Al socaire

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Inversión de la política pública y empleo

12 marzo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Hacía bastante tiempo que no sacaba tanto provecho de un almuerzo de esos que llaman de trabajo, en el que, siguiendo costumbres importadas, lo normal es que un conferenciante pagado de sí intente vender su producto ideológico mientras varios comensales no pueden evitar que el ruido de los cubiertos y platos forme parte del mensaje acústico.

Nada que ver con lo que tuve ocasión de disfrutar el 11 de marzo de 2013, en un «almuerzo-debate» organizado por una organización, hasta ese momento, desconocida para mí, por nombre Diálogo, y cuyo logotipo une los colores de las banderas francesa y española.

El artífice de esa sensación fue Jaime Lamo de Espinosa, actualmente presidente de la ANCI (Asociación Nacional de Constructores Independientes), que eligió un tema delicado: «Inversión pública y empleo», y lo resolvió, y ahí estuvo la magia de su discurso, con una propuesta concreta, lo que produjo un debate muy ilustrativo.

Me resultó sorprendente que entre los asistentes no hubiera representantes directos de ninguna de las grandes constructoras de este país. En una de las mesas reservadas por Fertiberia,  patrocinador del acto, se sentó el Secretario de Infraestructuras, Rafael Catalá.

Opina Lamo de Espinosa que el problema que demanda resolución urgente no es la deuda, ni el déficit, sino el paro. Y que, por tanto, es imprescindible adoptar medidas que tengan efectos inmediatos sobre este último. Propone dedicar cantidades concretas -1.000 millones de euros, este año, duplicadas en 2014 y triplicadas en 2015- a reanudar las infraestructuras paralizadas. Además, se deben mantener adecuadamente en uso las ya terminadas, sin descuidar su conservación (se habló de carreteras, depuradoras, salinizadoras, etc.).

Entiende que las inversiones que se realicen en construcción de infraestructuras tienen un efecto multiplicador muy alto. Se crearían entre 30 y 35 empleos directos por cada millón de euros, pero el efecto derivado sería muy superior, pues una reactivación del sector de la construcción tendría repercusiones inmediatas sobre el consumo, la imagen interior y exterior -pues despertaría confianza a las entidades financieras y, sobre todo, a los potenciales inversores, advertir que la curva del paro comienza a frenarse o cambia su tendencia- y supondría el sostenimiento de empresas clave para el país.

Este «mini Plan Marshall» (como fue cariñosamente apodado en el coloquio) encuentra, para el conferenciante, ejemplos similares en al Historia de otros momentos de recesión. La Ley de 1855, en su art. 12 -espero haber anotado bien la referencia- expresaba que para cortar el déficit exterior y disminuir la deuda era necesario activar la inversión pública, y, en concreto, la construcción de infraestructuras.

Defiende Lamo de Espinosa -aunque solo se refirió a ello de refilón en esta conferencia, pero es uno de los temas en los que se ha convertido en un convencido y convincente especialista- que la enajenación de bienes públicos o demaniales inactivos («en manos muertas») ha de servir para la creación de empleo.

La preocupación por la delicada situación del sector de la construcción era evidente entre los asistentes al almuerzo. «Por primera vez en la Historia, el sector no está actuando de forma procíclica, sino anticíclica», había apostillado Lamo de Espinosa, para resaltar que era imprescindible romper esa tendencia antinatural. (1)

——–

(1) En el coloquio, llevado por mi afán intervencionista en todos los foros, pero también, estimulado por las provocadoras ideas del conferenciante, expuse la necesidad de que las inversiones públicas tengan en cuenta, en relación con la generación de empleo, el tipo de especialización que se demanda para realizarlas. Me parecía importante que se tuviera en cuenta la formación profesional de los colectivos afectados, en lugar de pretender su adaptación acelerada a teóricas nuevas circunstancias, que, en muchas ocasiones, se definen con oportunidades ficticias. (Pienso en la pléyade de peluqueros, seudoinformáticos, cocineros, etc. que han salido de las escuelas de formación profesional, sin tener en cuenta ni la orientación preferible ni las tendencias detectadas del mercado laboral).

Aún más: entendía que, para las empresas, la internacionalización puede suponer una necesidad y una manera lógica de mantener la cifra de negocio. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la expatriaciación de los técnicos de alta cualificación no resuelve el problema de empleo del país de origen. Al contrario, puede agravarlo.

Por ello, es imprescindible analizar con profundidad, tanto a corto como a medio plazo, el efecto de la cooperación internacional, y se hace necesario y urgente definir las líneas de especialización propias para la industria y los servicios. La globalización exige combinar con acierto el apoyo en las ventajas diferenciales objetivas propias y la rentabilización de la ayuda a la óptima explotación de los recursos ajenos.

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad Etiquetado como: almuerzo-debate, ANCI, construcción, constructores, Diálogo, empleo, inversión, Lamo de Espinosa, política pública, propuestas

La fórmula de las Cenas Tertulia (Roundtable dinners)

2 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Durante cinco años, a principios del siglo XXI, en el restaurante AlNorte de Madrid celebramos más de cincuenta cenas-tertulia, en las que intervinieron más de trescientas personas de muy variados ámbitos.

La fórmula, desde la primera de ellas, fue siempre la misma. Reunir a un grupo de 20 a 30 personas, en una única gran mesa, mientras cenaban, para que hablaran sobre un tema conocido de antemano, sobre el que se habían enviado unas sugerencias de lo que podrían ser las cuestiones contretas a tratar.

Aunque con el tiempo se consolidaron como fijos una media docena de tertulianos, el resto de los que acudían cada mes a la convocatoria, no se conocían, en muchos casos, personalmente. Se apuntaban a la cena -que tenía lugar, en general, el primer lunes de mes- y se presentaban a las 21h en el restaurante.

Era entonces el momento de los saludos y el primer intercambio de cortesías, en una media hora que servía para dar tiempo a que los rezagados aparecieran. Resultaba curioso constatar que no pocos de los presentes, aunque estuvieran desempeñando parecidas funciones en organismos diferentes o trabajaran en empresas del sector o fueran miembros del claustro universitario (por exponer ejemplos reales), era la primera vez que se trataban directamente.

A las 21h30, todos estaban sentados, y habían sido estratégicamente colocados en la mesa, de forma que quienes tuvieran, en principio, más información o interés sobre los temas pudieran verse de frente y, en todo caso, que el moderador tuviera su situación controlada.

Entre los comensales había siempre (así se procuraba, al menos) una combinación de expertos en el tema, junto a simples interesados en él o curiosos. La concurrencia mezclaba ingenieros, sociólogos, médicos, abogados, gentes sin profesión conocida o virtuosos de otras disciplinas. Posiciones encontradas a veces, al principio; matizadas y comprendidas, al final, casi siempre.

Ninguno de los presentes estaba invitado a disfrutar «gratis» la cena, aunque algunos si lo eran a participar, porque el organizador entendía que era importante contar con su opinión. Nadie declinó jamás su asistencia y no se dió un solo caso en que, al acabar la cena, alguien se quejara.

Los platos que se servían formaban parte de la provocación a hablar, a intercambiar ideas: habían sido elegidos cuidadosamente, tanto en su descripción como en su contenido alimentario para que tuvieran relación con la materia que iba a ser objeto de discusión.

Pero la clave de las cenas tertulia a que me refiero era que no había un ponente, al que hubiera que escuuchar y hacer preguntas. Todos los asistentes lo eran. En una escala de opiniones que el moderador procuraba controlar, éste invitaba sucesivamente a los contertulios, con preguntas o afirmaciones concretas, a veces provocadoras, en otras, interfiriendo con su propia opinión, a que se manifestaran. Las intervenciones cruzadas eran frecuentes, aunque el tener que comer y hablar limitaba, con acierto, los pronunciamientos largos, obligando a que se condensaran.

La secuencia de servicio de los platos (aperitivos, entrada y principal, postre y café) era graduada por el moderador para que coincidiera, si era posible, con un cambio de ritmo en la tertulia, o con la opción de crear una nueva expectativa, o servir para disminuir, en su caso, la tensión que hubiera podido crearse.

A las dos horas de estar sentados en la mesa, la tertulia terminaba como tal. No había conclusiones. Tampoco el final oficial del encuentro suponía que los asistentes tuvieran que marcharse. Al contrario, en los últimos tres años, se abría paso a los juegos de magia, presentados con fino acierto, de acuerdo también con los temas tratados, por un contertulio que tenía esta afición como segunda profesión, y que duraban 20 a 30 minutos más, en un ambiente completamente relajado. (1)

Con las notas que había tomado durante la cena, el moderador realizaba la reseña, que se enviaba a los pocos días a los asistentes, para correcciones o modificaciones, antes de darle difusión en la web del restaurante.

Guardo esas reseñas como oro en paño. Son casi mil páginas de ideas, sugerencias, comentarios, y análisis de la sociedad española contemporánea, realizadas por quienes son sus verdaderos protagonistas; aunque en muchos casos, por circunstancias de la vida o por su misma modestia, puedan haber pasado por anónimos.

Pero eso ya sería otra historia.

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(1) Este Comentario está redactado en tercera persona y pretendía evitar citar nombres. Pero no sería justo dejar de expresar que el mago era el ingeniero de montes Rafael Ceballos Jiménez. De menor importancia es indicar que el moderador y organizador de las cenas tertulias era yo.

Porque para lanzar una idea así sirve cualquiera. Pero para llevarla a cabo y mantenerla hace falta contar con contertulios inteligentes, sabios, nobles y sinceros, y de esos, por fortuna, conté en todas esas cenas-tertulia.

Razón por la cual somos muchos las que las añoramos hoy en día, y pensamos que es una fórmula estupenda para que en este país se hable, se escuche, se contrasten ideas, sobre todo, entre los que saben y los que tienen responsabilidades. Y lo hagan, mientras cenan, evitando confrontaciones estériles y, en especial, recurrir a lugares comunes, a referencias baldías. Necesitamos tranquilidad e ideas, para avanzar.

Publicado en: Economía, Sociedad Etiquetado como: acta, Ceballos, cenas-tertulia, difusión, discusión, entendimiento, fórmula, guión, magia, menú, moderador, provocación, round-tablel dinners, talk-show, tertulias

Mejorando el rendimiento del Sistema (Improving the System Performance)

25 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

En un comentario anterior, he tratado de hacer ver que la obsesión por detectar la totalidad de los fallos o defectos de nuestro sistema operativo, puede satisfacer momentáneamente los deseos populares -y populacheros- de lograr más claridad, y incluso, para algunos, excitarían los ánimos de revancha (que son ajenos a la justicia y, sobre todo, a la economía), pero no mejoraría la situación en cuanto a la efectividad de aquél.

Al contrario: cuanto mayor sea la presión focalizada hacia algún sospechoso, todo irá seguramente a peor, (1) , debido a que se está falseando la verdadera naturaleza del mal. Los presuntos infractores cuyo juicio concentra ahora el interérs mediático, no han sido descubiertos en su posible -casi segura- irregularidad gracias al método de la inspección, o al buen funcionamiento de los sistemas de control, sino por casualidad.

Y es esa anómala circunstancia la que permite poner en duda la solvencia total del sistema para autocorregirse y el riesgo de quedarnos, en el podado de las ramas dañadas, solo con la tijera. La persecución de unos pocos, descubiertos por azar o la acusación de alguno de sus cómplices cogido en falta, podrá servir, en su momento, como catarsis parcial, alivio momentáneo al imaginar  que se han detectado a los culpables del mal que nos aflige, pero no garantiza (en absoluto) que se hayan atrapado a los más dañinos, ni supone mejorar, al apartarlos, la actual ni la futura honestidad del sistema, ni quedará mejorada la competititividad ni la producción o el consumo, ni se logrará, por ello, el aumento del bienestar común.

Como reacción natural, el sistema se contraerá, al incrementarse la incomodidad y recelos en los espacios de los que se saben también pecadores, temiendo llegue el momento en que alguien (¡traidor!) los delate, para salvar su pellejo o aturdido por el contagio justiciero.

Seguramente, poco más pasará. Y si así sucede, como ya sucedió en otros casos,  todo acabará cerrándose con sobreseimientos, acusaciones recíprocas, confusión generalizada y dos o tres chivos expiatorios pasando un período en la cárcel (suficiente para que escriban uns confusas memorias que se convertirán en ininteligible bestseller). En suma, el efecto se diluirá, las aguas volverán a sus cauces turbios,  provocando tal vez mayor prudencia en las actuaciones de algunos (que delegarán responsabilidades eventuales a los escalones inferiores de la pirámide de decisiones, con códigos éticos para salvar su tipo) y, en poco tiempo, aumentará la evasión y la acumulación del lujo y el despilfarro, se hará más profunda y soez la corrupción, y aparecerán nuevos mecanismos de infracción (técnicos, económicos, jurídicos) que resulten menos detectables a la inspección oficial, incluso lícitos, todo ello con una disminución de la actividad real, aumentando la dosis de la subterránea y opaca.

La clave, en mi opinión , ha de buscarse en otro lado.

Porque no somos tan especiales los españoles, o los portugueses, los italianos o los griegos: no estamos solos en el pecado, sino muy bien acompañados. El modelo capitalista internacional está estructuralmente corrupto, porque es su modo óptimo de sobrevivir. Ha nacido con vocación de corromper, por su propia esencia. No caigamos en la ingenuidad de suponer que las empresas o instituciones con sede en otros países no utilizan las mismas o parecidas artimañas; no nos creamos las clasificaciones internacionales de transparencia, porque no distinguen entre corruptos y corruptores y están hechas desde la posición de los que dominan las artes de la ocultación.

Nuestra tendencia hispana a imaginarnos originales y hasta exacerbados incluso en el pecado, corresponde a un complejo de inferioridad quasi-infantil, que se potencia por declaraciones de quienes están a cargo del sistema, se difunde por la prensa y se apoya en la opinión pública, alimentada y conducida como rebaño. Es la sociedad líquida: de líquido espeso y maloliente.

Y es que, además, si se me permite el malévolo argumento, la existencia de un porcentaje de economía sumergida es bueno para el sistema, pues alivia tensiones que la economía oficial no sabría corregir y distribuye medios de subsistencia en los sectores más bajos de la sociedad (además de beneficiar a algunos tiburones). Sucede como en los sistemas de abastecimiento y saneamiento de agua en las ciudades: un 15 a 25% de pérdidas de líquido es, no solo inevitable, sino ventajoso, pues ese agua es devuelta al terreno, sirve para recargar los acuíferos y reeequilibra el nivel freático.

Se debe valorar también la importancia del efecto perverso del envenenamiento de los principales controles y agentes sobre el resto: hay que admitir que todo estará más o menos contaminado, y un afán inquisidor sobre la totalidad, llenaría los juzgados de procesados, las cárceles de internos y paralizaría o deterioraría aún más la economía, perjudicando la imagen exterior (cínica) de forma brutal.

El descabezamiento de algunos o todos de los principales malfactores del sistema (si pudiéramos ver por una rendija qué ambiente se respira, de verdad, en los sancta santorum de empresas, sindicatos, partidos políticos…), al carecer de sustituto de igual tamaño, teóricamente limpio de culpa, acabará arrastrando la caída de amplios sectores productivos , o, como efecto indeseable también, solo conseguiráque el hueco sea aprovechado como oportunidad por otro agente de la misma catadura.

No veo en la modificación profunda de la Constitución ninguna ventaja especial. Cambiar algunos artículos de la Carta magna puede tener un efecto de distracción (saludable, en este momento), pero sería inocuo. Hay que concentrar los esfuerzos en intensificar la cooperación y el diálogo constructivo entre todos los agentes, especialmente los que crean empleo, y representantes de la sociedad civil.

Ni siquiera me detendría mucho en aumentar las medidas de control o la inspección: la ética debe ser norma de actuación general y, por ello, hay que confiar que el sistema alcance su equilibrio a niveles éticos adecuados parra su funcionamiento, porque la ética universal no se impone. Lo que sí hay que incorporar es la solidaridad, analizando el modelo económico y sus objetivos sociales,

Es necesario un pacto del empresariado con el Estado, esto es, con la sociedad. Y ahí tenemos un grae déficit, por dejadez, ignorancia, y falta de formación práctica de políticos, funcionarios y agentes de control. También, por interés, desidia, y ausencia de solidaridad de los agentes de producción y económicos.

Hay que construir urgentemente ese diálogo efectivo, hacerlo transparente, y forzar a que la imagen del empresario sea moderna, comprometida, constructiva. No es tolerable que los ejecutivos de las grandes empresas de este país tengan sueldos que a la inmensa mayoría de sus conciudadanos les parezcan cosa de fantasía. Hay que incorporar representantes efectivos (no floreros) a los consejos de administración de las empresas de mayor facturación y empleo, que garanticen el cumplimiento de objetivos sociales, pero, también, que sirvan para dotar de credibilidad total a su funcionamiento.

Estamos en tiempo de descuento, pero el partido se está jugando todavía.

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(1) A lo que contribuyen, con actuaciones que no están libres de pecado,  la lentitud de la Justicia y la obstaculización procesal de las defensas,  frente a los juicios sumarísimos de los Telediarios.

Publicado en: Economía, Empresa, Política Etiquetado como: capitalista, economía, empresa, estado, medidas, papcto, performance, política, recuperación, reforma, rendimiento, sistema, system, tiempo de descuento

Explorando alternativas (Start the alternatives Explorer)

24 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Es hora de que dediquemos tiempo a explorar alternativas de solución a los problemas que ya tenemos perfectamente detectados. El sistema no funciona, y como hacemos cuando el ordenador detecta dificultades de comunicación con las redes disponibles -de las que tanto dependemos-, se nos ofrece la opción de dejar que el propio programa encuentre soluciones.

Por fortuna para los usuarios, la mayor parte de las veces, después de misteriosas comprobaciones, el asunto queda resuelto de forma automática (1). Sin embargo, hay una posibilidad fatídica de que el programa de chequeo interno nos ordene «consultar al administrador» , que, como somos nosotros mismos, equivale a «no encuentro solución», y hay que ir con el aparato debajo del brazo a un experto para que nos saque del apuro o nos proponga reformatear el disco duro, cuando no, comprar un equipo nuevo.

Dejando a un lado la metáfora informática, tenemos que decidir entre Transición o resetear. Los más prudentes, de entre los que apuestan por el cambio, hablan de la necesidad de una Transición (la Segunda o la Tercera desde 1978, según cómo lo miren).

Los más inquietos o desanimados, abogan por Volver a empezar. Al menos, en varias cuestiones fundamentales. Que repaso con el lector:

1. Control empresarial. El descubrimiento de que elementos principales de la cúpula empresarial (incluída la bancaria) dedicaban una parte sustancial de sus esfuerzos a hacer trampas al sistema, no puede quedar sin consecuencias para los infractores, pero tampoco debe engañarnos a todos. Tenemos elementos suficientes para sospechar que todo el sistema está corrupto. Que, cada uno a su escala, viene haciendo trampas a la Hacienda Pública. Generando facturas falsas, contratando trabajadores a los que paga una parte del salario en dinero b, mintiendo respecto a los objetivos, las relaciones internas o externas con el resto de los llamados poderes fácticos, etc. Quedaría así explicado, por fin, por qué los directivos de las grandes empresas ganan tanto, porqué algunos propietarios o ejecutivos de entidades de aparente escasa entidad disponen de casas o vehículos aparatosos o realizan viajes de placer muy costosos. con cargo a ingresos desconocidos. Por supuesto, el control social, la inspección fiscal, las posibilidades de denuncia de colegas, vecinos o conocidos de los miles de privilegiados por el sistema, está fallando.

2. Control político. No necesitamos que los líderes políticos de los principales partidos que dicen representar a la ciudadanía se pongan más colorados, ni que busquen, con su reconocida labia para bordear las zonas de peligro, que no sabían de las fórmulas extracontables de generación de dineros para sus entidades y recompensar así a sus líderes o militantes con sobresueldos. Los síntomas son suficientemente evidentes; los silencios  (o los balbuceos pretediendo dar explicaciones), expresivos; la falta de vigor en la denuncia, bastante, para que entendamos que todos, quien más quien menos, se encuentran atascados en la mierda. Habrá culpables mayores o menores, pero la cuestión, en su caso, sería detectar grados de incumplimiento de lo establecido legalmente, no quién está totalmente libre de culpa (aunque sería un alivio que hubiera partidos en esa situación, y no solo los recién constituídos, aún libres de pecado).

3. Control de la Jefatura del Estado. Podemos estar lamentando durante unos años o décadas más que la institución monárquica, que ha cumplido (decimos todos) tan importantes misiones para evitar la segunda guerra civil del siglo XX o una restauración de la dictadura militar, haya demostrado tener los pies del barro de los demás mortales. Ovejas más o menos negras hay en todos los rebaños. Pero también aquí el meollo de la cuestión no es aislar a un miembro del clan para lancearlo. Lo principal es atender al fondo: reconocer que tenemos una familia monárquica relativamente pobre (comparémosla con la británica o…con la casa de Alba), ambiciosa, como es lógico en un sistema capitalista , en mejorar rápidamente en eso del dinero (nunca se sabe si vendrán mal dadas a la primera de cambio, que ejemplos hay muy próximos), bien relacionada con los poderes fácticos y con imagen mítica para el pueblo llano, proclive a la santificación al primer milagro que se le atribuya al beato. Y, como elemento complementario, digno de una reflexión igualitaria, la República nos ha funcionado bastante mal, porque nos han faltado líderes agultinadores que saltaran por encima de las dos facciones en que se ha dividido siempre el país. La Tercera República no tiene visos de funcionar mejor, con los elementos que están a la vista. No me tranquilizan esos tipos que enarbolan banderas que no tienen el soporte de una ideología o de propuestas sólidas. Y en todo, caso, se precisaría consolidar líderes con capacidad de dirigirla, de los que no se dispone y se tardará en encontrarlos, en convertirlos en motor (si es que no los asesinan antes). Lo único que hay cierto es el descontento, las ganas de cambio, la necesidad, también, de cambiar.

4. Financiación del estado social. Es un elemento clave. En realidad, el objetivo de todo cambio. Conseguir recuperar empleo suficiente para garantizar la tranquilidad popular, mantener las prestaciones sanitarias, educativas, asistenciales en general. Hay que ser muy fino en definir cómo sostener la calidad y, sobre todo, cómo se va a financiar, hoy y en el futuro. Las cifras no pueden ser improvisadas, ni elucubraciones de supuestos experto. Tienen que ser proporcionadas desde la función pública. Y, claro está, no es creíble que la gestión privada sea mejor que la pública; ni tampoco al revés. Lo que es insustituíble es que el control sea bueno, y sea público.

Con estos elementos a la vista, creo que necesitamos un período de intensa reflexión, en la que no deberíamos dar demasiada importancia (es decir, no toda la importancia) a los casos descubiertos y admitir que, por lo que sea (nuestra propia tendencia colectiva a trampear y, en mi opìnión particular, a no ser finos en ello, a descidar la ocultación de los engaños) estamos pillados en una encrucijada que nos obliga a ser espléndidos en el perdón con nosotros mismos.

Difícil situación, sin duda. «Siento lo que ha pasado. No volverá a ocurrir«, puede ser una frase que empiece a prodigarse. Pero cabe preguntar: ¿Seguro? ¿Quién lo garantiza? Y, sobre todo,  ¿Cómo podríamos evitar que vuelva a suceder?

No tengo todas las respuestas. Pero estoy convencido que, entre todos, las obtendremos todas. Sin necesidad, en mi opinión, de tener que reformatear o resetear el sistema.

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(1) Aunque no quiero llevar la comparación innecesariamente lejos, el atractivo del símil es alto, Por ejemplo, una vez que el sistema no propone elegir entre varias soluciones y, aceptada por el usuario una de ellas, el programa de autocontrol detecta que el problema parece resuelto, pregunta al lego funcional, pero, al fin y al cabo, responsable racional y propietario del equipo  algo parecido a ésto: «¿Cree que el programa de búsqueda de soluciones le ha sido útil? Ayúdenos a mejorarlo dándonos su opinión.»

Publicado en: Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: bancos, banderas, económicos, educación, empresas, entidades financieras, estado social, justicia, Monarquía, problemas, República, resetear, sanidad, sistema, sociales, tercera transición, Universidad

Historias mínimas

23 febrero, 2013 By amarias2013 4 comentarios

Mientras hago cola para que me atienda el pescadero -tengo el número 78 y acaban de vocear el 56-, una señora a la que no conozco de nada (abrigo de paño negro algo ajado y zapatillas de andar por casa) me dice espontáneamente que «si fuera más joven, me marcharía al extranjero«.

Completa el análisis con la confesión de que «la pensión no me da para vivir«, a lo que, mostrándome comprensivo, asiento, y, sin pretender saltarme el turno, solo a efectos de información, le pregunto al tendero si la merluza viene con anisakis y me contesta con aire cansado que «todas lo tienen«.

La señora del abrigo no me abandona, y me cuenta que ella comprará bacaladitas, que son baratas y que a su marido le gustan fritas rebozadas en harina, y que nunca les ha encontrado gusanos, ni tampoco a las sardinillas ni a las platijas. «Al menos, por ahora».

Tengo claro que sus reflexiones no pretenden estimularme a que coja el petate y me vaya rumbo adelante a probar fortuna en las américas, ni me está recomendando que compre un pescado concreto, sino que es una manera simple de hilar la hebra con un desconocido. Antes, se hablaba del tiempo y ahora, de la crisis y de los gusanos que se han instalado en la merluza atlántica, hundiéndole valor y precio, que ya nadie la quiere ni para un sofrito.

Estoy callado un rato, pero, como creo que debo responder a la confianza ajena alimentando  la conversación, mientras observo lo lento que avanza el turno (lo achaco a un prejubilado está comprando ingredientes de manual para una paella mínima, que se le deberían pesar en una balanza de precisión), le pregunto a mi nueva amiga si tiene hijos y me contesta sin recelo que tiene dos: el varón, es catedrático de universidad en física atómica y la niña (que deduzco por la edad de mi interlocutora ocasional que ha debido abandonar la infancia hace ya varias décadas) es juez de primera instancia en Badajoz o Teruel, no estoy seguro.

Calibro con aires de inspector de la troika la frescura del producto expuesto en el mostrador, pero me estoy imaginando a los dos funcionarios  retoños de la anciana haciendo huelga reinvidicativa, cada uno en su dominio del hecho, expresando ante la opinión pública (que es la manera de no dejarlas caer en saco roto) sus pretensiones particulares de mejora de la Universidad y de la Justicia.

Una media hora después, el pescadero me ha limpiado y pelado los lomos de la palometa negra que voy a convertir en cachopos de pescado y, en el ínterin, he vuelto a regalar a mis compañeros de espera (lo hago siempre), con un análisis pedante sobre la decadencia en la credibilidad de todos los stake holders patrios (así dije), desde la monarquía a la banca, pasando por empresas y partidos, y sin que haya dejado libre ni al zapatero de la esquina, que, incomprensiblemente, me ha perdido un cordón del zapato que compré en las rebajas de Milano, que le confié para que le pusiera mediasuelas.

El ojo avizor del representante de la multinacional que es dueña de la cadena de supermercados debió estar observándome, porque la chica de la caja, ha mirado y remirado el billete de cincuenta euros que le entregué para pagar la compra, pasándolo incluso por una máquina de detectar billetes falsos. No solo eso: me ha hecho abrir la bolsa de deporte en la que había guardado los libros que saqué de la biblioteca pública, advirtiéndome, con tono serio, que la próxima vez debo dejarla en consigna.

Ya en la calle, con mi aspecto de buena persona incapaz de romper un plato sin pagar por los desperfectos, ví al pasar ante un escaparate de electrodomésticos que la televisión presentaba la implacable persecución periodística de varias personas que hasta ayer mismos habían sido respetables y que ahora se encontraban encausadas por delitos cuyo tipo penal respondería a un solo propósito: aprovecharse de las ventajas de su posición para apropiarse de lo ajeno.

Todos los perseguidos por la curiosidad periodística huyen como pueden del asedio, sin decir esta boca es mía, aunque a veces, por la presión, se les escapa algún gesto expresivo o una palabra malsonante, pero, en general, me recuerdan a las tomas nocturnas de los animales de las reservas del Serengueti, que parecen irreales, brillantes los ojos por el miedo de haber sido sorpendidos haciendo lo que les es propio (Por cierto: no los llamaría alimañas, solo cumplen con su naturaleza).

El resto del camino de vuelta a casa, con los lomos de palometa y los tres libros (que debo devolver sin falta antes de que cumpla el mes o me castigarán anulándome el carné por el doble de días que superen la fecha límite), no pude quitarme de la cabeza que la gente normal y cumplidora de nuestra sociedad estamoos acostumbrados a que comprueben nuestra honestidad a cada paso, y sufrimos la investigación resignadamente, como un mal necesario (nos casi despelotamos ante los detectores de metal de cualquier aeropuerto, dejamos en la consigna del museo la cámara de fotos y el paraguas, pagamos una hora por los cinco minutos en que dejamos aparcado el coche para recoger al chiquillo,  pedimos perdón para que nos atiendan lo más rápido posible en el pasillo de espera del hospital en donde se retuerce de dolor nuestra parienta desde hace tres horas, pagamos la matrícula del chaval por unos estudios que no van a servirle ni para cobrar el paro, …)  .

No parecemos habernos dado cuenta de que esta labor de estricta vigilancia del cumplimiento de nuestros deberes y obligaciones (algunas inventadas) ese es el método seguido por el sistema para mantener ocupados a los inspectores y guardianes del centeno y de la caja pequeña de los dineros públicos, permitiendo que se escapen los peces gordos, por otras puertas y con otras cajas, y  que solo se verán sometidos a controles cuando, por azar, caigan en las redes que pretendían pescar  especies desprotegidas o como resultado de instrucciones misteriosas.

Es entonces cuando comprobamos, al verlos expuestos en la pescadería de la justicia repentina, al abrir sus entrañas, que sus estómagos estaban llenos de gusanos, y nos preguntamos, inquietos con razón, si los habitantes más gruesos del mar económico no estarán todos contaminados, podres por dentro.

¿Y qué haremos, entonces con ellos? ¿Les perdonamos, les damos otra oportunidad de mentirnos, olvidamos cuanto han hecho, los tiramos a la basura? ¿Nos dejamos convencer de que son inocentes, de que no sabían que lo que hacían era malo, o, aún peor, asumimos que la culpa es nuestra, por no haberlos vigilado?

Tengo la impresión de que estas historias que ahora estamos descubriendo me van a hacer cambiar el gusto por el pescado. Encima, hay quienes se asombran de que las hamburguesas contengan trazas de caballo. Que investiguen primero si no estamos siendo alimentados con piedras de molino.

Publicado en: Economía, Sociedad Etiquetado como: anciana, anisakis, crisis, economía, gusano, merluza, palometa, pescadería, piedras de molino, trampas

Un 23-F para Felipe

19 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Un fantasma recorre Europa, el fantasma del pesimismo.

Convertido en referencia estructural, aflora en cualquier momento, porque parece haberse instalado para quedarse. Empaña las relaciones multilaterales, compromete la política interior de los Estados, empequeñece las actuaciones exteriores, impide llegar a acuerdos.

Y en los países más vulnerables, deja su ancha huella en aumento veloz de las desigualdades, despidos masivos, huelgas y algaradas, manifestaciones con represiones policiales violentas, inseguridad ciudadana, quiebras empresariales y ruina de familias.

Alguien con sentido del humor perverso recogió bajo la advocación de PIGS (Portugal, Italia, Grecia y Spain) a los miembros de la falsa comunidad europea con mayores dificultades para sostener su economía, convirtiendo sus iniciales en regla nemotécnica.

Me resulta curioso que el cerdo sea, en realidad, el animal que ha salvado de la hambruna a los países de centro Europa, y especialmente los que forman Alemania, convertido en plato nacional. El cerdo es también venerado en España con ribetes míticos, y hemos distinguido sus carnes con tratamientos sofisticados y adecuadas terminologías que le dan valor en los mercados y en los paladares.

En la aplicación del principio del sálvese el que pueda, los PIGS están perfilando diversas estrategias, que van desde el Caos Calmo (1) de Italia a la Trago dia griega. En Portugal, la nostalgia de una vuelta a comenzar desde donde perdimos el rumbo, está obteniendo el apoyo de grupos juveniles que reclaman a gritos una nueva «Revolución de los claveles», aquél alzamiento militar izquierdista que el 25 de abril de 1974 acabó con una dictadura casi gemela, en tiempo y conceptos, de la coetánea española.

La situación actual me resulta tan apestosa que apenas me interesan las noticias. Ni siquiera las llamaría noticias, porque las considero puntas de icebergs que estaban en el camino de nuestra transición, esto es, de nuestra singladura. Estaban allí, y el que ahora sean señaladas con entusiasmo en las cartas de navegación construídas de urgencia para ser vendidas con alborozo en los kioscos, no las convierte en noticia. Han sucedido hace tiempo, forman parte del mar plagado de escollos por donde tenemos que transitar.

Y cuando estaba escribiendo ésto, próximo al 23 de febrero, me acordé de repente que la monarquía de SM el rey Juan Carlos adquirió ese día de 1981, según acordaron a posteori todos los vocingleros, respeto y validación democrática, por su comportamiento firme para atajar la revuelta de algunos generales que empujaron a la gloria efímera y al descrédito seguro a un coronel desquiciado por haber bebido demasiado licor de amor patrio.

Entonces, me asaltó un escalofrío. ¿Será posible que alguien esté buscando para el Príncipe Felipe su 23-F?

—

(1) Vea el lector en esta referencia un tributo subliminal a la estupenda película de Antonello Grimaldi (2008).

Publicado en: Economía, Europa Etiquetado como: 23-F, Alemania, cerdo, dio., Europa, Grecia, Italia, jamón, mercado, PIGS, Portugal, Príncipe Felipe, revolución de los claveles, trago

Visita a los talleres de creación de valor

17 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Hace algunos años que el doctrinario para alimentación cultural colectiva y, en especial, el catecismo empresarial, incorporó la «creación de valor» como objetivo.

Pocos son, desde entonces, los dirigentes que, cuando la ocasión les parece propicia para explicar a qué se dedican sus entidades, no se acogen a la oscura expresión de encontrarse creando valor: para el accionista, para el empresario, para la sociedad.

Lo que no he escuchado aún salir de una boca bienaventurada es que su auténtica satisfacción pudiera limitarse a tener éxito en crear valor para sí mismo; aunque sospecho que no son pocos los que encuentran en la autovaloración de estar haciéndolo mejor que cualquier otro y, sobre todo, en los buenos dineros que les acarrea, la medida fiel de su trabajo por el resto de la Humanidad, situada varios palmos más abajo.

He imaginado una incursión por los terrenos de la creación de valor, a la manera como Dante se aventuró en el averno. Y, tratando de ser sistemático, he dividido las dependencias de esa fábrica imaginaria, en cinco talleres de actividad.

En el taller primero, se hallan disfrutando de sus iniciativas, los que explotan los recursos naturales de países o zonas más atrasadas tecnológicamente, con legislaciones más permisivas o administraciones más complacientes. Su desplazamiento es continuo por el planeta, como las langostas, puesto que cuando agotan o creen haber agotado una zona, se desplazan a otra de inmediato, que no tardan en dejar monda y lironda.

En el taller segundo, se encuentran los generadores de burbujas, ocupados febrilmente en inflar los globos de sus ambiciones por los terrenos de la necesidad de sus congéneres, imaginando de continuo, bajo la fórmula infalible de las estafas piramidales, falseadas perspectivas de enriquecimiento ajeno, cuando en realidad, solo es seguro el beneficio propio, que sabrán poner a buen recaudo en paraísos fiscales, que es donde acumulan el valor que otros han creado, convertido en su riqueza.

En el tercer taller, se encuentran los corruptores y corruptos, enmarañados en sus propias creaciones y construcciones fantasiosas realizadas con los trozos que han restado al exacto cumplimiento de las necesidades colectivas, alimentadas las ambiciones personales de unos y otros a base de dineros provinientes de las arcas  públicas (aunque tampoco se desdeñan las aportaciones privadas), dejando visibles huellas de su paso por la realidad en forma de estructuras fallidas (junto a otras innecesarias o inútiles) y, solo si nos fijamos atentamente, por la estela menos evidente que delata el trasiego de los dineros ciertos circulando sobre falsos motivos.

En el cuarto taller, hallamos los centros de investigación, los laboratorios y fundaciones públicos, departamentos univesitarios y de Escuelas Técnicas, entre otros variopintos organismos, que conforman sitios peculiares en donde se entregan a su actividad jóvenes y no tan jóvenes obsesionados por hacer crecer alguna nueva tecnología, y cuyos motivos personales son tan variados casi como tantos cuantos individuos fueran consultados . La mayor parte del trabajo no se dedica a la creación de valor sensu escrictu, sino a la producción literaria. Pero es sintomático ver cómo cuando algunos de esos equipos o individualidades, -pocos y muy de tarde en tarde-,  tienen éxito real en sus investigaciones, casi al mismo instante del hallazgo, el resultado le es arrebatado o adquirido por cuatro perras, por entidades más poderosas, que, siguiendo sus propios criterios de creación de valor, deciden implacables  sobre la oportunidad de convertirlos en objeto de mercado o, frecuentemente, en mera pieza de estantería.

En fin, en el quinto taller, en la zona más baja y oscura del infierno de la creación de valor, se encuentran miles de personas trabajando cada una en su covacha, frecuentemente con los ojos y parte de los cerebros extraviados por no poder conciliar el sueño debido a la tensión, que se afanan, de forma que se podría juzgar fantasmagórica, por encontrar la manera de generar un minimo de la sustancia que les permite subsistir. Están juntos, pero actúan aislados. Pocos de entre ellos, como los galimpeiros del cuento real, encuentran de pronto una piedra distinta, una fórmula genial , una idea feliz -casi siempre, por casualidad-. Si tienen suerte de superar los controles de salida del taller, podrán aparecer con su gema a la luz, fuera de las ficciones de creación de valor, y deberán echar a correr como si huyeran del diablo, porque les perseguirán para controlarlos y devolverlos al redil.

Cuando acostumbren sus ojos para distinguir los nuevos objetos,  se sorprenderán al advertir que fuera de los talleres que les habían mantenido tan obsesionados, está la luz. Y allí, en aquel espacio de virtud, es donde se desarrollan los proyectos que van conformando a Utopia, la ciudad de la solidaridad y la verdad, la tierra en donde no preocupa el objetivo de la creación de valor, porque, en realidad, solo tienen sitio en ella los que tienen valor por sí mismos y lo ponen al servicio de los demás, que lo reconocen y premian.

No está en la acumulación desmedida de dinero, ni en el lujo abominable, ni en la ostentación lujuriosa, ni en la deslealtad, ni en la explotación de la necesidad de otros.

Publicado en: Economía, Empresa, Sociedad Etiquetado como: burbujas, creación de valor, empresa, mito, responsabilidad, solidaridad, talleres, trabajo

Rayos en la cúpula

14 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Poco después de que  S.S. El Papa Benedicto XVI anunciara su decisión de retirarse de la tarea de Representante de Dios en la Tierra, (el 12.2.2013), un rayo cayó sobre la Cúpula de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.

Sin atreverse a hacer un análisis completo de la coincidencia, algunos expertos en cuestiones vaticanas pusieron, desde luego, de manifiesto, esa circunstancia, dejando abierto el camino para su interpretación simbólica.

En la misma fecha, el vicepresidente de la patronal madrileña, el idealizado empresario Arturo Fernández, se veía colocado en la difícil tesitura de tener que responder ante la acusación que algunos de los empleados de su imperio restaurador –Cantoblanco- habían lanzado a la voracidad periodística: una parte del sueldo que recibían lo era en dinero negro. Y esa era la práctica, indicaban, normal con los miles de trabajadores del grupo.

Como al día siguiente tenía lugar en Madrid la reunión de la CEOE, que son las siglas del cónclave que realizan periódicamente los jerarcas de la doctrina mercantil, se especulaba sobre la dimisión del Fernández.

No fue así. El empresario, que admitió la posibilidad de que, en una empresa tan compleja, se le pudiera escapar algún dinerillo por la parte equivocada, solo expresó que se tomaba «un tiempo para reflexionar. Reflexionar es solo éso, reflexión. Puede ser corta o más larga».

Se trastoca así, en el campo de los asuntos terrenos, el orden de las cosas seguido por las que atañen al espíritu: el rayo cae sobre la cúpula antes de que se produzca la dimisión. Y los fieles del mercado se recogen, entre tanto, en su paz interior, repitiendo las oraciones comunes, por las que tantas veces agradecieron o imploraron mercedes, como este Padrenuestro ácrata: «Tiene talento, coraje, espíritu de sacrificio, creatividad, y sentido de la oportunidad, y sabe hacerlo con menor precio que los demás» (2)

Nadie ve riesgo para la Iglesia católica con la dimisión de su máximo representante. Tampoco se advierte incertidumbre que asole, inquiete ni preocupe al sector empresarial, aunque broten, múltiples, las especulaciones sobre la forma de solventar este delicado momento. Se prepara, sin duda, una cruzada redentora contra el infiel, anatematizando su desvarío,  provocado, se sospecha en la curia, por apóstatas y herejes poseídos por el demonio de la verdad.

Dios nos coja a todos confesados, (o protegidos por dilectos pararayos) mientras la tormenta arrecia. Los que estén en descampado o en bosque espeso, recuerden que la mejor protección no se consigue bajo el árbol más alto, ni corriendo, alocados, de un sitio a otro por lo llano, sino pegándose bien contra la tierra y apartando de sí cualquier objeto metálico, hasta que la calma vuelva a campar por los respetos.

—–

(1) Se observará que, aunque el idioma de la declaración fue el español, la inteligibilidad resulta equiparable a la del mensaje papal, que se expresó en latín. En el caso vaticano, solo una periodista, que conservaba frescas las enseñanzas de las lenguas clásicas, pudo entender lo que S.S. decía, en tiempo real. En el caso madrileño, se debe esperar a que la inspección fiscal progrese para conocer el alcance de la declaración.

(2) Alabanza o prez de la que fue autora Esperanza Aguirre, entonces Presidenta de la Comunidad de Madrid, el 7 de febrero de 2012, en el IV Congreso Internacional de la Excelencia. Las palabras iban dirigidas a glosar las cualidades de los propietarios de Cervezas La Cibeles y Viena Capellanes, premiados en aquel evento y que, en agradecida correspondencia, asumieron el coste del cátering.

Publicado en: Economía, Empresa Etiquetado como: Arturo Fernández, Benedicto XVI, Cantoblanco, cátering. Cervezas, CEOE, dimisión, economía sumergida, La Cibeles, negro, pagos, rayos, restauración, tormenta, Vaticano, Viena Capellanes

El Club de la Tragedia: Lo vemos todo en negro

11 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Sabíamos que existía la economía sumergida, que es, para un estado democrático, como la polilla a los trajes que llevan tiempo sin ser utilizados. Pero, últimamente, como en la canción de los Rolling Stones, no sé que pasa que lo veo todo en negro. (1)

Se van perfilando en esta Tragedia con guión improvisado (desde el punto de vista del entretenimiento, estas representaciones sin libreto son óptimas como divertimento, porque mantienen la atención y tensión de los espectadores hasta el final, pues en cualquier momento pueden cualquiera de ellos ser llamado al escenario para que interprete su número) tres tipos de actitudes:

1) La de los que han sido pillados en falta, cuya actuación queda limitada a guardar silencio en lo básico y confiar en la marcha de la Justicia (es decir, en que se embrolle todo el asunto, se extravíen folios sustanciales del proceso,  transcurran los plazos hasta prescripción o agotamiento y, en fin, se acabe olvidando el asunto sin que haya Sentencia condenatoria, aunque se hayan convertido las evidencias en abrumadoras)

2) La de los que cometieron los mismos pecados que los que se encuentran en dificultades para guardar su ropa  (nadie mejor que ellos lo sabe, claro), y que tratarán de mantener en tonos altos perfiles muy bajos, negando la mayor con rotundidad,  cuando, a pesar de su intención de escabullirse, se vean forzados a dar su opinión y dedicarán todo su esfuerzo y oraciones a apoyar que pase el chaparrón sin que los chuzos caídos de punta les dén en la cabeza, con el ytúmás o amíquémecuentas o yonofuí-

3) La de los que se beneficiaron colateralmente de los efectos de la situación por la que otros ahora penan, que, o mucho me equivoco, o pueden llegar a constituir, si se hace abstracción de cuantías,  prácticamente toda la población: trabajadores que cobraron sobresueldos, durante años, y que no los declararon al Fisco ni denunciaron por esa prácctica a sus empleadores; proveedores y clientes de empresarios muy activos -claves para nuestra economía-, que se ahorraron el iva por facturas que no existieron jamás, o -sensu contrario- crearon facturas sobre entregas inexistentes; militantes y simpatizantes de partidos que se encontraron con gratificaciones para las que no tuvieron que firman un recibí; marineros, payasos, criados, técnicos, albañiles, prelados,… que recogieron los frutos de evasiones fiscales sin preguntarse de dónde procedían los dineros.

Las formas de generar y tratar dinero opaco son infinitas, y las principales, más o menos conocidas (y advertidas) por cualquier ciudadano, probo o no. Y seguro que, siendo tan extensas, en algún momento, se ha beneficiado de ellas.

Hay algo en este proceso de presunta (pero falsa) clarificación que no me está gustando nada. Es la predilección con la que, especialmente en algunos medios, se dirigen los tiros preferentemente contra algunas personas de la acera contraria, levantando una gran polvareda de escándalo, que puede hacer parecer que las culpas no están en todos lados.

Puede que esté llegando la hora de una expiación colectiva. Podría hacerse mediante la fórmula aceptable de mandar a galeras a los que más hayan pecado, si fueramos capaces de descubrirlos, sin equivocarnos, como suele suceder, … haciendo pagar las culpas a los intermediarios de los que lo mueven todo desde arriba.

Eso de poner el grito en el cielo cada vez que, por lo que sea -el o ellos sabrán-, alguien nos sitúa a un presunto pecador en la picota, suena a puro cinismo. Pero, además, me hace temer que corremos el riesgo de que, mientras andamos de aquí para allá dando alaridos de (falsa) sorpresa, otros más hábiles nos estarán arrebatando la comida del plato. Que no hablamos de honor ni de ética, que en este mundo pecador, la cuestión va de destrezas.

—

(1) La letra que hemos coreado millones de adolescentes en los 60 era la versión de Los salvajes, y a la que rindo aquí tributo.

Publicado en: Economía Etiquetado como: caja B, dinero negro, economía sumergida, Los Salajes, negro, Rolling Stones

Jugando con globos: la próxima burbuja

10 febrero, 2013 By amarias2013 4 comentarios

Ahora que sabemos, como beneficio colateral de la extraña filtración de los papeles falsos de un extesorero del PP, que el presidente del Gobierno español ingresa anualmente apenas algo más del 1% de lo que gana, en el mismo país, un jugador de élite como Ronaldo, el terreno parece propicio para preguntarse cuándo estallará la burbuja futbolera.

Y como ha sucedido con la explosión de burbujas precedentes, más que el espectáculo en sí del estallido, nuestro foco de atención debiera dirigirse a dilucidar a quiénes afectará.

Hace ya tiempo que la Liga de fútbol está concentrada en resolver, temporada tras temporada, quien será el vencedor de la forzada rivalidad entre el Barça y el Real Madrid, que son los dos clubes (1) que concentran más del 50% de los ingresos totales producidos en España por este espectáculo «de masas», alimentado,  como se sabe, como punta de lanza de la pugna falsa entre nacionalismo y centralismo, entre periferia culta y centro arrogante. (2)

Con una deuda de más de 500 Mill € para unos ingresos anuales que superan por los pelos los 100 Mill €, el Atlético de Madrid no juega, por supuesto, en la misma Liga. Está en otra galaxia, la del quiero y no puedo, Falcao incluso, con su pie cambiado. Tampoco el Valencia, ni el Zaragoza,  ni la inmensa mayoría de los clubes españoles (ay, el Oviedín del alma, perdido entre poblaciones de tercera), que, en su conjunto, deben -solo a la Hacienda Pública- más de 700 Mill €. Y que no podrán pagar, jamás de los jamases.

¿Tiene sentido? ¿Es coherente que, para alimentar el deseo de espectáculo que brindan unos pocos atletas,  conseguidos a golpe de talonario para que simulen cariño por dos equipos regidos por representantes de las patronales empresariales,  y que, sin contar con medios económicos, tratan de imitar algunos otros, -en caricatura suicida alentada por politicastros que quieren foto confundiendo popularidad con eficacia-, se mantenga la ficción de una Liga cuyo interés encaja más en la valoración de las neurosis colectivas que en el concepto de sana diversión?

No habrá tiempo para responder a muchas preguntas, porque la burbuja estallará cualquier día -mañana-, y nos quedaremos entonces, como, en realidad, ya estamos: con unos cuantos estadios vacíos, arquitecturas sin otro uso alternativo, en cuyo solar apetitoso el enésimo especulador acabará levantando un rascacielos con la excusa de albergar también un Parque infantil y un aliviadero para perros.

Habrá unos cuantos miles de jugadores que engrosarán el paro, sin tiempo para aprender otro oficio ni haber alcanzado el añorado beneficio. Los mejores atletas, recuperados para las Ligas inglesa o alemana, o devueltos a sus países de origen para alimentar otras burbujas.  Y para nosotros, hayamos sido o no espectadores del circo, el recuerdo de una deuda incobrable de más de 1.000 Mill. de euros, que pasará a engrosar el déficit público.

Sic transit gloriae fútbol.

——

(1) la Ley 10/1990, del Deporte, pretendía conseguir mayor transparencia en el sector de las asociaciones deportivas, facilitando su transformación a «sociedades anónimas deportivas». El Club Barcelona y el Real Madrid, en concreto, no se acogieron a tal posibilidad. En su conjunto, la aplicación práctica de la Ley se puede calificar como un fracaso completo.

(2) Utilizo las cifras del Informe de la consultora Deloitte Football Money League, que recoge los ingresos de los 20 principales clubs de fútbol europeos, y que encabezan, como otros años, el Real Madrid (512 millones de €) y el F.C. Barcelona (483 millones de €). El total de ingresos por el fútbol, para los equipos españoles se estima en 1.800 Mill. €

Publicado en: Actualidad, Economía Etiquetado como: atlético de madrid, Barça, burbuja, fútbol, futbolera, Real Madrid

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