de nuevos materiales, fármacos y tratamientos médicos más eficaces, productos alimentarios más gustosos (¿qué pasa con la investigación del sabor umami?) y mejor orientados a las necesidades personales (dietas, atención a enfermedades, preferencias, costes, etc.), robots con mayor versatilidad y enfocados a resolver fabricaciones específicas, diseños más atractivos, cómodos y baratos, en la mejora de la rentabilidad de terrenos agrícolas, en la reducción del consumo ineficiente de agua y otros recursos, en la programación de los servicios públicos, la conservación alimentaria, la reducción de costes con incremento de resistencia, aislamiento o cualidades ergonómicas, etc.

Por supuesto, hay mucho que analizar y resolver en la investigación de nuestros recursos naturales, en la preservación ambiental, en el perfeccionamiento del modelo de las ciudades, en el aprovechamiento y estímulo de las capacidades intelectuales de los niños y jóvenes, en el análisis y puesta en práctica de soluciones para mantener activos y eficaces a los colectivos hoy marginados de los sistemas productivos. Etc.

En España hay mucho recurso improductivo, demasiada gente con ganas de trabajar y colaborar en el emprendimiento colectivo que no encuentra momento ni sitio. Hay que saber orientar esa necesidad, superar esas carencias. Es responsabilidad de todos encontrar el método para la incorporación de ese potencial de ideas, esfuerzos, creatividad y ganas que está improductivo.

No, no es solo cuestión de aumentar la productividad. Hay que dar cauce a la creatividad, impulsar la generación de proyectos viables desde el conocimiento de la realidad. La mejora de la enseñanza, la facilitación de medios económicos a los proyectos, la orientación de sectores y necesidades que precisan impulso y satisfacción, son vías necesarias. El impulso a la iniciativa privada y el apoyo público no discriminatorio son factores imprescindibles para que el mundo de las ideas baje al mundo de las realidades.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Empleo, Empresa Etiquetado como: agricultura, covid, crisis, economía, empleo, empresas, nuevos materiales, propuestas de activación, tecnología, umami

Lo que me importa de estas elecciones regionales

1 mayo, 2021 By amarias 4 comentarios

Escribo el uno de mayo de 2021, Día del Trabajo y víspera del Día de la Comunidad de Madrid  cuya conmemoración se traslada, al ser festivo, a lunes, día 3 . El día 2, primer domingo de mayo, se conmemora el Día de la Madre y, el martes, 4, los madrileños estamos llamados a votar para elegir la nueva composición del Parlamento regional, de la que saldrá, conforme a los resultados y a los pactos entre los diferentes partidos que obtengan representación, el Presidente de la Comunidad.

El debate entre los candidatos ha sido paupérrimo, sin presentación de programas, con torvas descalificaciones entre ellos, y un trasfondo lamentable de falta de entendimiento y cordialidad, especialmente, entre los dos bloques -ficticios- que se han asimilado a supuestas ideologías, en recuerdo -nada nostálgico, agresivo- de la hipotética distinción entre izquierda y derecha.

¿Han sido todos los candidatos tan opacos, sus programas así de nimios, la agresividad tan alta? Pues no. Sería injusto no reseñar que el candidato jefe de lista por Ciudadanos, el abogado de Estado Edmundo Bal no responde a esa calificación. Ha ofrecido propuestas, ha defendido sus posiciones con serenidad y hasta cordialidad, ha mantenido el tipo en los debates y declaraciones sin entrar en zafias descalificaciones.

Las encuestas se obstinan en presentar que su candidatura no alcanzará el cinco por ciento que prevé la ley comunitaria para obtener representación (es decir, conseguir diputados que la representen) y, por tanto, quienes voten su opción «perderán el voto».

Si en unas elecciones hay que premiar al candidato que ofreció mejor imagen y concretas propuestas que no resulten irrealizables, estrambóticas o nulas, si hay que decidirse, como si cada votante fuera un profesor que debe puntuar a los alumnos (los líderes de cada partido en liza), no tendría la menor duda de quién sería el ganador. Por eso, me parece injusto que se defienda en los media y que, en mimetismo sin justificación, escuche de potenciales electores de su candidatura que no hay que votar a Edmundo Bal, porque será un voto arrojado al cubo de la basura.

Será muy de lamentar si nos dejamos seducir por quienes dan gritos, acusan de falta de lealtad al contrario, se niegan a debatir con otros candidatos argumentando que no son demócratas o no acuden a que se les pregunte por su programa alegando que determinado medio de información no es neutral o su audiencia está polarizada.

Porque, al hacerlo así, estaríamos premiando a los chicos del martillo. ¿Se acuerda el lector de ese cuento? Si tengo que refrescar alguna memoria, aquí ofrezco un enlace. Cuento de verano: El relojero que se presentó dos veces a un Concurso – Al socaire (angelmanuelarias.com)

Por cierto: ¿conoce el lector el programa de Volt? Una opción desconocida por el votante que solo atiendA a las opciones que tienen plataforma mediática, y que, sin embargo, dispone de un magnífico programa. Estará, por tanto, entre los partidos que no llegarán al 5% y carecerán de representación en el Parlamento (Programa (Desafíos 5+1) – Volt España (volteuropa.es)

Feliz reflexión.


He elegido como imagen para este Comentario la fotografía de una anátida en cautividad (concretamente, en el Parque de Isabel La Católica, en Gijón). Este hermoso ejemplar es un cruce de especies, con semejanzas tanto a la cerceta común como al pato cuchara.

Publicado en: Actualidad, Madrid, Política Etiquetado como: Ciudadanos, Edmundo Bal, elecciones, Madrid, Volt

Exhibiendo mis miserias entre narcisos y tulipanes

29 abril, 2021 By amarias 11 comentarios

La naturaleza me ha obsequiado con dos cánceres metastásicos, de distinto origen y naturaleza. Un cáncer de origen prostático con metástasis ósea y un cáncer de origen desconocido aparecido en el urotelio vesical y que afecta a nódulos linfáticos del retroperitoneo y, por tanto, también metastásico.

Hace más de cinco años que son un paciente oncológico. Procuro no pensar mucho en ello, pero la realidad se muestra terca en múltiples «detalles»: necesidad de frecuentes visitas al oncólogo, al urólogo y al traumatólogo, varias operaciones, participación en más de cuatro ensayos clínicos, instalación de PICC y de reservorio, bolsas vesicales, infecciones, etc.

En estas circunstancias, no dependo solo de mi voluntad. Me ayuda la asistencia sicológica de mi esposa, familia y amigos, porque procuro mantener una vida activa, tanto en lo profesional como en el cultivo de mis aficiones.  No quiero presumir, porque no soy el mismo. Pero en estos cinco años, he asistido a muchas conferencias y pronunciado algunas,  he mantenido abierto el bufete, escrito varios poemas, (que recopilé en dos libros: «Sonetos desde la crisis» y «Sonetos desde el Hospital», -del que edité mil ejemplares, cediendo íntegramente los beneficios a la AECC-). También terminé una novela de 400 páginas («Con Vencidos»), pendiente de publicación, espero que no eternamente.

Desde luego, las visitas regulares al Hospital me han condicionado. No solo afectó a la actividad profesional, sino a  las vacaciones y desplazamientos, míos y de mi familia. La pandemia ha supuesto, también, una influencia negativa adicional.

He tenido tiempo, claro, para pensar en la muerte. La adecuación a la idea de la muerte, incluso próxima, es una consecuencia del severo diagnóstico, pero la certeza de la propia muerte viene con el ADN de la vida, sobrevive con ella.   Recomiendo el libro de la Dra. Mannix -responsable de cuidados paliativos durante muchos años en un Hospital- “Cómo afrontar la muerte con sabiduría”.

El paciente oncológico depende decisivamente de lo correcto del diagnóstico y de lo eficaz y actualizado de los tratamientos. Algunos de ellos se llevan a cabo según los protocolos de ensayos clínicos, en los que se prueba la eficacia de algún nuevo fármaco o una combinación de ellos. Aunque la cabeza visible del equipo multidisciplinar en el que se discuten las pautas es el médico que atiende a las consultas, son varios los profesionales que intervienen. La empatía, claridad y cordialidad con la que actúe ese facultativo (raras veces el jefe del servicio; quizá un residente) son decisivas para crear confianza.

No solo es cuestión de médicos. Son cientos los sanitarios con los que, a lo largo del tratamiento, tendrá que vérselas un paciente oncológico. La relación personal con algunos de ellos -por ejemplo, equipos de enfermería, cirujanos, anestesiólogos, personal subalterno- será incluso superior. Son muchas las visitas para curas, limpieza de PICC o reservorios, estancias en el Hospital de Día para tratamientos, internamientos, análisis, etc.

Para el equipo médico, mantenerse con información actualizada de los avances que se están produciendo continuamente en el terreno de la oncología, es un reto y una obligación.  Supone alimentar contactos multinacionales, extremar el análisis y la comunicación de datos, la asistencia a congresos, investigar directamente, leer, estudiar, informarse. Algo difícil, sino imposible, porque disponen de poco tiempo libre para completar su formación y mantenerse al día.  Sería necesario incrementar esa disponibilidad, dotando de más personal, con menor carga de pacientes por facultativo, incorporando equipos siempre más modernos, revisando al alza los salarios y garantizando la estabilidad de sus puestos y la evolución de sus carreras.

Tenemos excesiva dependencia de las farmacéuticas y de los ensayos clínicos promovidos por ellas, cuyos intereses económicos, en tanto que empresas mercantiles, priman por encima de los atribuibles al bien común. Hay que dedicar más dinero público a la investigación y, en especial, a la investigación oncológica.

A los demás pacientes en mi situación les aconsejaría que no decaigan, ni se depriman. Piensen con esperanza en que los avances de la ciencia oncológica son constantes. Oriéntese hacia su bienestar y el de su familia. Vean la circunstancia con valentía y como oportunidad para dar ejemplo. No por el hecho de estar enfermos, sino para todos, como interesante y necesaria actitud frente al futuro en el que estemos ausentes, hagan testamento y, también, el testamento vital. Pidan y, sobre todo, den afecto.

Participen en redes sociales y asociaciones en donde se tenga oportunidad de compartir ideas, inquietudes, actuaciones, con otros enfermos y con los equipos médicos. Tranquiliza saber que el tratamiento que se está recibiendo es el mismo que el que se ofrece en otros centros hospitalarios y ayuda conocer la situación de otros pacientes, para no sentirse solo y calmar temores y dudas.

Animo, por ello, a pacientes, familiares y a todo el público en general a que apoyen a Asociaciones que se dedican a promover la investigación oncológica y presten ayuda sicológica y de todo tipo (económica, en especial: estar enfermo cuesta dinero y no siempre es posible mantener el empleo) a pacientes con cáncer. La AECC, en España, resulta un institución ejemplar. También recomiendo SOGUG, asociación entre oncólogos y pacientes (en este caso, en el campo genitourinario). Necesitamos más inversión e investigación.

Opino también que es imprescindible unificar los criterios de gestión entre las Comunidades Autonómicas , imponiendo transparencia e igualdad. No debieran existir diferencias de tratamientos y oportunidades para los pacientes oncológicos según su lugar de residencia.

Mayo va ser propuesto como mes de atención al cáncer de vejiga, ese gran desconocido. Como el cáncer de mama, o el de próstata, (que ha conseguido que noviembre («Movember») sea el mes de visibilidad para ese tumor masculino), reclama ahora un puesto en las primeras filas de interés. Porque es uno de los más frecuentes y, sin embargo, de los menos investigados y con peor pronóstico.


He incluido dos fotografías de narcisos del Botánico de Madrid. Florecieron a finales de marzo y principios de abril, compitiendo con la fuerza expresiva de los tulipanes. Ahora, estamos en la oportunidad de ver los parterres de lirios. Todavía hay algunos rododendros. Y, sobre todo, se pueden contemplar los cientos de plantas, árboles y arbustos, correctamente identificados, que hacen de este lugar -afectado por Filomena, pero superviviente gracias a profesionales cuidados en lo sustancial- una referencia para amigos del saber con la naturaleza.

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Autores, libreros, feriantes

24 abril, 2021 By amarias 2 comentarios

En España se editan anualmente del orden de 90.000 ejemplares. Si consideramos que hay casi 700.000 títulos «vivos» (aquellos que aún se pueden encontrar en las librerías o en los stocks de las editoriales), concluyo que hay bastante donde elegir.

Como es sabido, desde 1989, cada 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, con la intención de favorecer el hábito de la lectura, apoyar las editorial y defender los derechos de autor. El gremio de libreros trata de aprovechar la fecha para vender algo más, movilizando a la potencial clientela, ofreciendo los volúmenes con una modesta rebaja del diez por ciento y, en muchas ciudades, organizando Ferias en las que se exponen en casetas alineadas, además de algunos libros, a ciertos autores elegidos.

Siempre me ha impresionado ver las colas de felices compradores esperando, con su volumen en mano, que el autor elegido estampe en una de las páginas de respeto del libro dedicatorias del tipo: «A Fulanito (aquí, el nombre de la persona designada por el comprador), con todo afecto». He imaginado que la inmensa mayoría de los libros adquiridos de esa forma no se leerán nunca. Porque, en verdad, la inmensa mayoría de los libros que se adquieren y que, en muchos casos, figuran en una estantería junto al televisor, la foto de un familiar y el jarrón de flores secas, no se leen.

Soy un lector convulsivo, aunque un mal lector. Tengo en casa unos seis mil ejemplares (de vez en cuando mi adorada conviviente me hace algún expurgo) a los que he dedicado, en algún momento de sus vidas en mi hogar, varias horas, si bien no puedo decir que los haya leído de cabo a rabo. Algunos y, desde luego, todos los que han servido para alimentar mi carrera profesional, los he leído más de una vez y hasta los tengo subrayados (más bien, coloreados, pues no acostumbro a leer con lápiz en mano).

De los distintos sectores que llaman mi atención, tengo más nutridos los de Poesía, Historia y Filosofía. Por supuesto, hay varias decenas de libros de Derecho, Economía, Cálculo Estructural, Medio Ambiente, Agua y muchos de…Ornitología y Botánica. También tengo unas cuantas estanterías atiborradas de libros para aprender y ejercitar idiomas y muestras de mi interés por ciertas lenguas, con ejemplares de novelas, diccionarios y Geografía e Historia de los países que he visitado o me gustaría visitar.

No he podido sustraerme al deseo de editar alguno de mis libros, y he caído en la tentación de editar, en papel, tres de ellos: Dos libros de poesía (Absueltos de Todo Don y Sonetos desde el Hospital) y una recopilación de mis entradas al Blog en el que escribo desde 2007, que publiqué con mis comentarios en 2009. De este último, vendí dos ejemplares (y se me quitaron las ganas de editar más recopilaciones). Del primero de los libros de Poesía se editaron 1.500 ejemplares y se agotaron todos; del segundo, edité mil ejemplares, dedicando sus beneficios a la Asociación Española Contra el Cáncer y está prácticamente agotado (debiera estarlo, sino fuera por la pandemia, que me impidió dar tres recitales que tenía programados).

Tengo, por tanto, mucho material no publicado en papel. En este mismo blog sí he dado a la publicidad telemática casi veinte libros (que el curioso puede localizar si husmea por los apartados y categorías que figuran en la lengüeta de la derecha).

No dejo de escribir. Mi última obra literaria es un libro de cuatrocientas páginas (Con Vencidos, 2021,@angelmanuelarias), en la que utilizo mi imaginación y algo de conocimiento histórico para glosar la vida de alguno de mis antepasados, encajándolos en el período en que les tocó vivir. No me imagino firmando ejemplares de ese libro (o de los otros que escribí) en una caseta. Porque cuando comprendo que detrás de esos 90.000 ejemplares editados en España (¡solo en España!) hay un autor y toda una cadena de profesionales (impresores, maquetistas, editores, distribuidores, libreros, financieros, etc.) se me arruga cualquier intención y me pregunto: ¿Para qué escribimos?

¡Si nadie lee!

Publicado en: Actualidad, Literatura, Medicina Etiquetado como: Absueltos de todo don, Con Vencidos, Editorial, feria del libro, lectores, libro, Madrid, Sonetos desde el Hospital

Pablo, quedan doce días para el gran descalabro

22 abril, 2021 By amarias 2 comentarios

El debate entre candidatos a la presidencia de Madrid que se libró ayer, 21 de abril de 2021, no ofreció especiales emociones ni servirá para canalizar votos de indecisos. Desde una visión general,  la opción de la actual presidenta de la Comunidad, Isabel Ayuso para hacerse con una mayoría insuficiente para gobernar en solitario, quedó revalidada sin grandes matices ni demostrar capacidad para despertar pasiones ni esgrimir programa. La alternativa que representa Angel Gabilondo demostró, sin paliativos, su gran debilidad, ideológica y formal; su necesario socio del posible gobierno, Pablo Iglesias, ofreció discrepancias sustanciales (en temas como los impuestos) y, en un momento de la emisión, pareció que estaban dispuestos a dirimir sus diferencias en público.

No convencieron, por otra parte, los candidatos en presentar con nitidez los acuerdos post electorales a los que se verán abocados, pues ninguna facción alcanzará mayoría suficiente para gobernar en solitario (a salvo de conceder un estrecho margen de que esa opción sea posible, si Ayuso consiguiera tantos diputados que, incluso sin tener la mayoría absoluta, se arriesgara a ser Presidenta con una amplia mayoría). A lo largo de la emisión, hubo momentos en los que sí aparecieron claras las simpatías dentro de los dos bloques en liza,  aunque no se ocultaron profundas discrepancias.

El posible tándem Ayuso-Monasterio, apareció mejor conjuntado y hasta pudimos creer que hubo un pacto de reparto de papeles de la «opción liberal»  entre «poli bueno/poli malo». La candidata de Vox,  Rocío Monasterio, cuya fuerza dialéctica y contundencia expresiva son conocidas -al margen de que maneja cifras y argumentos sin preocuparle su veracidad-, asumió la parte más extrema y hosca de la oferta de la derecha. Sus intervenciones sobre el coste de sostener a un «mena» frente a la pensión mínima de una viuda fueron  memorables, porque, aunque falsarias,  sirvieron para avivar algo el debate.

El bloque Gabilondo-Iglesias no resultó creíble, y de ello ya se encargó el candidato del PSOE, que carece de la menor picardía parlamentaria. Es soso, sí, pero además, apareció como si estuviera siendo víctima de una combinación de desgana y comienzo de Alzheimer. En cuanto a Pablo Iglesias, dio su recital del respeto a la Constitución (a la que se acogió dos veces), en una apelación más propia para el Congreso de diputados que como candidato para presidir Madrid, y pudiendo ser calificado él de incumplidor fehaciente de la misma. Su viejo empuje y su fresco talante han decaído y hoy carece de empatía fuera de su círculo de adeptos que, por mala suerte para él, se van reduciendo cada vez que abre la boca con su petulancia y desconocimiento práctico.  La vida real no es un aula de Universidad.

Me gustaron más otros candidatos, aunque no se acercaron ni al aprobado: Edmundo Bal, reposado, enterado y creíble, estuvo sólido. Defendió el trabajo en el gobierno de Ayuso de sus antecesores  (a pesar del exabrupto de Ayuso, crecida en ese instante, que le espetó. «Si son tan buenos, ¿por qué no los lleva en su lista?») y se presentó con el viejo y ya rancio marchamo de Ciudadanos, de pretender ser equilibrio entre facciones.  No parece que esa posición haya impresionado a sus contrincantes y, lamentablemente, tampoco tiene efecto entre los electores, que siguen negándole al abogado de Estado pan y agua, en recuerdo imborrable de la traición de Rivera.

La candidata de Más Madrid, nerviosa de cabo a rabo, estuvo bien para lo que se puede esperar de una aprendiz de política que viene de poner anestesias en un Hospital madrileño. Está claro que su vocación y experiencia son solo sanitarias, y que representa el grupo de descontentos de los sanitarios (que tienen fundadas razones para estarlo, sobre todo, por la precariedad de su empleo). Estamos en tiempo de pandemia y vacunas, y eso cuenta a la hora de lanzar dardos, si bien hay que apuntar bien, porque en este desorden entre Administraciones se puede decir aquello de que «entre todos la mataron y ella sola se murió». La aún desconocida Mónica García defendió su plaza de provincias con alguna faena de aliño y, con ello, acreditó su esperanza y la de su grupo de conseguir colocar una decena amplia de los de su lista de amigos.

Termino recordando, con ironía, la frase que Angel Gabilondo obsequió a Pablo Iglesias, donde le instaba a ponerse de acuerdo. «Pablo, nos quedan doce días para ganar las elecciones». Yo la entendí como «…nos quedan doce días para el gran descalabro».

Esta es mi visión del debate de ayer. Saquen los lectores sus consecuencias, si así lo desean. Por cierto, de entre las seis listas de las opciones electorales, con más de 160 nombres en cada una, no conozco personalmente a ninguno y, por haber aparecido en alguna entrevista o acto público, a no más de una docena. Una amiga a la que se lo comenté dice que eso me sucede porque ..somos viejos. O ¿será porque esos candidatos a que les paguemos el sueldo son invisibles?

Publicado en: Actualidad, Madrid, Personal, Política Etiquetado como: Ayuso Mónica García, Eduardo Bal, elecciones Madrid, Gabilondo, Iglesias

Verdades

21 abril, 2021 By amarias Deja un comentario

Mientras espero que me pongan la primera dosis de la vacuna contra el virus de la Covid, en esta tarde nubosa y algo ventosa de Madrid, me he propuesto realizar una prospección acerca de las verdaderas incontrovertidas -es decir, aquellas que no admiten discusión ni objeción, aceptadas por todos los seres humanos en uso pleno de sus facultades de discernimiento, análisis y crítica-.

Necesitamos manejarnos con soltura entre apariencias de verdades, desde luego, porque en otro caso la situación se volvería muy angustiosa. Un famoso cantante convertido por razones difíciles de entender en payaso mediático -Miguel Bosé- en una entrevista bastante esperpéntica con el habilidoso entrevistador Jordi Évole, hace un par de días (escribo el 21 de abril de 2021) se declaraba poseedor de la verdad en relación con la existencia de la pandemia vírica que ha conmovido los cimientos de nuestra cultura acomodaticia.

Sirva su pretensión de haber encontrado su verdad y, en virtud de ella, ser negacionista y conspiranoico (rotundas palabras que no incluye la RAE en su diccionario, pero que todos entendemos ahora) como ejemplo de falsa verdad: uno puede guiarse por un postulado concreto, asumirlo como irrefutable, pero a partir de él no se construye sino un edificio falaz, no refrendado por la mayoría científica, el conocimiento empírico ni la realidad de los millones de fallecidos en todo el mundo por esta virulencia con efectos potencialmente mortales.

No puedo conceder valor de verdad irrefutable a las creencias religiosas que atribuyen nuestra existencia a una decisión superior. En efecto, el atractivo (como sedante, refugio sicológico, perspectiva vital) es innegable, pero el tufillo insuperable de que los dioses son resultado de la creación humana y no al revés, las descalifica como verdad incontrovertida. Pueden ser útiles, algunas lo son, incluso como estimuladoras del comportamiento ético, pero, en bloque, no merecen otra calificación que invenciones de iluminados por el deseo comprensible de encontrar sentido a nuestra existencia.

En los campos de lo técnico y lo científico, la verdad incontrovertible se tambalea con regularidad, como lo demuestran los avances que destruyen teorías que se estimaron como definitivas y que, y aquí sí que hay que poner una dosis de misterio, sin embargo, nos han servido para avanzar. No sabemos aún con perfecta seguridad cómo se propagan y desarrollan las células tumorales, por ejemplo, pero lo que sabemos, aunque imperfecto, sirve para aumentar nuestra longevidad e, incluso, en algunos casos, atajar el crecimiento de un cáncer. Nos reiríamos con suficiencia si analizamos los cálculos estructurales de los maestros canteros que erigieron suntuosas catedrales en la Edad Media, pero ahí están resistiendo, muchas de ellas; pero no sabemos exactamente, con verdad incontrovertible, cómo se comportan, a nivel microscópico, los materiales a los que confiamos el sostenimiento de nuestros rascacielos, protegiendo nuestros cálculos con mágicos factores de seguridad que encubren nuestras dudas. La cáscara del mejillón, pongo por caso, o el hilo de la tela de araña, guarda secretos que no hemos podido descubrir.

En la filosofía, la historia, la sociología, en todas las disciplinas que llamamos ciencias, mantenemos dudas sustanciales. Es, justamente, esa maraña de dudas la que debiera constituir el núcleo central de la enseñanza académica. Las matemáticas, la mecánica racional, la geometría y otras materias que trabajan con elaboraciones lógicas construidas a partir de postulados concretos construyen importantes edificios muy satisfactorios para la razón. Pero resultan inútiles sino encuentran aplicación sobre entidades reales. Los enamorados de estas ya no tan nuevas tecnologías -me refiero a la informática, la robótica, las telecomunicaciones, la astrofísica, etc.- no pueden ignorar que, ciertamente, mejoran aspectos importantes de nuestra vida (y están enriqueciendo a algunos), pero no mejoran nuestro conocimiento de lo sustancial. Seguimos ignorando quiénes somos, cómo ha sucedido la mutación que nos ha hecho tan vulnerables, por el hecho mismo de habernos dotado de inteligencia y raciocinio.

En esta tarde desapacible de primavera, rodeado de libros y apuntes, ante el ordenador que sirve de vehículo formal a mis elucubraciones, me pregunto si la única verdad incontrovertible es la de mi propia existencia, es decir, mi vulnerabilidad, mi carácter intrínsecamente finito y efímero.

Esa verdad es también la tuya, amigo lector. Si concentro mi atención en el hecho de la existencia, dirijo mi inquietud hacia la introspección (como aconsejan budistas y místicos), esos instantes de densidad, me producen un escalofrío.

Publicado en: Filosofía Etiquetado como: covid, existencia, mentira, personal, vacuna, verdad

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