Al socaire

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Hipertrofia intelectual

13 marzo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Hace unos días, leí en la Sección de Correos de los lectores de un periódico nacional, la carta de un ingeniero de caminos que pedía consejo (tal vez, solo consuelo) sobre lo que le correspondía hacer, al encontrarse en paro, al cabo de 15 años de ejercicio profesional y no verse con ánimos para trasladarse al extranjero con toda la familia.

La respuesta –ni qué decir tiene que emanada de un experto en relaciones laborales, coaching y personal relocation– le animaba a aprovechar la hipertrofia intelectual que le había proporcionado la carrera y, desde luego, no desaprovechar las oportunidades de la demanda de técnicos con su experiencia en países latinoamérica, de los que citaba, como idóneos, Brasil, Colombia, Chile o Perú.

Reconozco que lo que me llamó la atención no fue tanto la propuesta de salvación del erudito, sino la referencia a la “hipertrofia intelectual” de los ingenieros de caminos (rectius: y «canales y puertos»). Preciso por ello, para aquellos lectores que estén pensando en recurrir al diccionario para descartar que se trate de una forma refinada de insultar a alguien, que el counseler se refería al hipotético desarrollo excepcional de las meninges y sus conexiones cerebelo-cerebrales que estaría directamente derivado de los amplios estudios de tan difícil carrera.

No tengo nada que objetar a la idea de que estudiar mucho y bien, y en especial, materias que obliguen a egercitar la abstracción y a ensanchar la base de los conocimientos teóricos, es saludable para poder afrontar posteriormente problemas reales con mayor solvencia. Lo que me parece un error indisculpable es seguir atribuyendo a concretas especialidades universitarias la virtud de ser más listos para resolver las cuestiones prácticas de la vida.

Eso era antes, mon amour. Aquellos tiempos del cuplé en que ser ingeniero de caminos, o, si se me permite, ingeniero en cualquier rama de la técnica, significaba tener directo acceso a un estatus más alto, adobado con el respeto social a mentes consideradas superiores por haber superado pruebas tan complejas como misteriosas.

Hoy, en absoluto es así. Ni los ingenieros, sean de caminos como de chispas o agujeros, se escapan al paro, ni gozan de consideración social, ni, por supuesto, se creen superiores a nadie. Incluso, saber más significa tener menos opciones de sobrevivir en esta jungla.

Y, por cierto, si se quiere hacer elogio al desarrollo de los cerebros por culpa de haberse pasado los días y las noches quemándose las cejas sobre los libros, no se quede el iluso consejero solo en alabar las ingenierías.

Incorpore también a los que hayan estudiado ciencias físicas, filosofía, exactas, química; no deje fuera a todos los que hayan aprendido bien, con intensidad cualquier carrera de las que deberían haberles capacitado para ganarse el pan haciendo un servicio útil a los demás. ¿Qué decir de los médicos, por qué olvidar los abogados? ¿Despreciamos a los biólogos, a los economistas? …No, claro que no. Vengan todos al infierno del desánimo.

Queridos colegas hipertrofiados intelectualmente, sea cual sea vuestra rama del saber. Recibid mi más sentido pésame, por el tiempo que habéis dedicado a prepararos para tener una vida normal, en vuestro país y con vuestros compatriotas. Los expertos en la globalización han diagnosticado que no tenéis sitio entre nosotros. Pero, por fortuna para vosotros, si estáis dispuestos a marchar al extranjero, a un país con futuro, podréis salvaros.

Los que no tenemos salvación somos los tipos del montón, obligados a quedarnos aquí, soportando cómo nos aprietan las clavijas del estómago unos cuantos tipos de desconocida formación intelectual, aunque, a juzgar por sus actuaciones, hiposensibilizados con la desgracia colectiva.

Publicado en: Cultura, Sociedad Etiquetado como: cartas de los lectores, coaching, consejos, crisis, emigración, hipertrofia intelectual, ingenieros de caminos, soluciones

Inversión de la política pública y empleo

12 marzo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Hacía bastante tiempo que no sacaba tanto provecho de un almuerzo de esos que llaman de trabajo, en el que, siguiendo costumbres importadas, lo normal es que un conferenciante pagado de sí intente vender su producto ideológico mientras varios comensales no pueden evitar que el ruido de los cubiertos y platos forme parte del mensaje acústico.

Nada que ver con lo que tuve ocasión de disfrutar el 11 de marzo de 2013, en un «almuerzo-debate» organizado por una organización, hasta ese momento, desconocida para mí, por nombre Diálogo, y cuyo logotipo une los colores de las banderas francesa y española.

El artífice de esa sensación fue Jaime Lamo de Espinosa, actualmente presidente de la ANCI (Asociación Nacional de Constructores Independientes), que eligió un tema delicado: «Inversión pública y empleo», y lo resolvió, y ahí estuvo la magia de su discurso, con una propuesta concreta, lo que produjo un debate muy ilustrativo.

Me resultó sorprendente que entre los asistentes no hubiera representantes directos de ninguna de las grandes constructoras de este país. En una de las mesas reservadas por Fertiberia,  patrocinador del acto, se sentó el Secretario de Infraestructuras, Rafael Catalá.

Opina Lamo de Espinosa que el problema que demanda resolución urgente no es la deuda, ni el déficit, sino el paro. Y que, por tanto, es imprescindible adoptar medidas que tengan efectos inmediatos sobre este último. Propone dedicar cantidades concretas -1.000 millones de euros, este año, duplicadas en 2014 y triplicadas en 2015- a reanudar las infraestructuras paralizadas. Además, se deben mantener adecuadamente en uso las ya terminadas, sin descuidar su conservación (se habló de carreteras, depuradoras, salinizadoras, etc.).

Entiende que las inversiones que se realicen en construcción de infraestructuras tienen un efecto multiplicador muy alto. Se crearían entre 30 y 35 empleos directos por cada millón de euros, pero el efecto derivado sería muy superior, pues una reactivación del sector de la construcción tendría repercusiones inmediatas sobre el consumo, la imagen interior y exterior -pues despertaría confianza a las entidades financieras y, sobre todo, a los potenciales inversores, advertir que la curva del paro comienza a frenarse o cambia su tendencia- y supondría el sostenimiento de empresas clave para el país.

Este «mini Plan Marshall» (como fue cariñosamente apodado en el coloquio) encuentra, para el conferenciante, ejemplos similares en al Historia de otros momentos de recesión. La Ley de 1855, en su art. 12 -espero haber anotado bien la referencia- expresaba que para cortar el déficit exterior y disminuir la deuda era necesario activar la inversión pública, y, en concreto, la construcción de infraestructuras.

Defiende Lamo de Espinosa -aunque solo se refirió a ello de refilón en esta conferencia, pero es uno de los temas en los que se ha convertido en un convencido y convincente especialista- que la enajenación de bienes públicos o demaniales inactivos («en manos muertas») ha de servir para la creación de empleo.

La preocupación por la delicada situación del sector de la construcción era evidente entre los asistentes al almuerzo. «Por primera vez en la Historia, el sector no está actuando de forma procíclica, sino anticíclica», había apostillado Lamo de Espinosa, para resaltar que era imprescindible romper esa tendencia antinatural. (1)

——–

(1) En el coloquio, llevado por mi afán intervencionista en todos los foros, pero también, estimulado por las provocadoras ideas del conferenciante, expuse la necesidad de que las inversiones públicas tengan en cuenta, en relación con la generación de empleo, el tipo de especialización que se demanda para realizarlas. Me parecía importante que se tuviera en cuenta la formación profesional de los colectivos afectados, en lugar de pretender su adaptación acelerada a teóricas nuevas circunstancias, que, en muchas ocasiones, se definen con oportunidades ficticias. (Pienso en la pléyade de peluqueros, seudoinformáticos, cocineros, etc. que han salido de las escuelas de formación profesional, sin tener en cuenta ni la orientación preferible ni las tendencias detectadas del mercado laboral).

Aún más: entendía que, para las empresas, la internacionalización puede suponer una necesidad y una manera lógica de mantener la cifra de negocio. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la expatriaciación de los técnicos de alta cualificación no resuelve el problema de empleo del país de origen. Al contrario, puede agravarlo.

Por ello, es imprescindible analizar con profundidad, tanto a corto como a medio plazo, el efecto de la cooperación internacional, y se hace necesario y urgente definir las líneas de especialización propias para la industria y los servicios. La globalización exige combinar con acierto el apoyo en las ventajas diferenciales objetivas propias y la rentabilización de la ayuda a la óptima explotación de los recursos ajenos.

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad Etiquetado como: almuerzo-debate, ANCI, construcción, constructores, Diálogo, empleo, inversión, Lamo de Espinosa, política pública, propuestas

¿Invierno o primavera social?

11 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Al releer el comentario que dediqué a la entrevista a que se sometió Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, en el programa El gran debate (Telecinco, 9 de marzo 2013), me acometió un ataque -ligero- de sentimiento de culpabilidad al no haber recogido en él ciertos puntos de vista de los expresados por el líder socialista que guardaban relación concreta con otras candentes cuestiones de actualidad, distintas de la corrupción o la situación en la alcaldía de Ponferrada.

Aunque  no tengo razones ni intereses para convertirme en vocero de ninguna ideología político, me parece justo recoger con mayor detalle algunas de las ideas expresadas por Rubalcaba que pudieran servir para caracterizar mejor la posición del actual dirigente socialista.

1. Federalismo. Para Rubalcaba, nos encontramos ya en España en una estructura de Estado federal, aunque no se le esté dando ese nombre específico. En su opinión, sería necesario únicamente y utilizando la vía del diálogo y la voluntad de entendimiento, reajustar la situación. Un proceso permanentemente abierto de incorporación de competencias sin reparar en la forma de llevarlas a cabo, que ha llevado a que diversas Autonomías hayan asumido, por efecto emulación, responsabilidades excesivas respecto a sus disponibilidades presupuestarias.

En otro momento del proceso, cuando la economía de la Administración central era boyante, -lo que sucedió tanto en períodos de gobierno de los populares como de los socialistas- esos eventuales desequilibrios se cubrían por la vía de aportaciones complementarias. Hoy, sin embargo, desde la penuria, esa compensación ya no es posible, por lo que se acentúan las diferencias en el cumplimiento de las prestaciones asistenciales y en los déficits presupuestarios, y ha reaparecido un sentimiento nacionalista en algunas Comunidades Autónomas por el que se pretede encontrar la solución a ese roblema sobrevenido. «El modelo federal alemán sería el ideal», expresó el entrevistado.

Lo que no entae en díscusión, para Rubalcaba, es la posibilidad de independencia de ninguna región autonómica. Los representantes autonómicos y los del Gobierno central tienen el reto de dialogar honestamente sobre sus diferencias de entendimiento, analizando la forma de superarlas sin ruptura.

2. Impuestos a las sociedades. Rubalcaba es partidario de fijar un tope mínimo impositivo a las sociedades, del que no se pudiera bajar, independientemente de las exenciones o ventajas fiscales que fuera aplicables. Habló de un 15% como tipo impositivo mínimo respecto a los beneficios.

«No tiene sentido -dijo- que grandes grupos empresariales no paguen impuesto de sociedades, y que los pequeños empresarios no se puedan beneficiar de ninguna ventaja fiscal, por lo que se convierten en los soportes principales de la partida correspondiente a esta partida de ingresos presupuestarios». También le parece importante a Rubalcaba incrementar la inspección fiscal, persiguiendo decididamente el fraude, y dedicando, al menos, la mitad de los ingresos extraordinarios que se consigan por esa vía, incluídas las infracciones tributarias que resulten, a «la concreta generación de empleo», que imaginó de 4 a 5.000 millones de euros.

3. Inclusión del derecho a la sanidad en la Constitución. Aunque tímido respecto a las reformas constitucionales de calado -pasó por alto, incluso, con cariñosos mensajes al titular de la institución monárquica, la posibilidad de revisar la forma de Estado o de retocar siquiera el Título II de la Constitución- , sí expresó la necesidad de que el derecho a las prestaciones sanitarias se incorpore como derecho fundamental a la Carta Magna, carencia que calificó de notable.

(No se refirió, sin embargo, a la eucásica modificación, por el R.D. 1192/2012 de 3 de agosto, a la extinción del deecho a las prestaciones sanitarias de aquellos afiliados al Insalud que hayan tenido más de 100.000 euros de ingresos brutos por rentas del trabajo en el Ejercicio de 2011, ni a la forma de atender al progresivo déficit del sistema público, al haber disminuído a la alarmante proporción de 2,0 el número de cotizantes respecto a quienes disfrutan de prestaciones asistenciales.)

4. Revisión de las reformas laborales impuestas por el Partido Popular desde el Gobierno. Aunque dispuesto a llegar a un acuerdo con el Gobierno popular, que definió como necesario, afirmó que le separaban aspectos sustanciales, y que, además, en caso de alcanzar la responsabilidad del Ejecutivo, anularía la reciente reforma laboral.

Esta posición guarda conexión con su convicción de que la austeridad presupuestaria impide la recuperación económica (el término «austericidio» refleja, gráficamente, esta convicción).

5. Impulso a la economía. Creo que este aspecto exige un tratamiento específico, que no ha sido objeto de análisis adecuado ni por la oposición ni por el Gobierno. Rubalcaba parece confiar en las propuestas que puedan surgir de los debates abiertos por el partido socialista, a los que se ha invitado a participar a simpatizantes no afiliados.

Sin embargo, se me antoja muy difícil que por esa vía se llegue a ninguna conclusión válida, dada la rigidez de la cúpula del Partido para acoger resoluciones, e incluso propuestas, que no vengan avaladas por los miembros de la Dirección. Ha perdido el PSOE la capacidad de interlocución con los grandes grupos empresariales -me permito incluso afirmar lo mismo del gobierno actual-, y es imprescindible potenciar la base industrial del país, que se ha debilitado brutalmente con la crisis.

Coincido en esto con la propuesta de José Luis García Delgado y Rafael Myro (EP 10 de marzo de 2013, «La pérdida de un  nutriente esencial» ) de que el sector servicios es insuficiente para sostener la economía de un país desarrollado.

Para quienes tengan interés en analizar en detalle el contenido del debate, invito, por lo demás, a repasar el mismo en la web del programa de Telecinco.

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: Alfredo Pérez Rubalcaba, Constitución, empresas, federalismo, Gran Debate, imposición, impuesto de sociedades, José Luis García Delgado, Rafael Myro, reforma laboral, Telecinco

Miedos, gozos y sombras

10 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

En la larga entrevista a la que le sometieron un grupo de periodistas amigos en El Gran Debate de Telecinco (9.03.2013), Alfredo Pérez Rubalcaba, el máximo responsable del PSOE, demostró, una vez más, sus excelentes cualidades para la docencia.

Dió dos horas de clase teórica, dedicando, como avezado maestro, más tiempo a aquellas partes del tema que le resultaban mejor conocidas y, por tanto, más gratas de impartir; recomendó varias lecturas para completar o corregir los apuntes que hubieran sido tomados en el aula (algunas, por cierto, procedentes de ediciones ya agotadas o escritas en idiomas minoritarios) e intentó calmar a los alumnos más inquietos aplazando la explicación demandada a sus espinosas cuestiones, remitiéndose a materias de cursos superiores o al programa de otras asignaturas.

En realidad, me recordó a un profesor de «segunda enseñanza» al que llamábamos El bikini (eran, ya lo tengo dicho, otros tiempos) «porque enseñaba todo menos lo esencial». La propaganda del espacio televisivo había venido anunciando que el líder socialista respondería a todas las preguntas, por delicadas que fueran, y, formalmente, no rehuyó ninguna, pero el tiempo pasaba y la sensación de adormecedor sosiego embargaba la salita de estar en la que, lápiz en mano y cerveza al alcance, me había dispuesto a tomar notas con las soluciones a los jeroglíficos que tenemos planteados por la Historia.

Si nos atenemos a los contenidos de muchas de sus respuestas, podríamos afirmar que Rubalcaba se escapó hábilemente de la mayoría, por lo que no me resultó extraño (al contrario) que cuando se solicitó a tres periodistas que estaban actuando de meritorios fuera del foco principal, que indicaran posibles titulares para la entrevista, todos coincidieron en enfocarla al «asunto de Ponferrada».

La ponferradina fue, en mi opinión, la única contundente respuesta de la sesión, surgida de la primera pregunta que se le formuló al invitado, por el propio conductor del programa (Jordi González, muy cómodo en su papel) , y que se refería a la necesidad de que el novísmo alcalde de Ponferrada -lo era desde el 8 de marzo, día de las mujeres trabajadoras y algunas, por mor de abyectos jefezuelos, acosadas-, dimitiera en plazo corto o se vería expulsado del partido por incompatibilidad de las rijosas intenciones de uno de sus apoyos sobrevenidos con el ideario socialista.

Dicen de Rubalcaba que no solamente no se sabe si baja o sube de la escalera, sino ni tan siquiera si se encuentra subido a alguna. En el Gran Debate, no defraudó a sus detractores ni dejó de encantar a sus fieles. Quedó confirmado como parlamentario correoso, hábil, ingenioso cuando se le presentaban ocasiones, y escurridizo siempre si se le intenta atrapar con las palabras.

Si me hubieran pedido un titular para la entrevista hubiera dudado entre dos. «El retrato de Rubalcaba guarda escaso parecido con la realidad», sería la manera provocativa de calificar el poco conseguido parecido con el dibujo que le hizo, en directo, el artista gráfico invitado.

Pero lo que más me sorprendió fue el método que propuso para eliminar la corrupción de este país (y que comentó haber deducido de la actuación de los cuerpos de investigación interna de la Guardia Civil y de la Policía, y habérselo ya propuesto a su amigo/contrincante político Mariano Rajoy): aumentar la vigilancia (Más o menos, dijo: «Hay que meter miedo a los potenciales corruptos, actuar preventivamente, para que no se atrevan, por miedo a ser descubiertos, a aprovechar la ocasión»).

Reconozco que, en ese momento, sentí un gran desasosiego. Me acordé de lo que te suele decir la policía cuando acudes a denunciar un robo en tu casa: «Le admito la denuncia, a efectos de cobrar el seguro. Pero de por perdido lo que le llevaron. Los ladrones son muy listos y a saber dónde estarán ya con la mercancía».

Es decir, no solamente tenemos que protegernos como podamos de los ladrones, sino tener paciencia con la policía: políticos y guardianes están en revisión interna.

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: Alfredo Rubalcaba, bikini, entrevista, Gran Debate, Jordi González, propuesta, PSOE, Telecinco, titular

En vos confío

7 marzo, 2013 By amarias2013 1 comentario

El «estallido» de varias botellas de oxígeno en la Clínica La Milagrosa de Madrid, en donde está hospitalizado el Rey Juan Carlos, convaleciente de una operación de hernia discal, ha desatado especulaciones sobre el origen de ese incidente, que causó al menos cinco heridos, y obligó a desalojar la unidad de cuidados intensivos.

Sucedió el 6 de marzo de 2013,a las 7h 45 min. Las crónicas del reino indican que innmediatamente, se desplazaron al sitio cinco dotaciones de bomberos, cuatro ambulancias del SAMUR, varios coches de policía, un hospital de campaña, se acordonaron las calles y aceras (la Clínica está situada en el centro de la ciudad), y se atendió a los afectados por las inhalaciones de humo y por las quemaduras de vapor.

No se más. La dirección del Hospital ha afirmado que, «se informará de las causas de incidente tan pronto se conozcan» y que «a partir del medio día el Hospital funciona normalmente», sin que «en ningún momento la seguridad del Rey se ha visto amenazada«.

La mía, sí. El Rey y la mayor parte de sus súbditos podrán dormir tranquilos, pero yo no.

Vengo denunciando, desde hace varios años, ante los organismos llamados competentes, que la manipulación de gases licuados en los hospitales y clínicas de Madrid -y no solo en los centros hospitalarios y supongo que también en toda España, porque la desidia es mal de general propagación- no cumple con las medidas de seguridad. Lo hice incluso en los periódicos, enviando fotografías de irregularidades y, en un caso, de un accidente, que he tenido la ocasión de presenciar en directo.

Sin mucho éxito, aunque debo reconocer que, en algunos casos, se han reforzado los muros de contención ante eventuales implosiones o explosiones de gases, se han incorporado carteles más grandes o cegado algunas ventanas por las que se arrojaban, inconscientemente, colillas encendidas sobre los depósitos sucios.

Las irregularidades, en mi opinión técnica, son múltiples: situación de depósitos de oxígeno de gan tamaño sin guardar las distancias mínimas -con las propias dependencias hospitalarias, incluso-, o sin que se indiquen (ni, por supuesto, cumplan) las limitaciones de acceso o la prohibición de fumar en sus proximidades; cargas mientras se produce el tránsito de peatones y coches; suciedad de todo tipo en los recintos donde se produce la carga y manipulación; almacenaje conjunto de botellas de gases licuados diferentes, y sin los adecuados anclajes; válvulas en mal estado; etc.

En la época de la anterior dictadura, las familias se pasaban de piso en piso unas imágenes de las que la más popular era la del Corazón de Jesús, que se entronizaba en los hogares. «Corazón de Jesús, en Vos confío», era la jaculatoria más socorrida, por la que se invocaba la protección permanente del Altísimo, en pretendida evitación de todo mal.

En esta sociedad no creyente, indolente y ácrata, confiamos ahora en que la casualidad nos proteja. Es decir, seguimos desconfiando de la obra bien hecha, en la seriedad de los controles, en el cumplimiento de la normativa, para apelar a la protección de lo desconocido.

En cada frontispicio, en cada despacho funcionarial, en cada dependencia municipal o empresarial, en cada hogar, con letras en tinta simpática que la hacen invisible, parece que hay escrita esta frase increíble:

«Venerable Casualidad, en vos confío y a vuestra invisible protección me someto, para que no suceda ese accidente del que, conociendo los riesgos, no hago nada por evitar. Y si, como por pura Probabilidad es seguro que acabará sucediendo alguna vez, te ruego que, por mor del inextricable Azar, me pille lejos, para no tener que ofrecer explicaciones».

Publicado en: Sanidad, Sociedad Etiquetado como: bomberos, clínica La Milagrosa, gases licuados, heridos, hospital, imcumplimiento, implosión, Juan Carlos, Madrid, manipulación, oxígeno, quemaduras, seguridad

La luz del túnel

5 marzo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

La imagen es sugerente, y por eso, se emplea con frecuencia. «Ya vemos la luz del final del túnel», hemos oído decir muchas veces -es decir, sin fundamento- a los políticos que se encuentran con responsabilidades de gobierno, para tranquilizar los ánimos.

La existencia de un túnel implica que alguien ha estado antes por el territorio y que, además, lo ha hecho con medios suficientes como para horadar el obstáculo, ampliarlo y robustecer los techos y paredes. La única incógnita que debe despejar quien, posteriormente, se aventura por el agujero es la de su longitud,  que determina el tiempo necesario para alcanzar la otra salida.

Para quienes marcan las directrices (1) en la Unión Europea («die europäische Troika» es decir, Europäische Kommission, EZB -Europäische Zentral Bank-, e IWF .-Internationalen Währungsfond-), y los que las implementan en nuestro pequeño país, es evidente que la idea del túnel es la admitida: los estados mayores y más ricos han pasado por lo mismo, saben por experiencia propia que después de un período de oscuridad y angustia se llega a la luz del bienestar (que se había perdido momentáneamente). Si perseveramos en el camino, tendremos como premio la misma felicidad de la que ahora disfruta el centro de Europa.

Este agujero no tiene, sin embargo, el aspecto de ser un túnel. Al menos, no de uno que esté ya fabricado y haya sido usado. Hace ya tiempo que avanzamos a pico y pala, y la difícil extracción de los escombros está bloqueando la entrada. Las únicas luces que se ven son las que proceden, y cada vez más débiles, de las linternas de algunos con cascos en los que puede leerse «capataces» y que, por cierto, no se distinguen precisamente por estar en la primera línea del tajo.

Algunos expertos consultados dicen que, analizando los detritus,  no estamos caminando por un túnel, sino fabricando un pozo, y nos aconsejan abandonar la tarea.

Se ha oído una voz desde algún lugar de la comitiva: «¡Eh, los de atrás! ¿Seguís viendo la entrada del túnel?».

El silencio resulta, de momento, sobrecogedor.

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Sedes ocupadas

4 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Encuentro que la despedida como tales de los príncipes de Holanda (SS. AA. RR. Guillermo y Máxima),  de sus homólogos de otras casas reales europeas, con motivo de su inminente toma de posesión del trono, está llena de mensajes. Unos, transparentes; otros, subliminales; algunos, muy ocultos.

Tengo a la vista la fotografía del grupo, obtenida después de la fraternal comida del 2 de marzo de 2013. Estuvieron presentes en el encuentro casi todos los herederos de los tronos europeos que se hallan en funcionamiento: La prensa especializada en recuentos de especies reales ha detectado que faltaban solo las parejas herederas de Inglaterra y Liechtenstein, y que, en los casos de Dinamarca y de Noruega, faltó a la llamada uno de los cónyuges: S.A.R. Mary llegó sin el príncipe Federico y el príncipe Hakoon compareció sin la pricesa Mette-Marit.

Son comprensibles los rostros de satisfacción en los presentes. La dimisión de la Reina Beatriz de Holanda, cumplidos los 75 años, ha abierto la puerta en un muro que, casi siempre por falta de adecuada previsión constitucional, protege en sus colmenas a los monarcas en ejercicio, hasta que la muerte los separe de las coronas.

Seguro que a los «padres de las Patrias» respectivas, en su momento, debió parecerles innecesario realizar en las Cartas Magnas la precisión sucesoria derivada de la dimisión del reinante, ya que, hasta hace más o menos un par de generaciones, los reyes morían en batallas o víctimas de intrigas o bien eran derrocados, se veían compelidos a huir o eran desterrados sin esperar a que terminaran su ciclo natural. No se veía, por ello, la necesidad de poner límites temporales forzosos al ejercicio de la función, que mezcla todavía hoy en dosis secretas la capacidad de representación con el dogma.

Partiendo, sin embargo, del principio de que las monarquías con puesto en plaza europeas funcionan bien a los efectos pretendidos, no se entiende que se mantengan monarcas longevos en los tronos, a los que la edad ha hecho, obviamente, menos ágiles síquica y físicamente,  cuando existen herederos preparados para hacer lo mismo y, seguramente más rápido.

El caso de máxima  singularidad de entre los ausentes es el del Príncipe Carlos de Inglaterra, coetáneo mío, del que se podría haber dicho que se le pasó el arroz en la espera, sino fuera porque en estos oficios, como en el de ser Papa y otros pocos (presidentes de Banco incluídos), se admite que los platos de arroz se cuezcan con ese tipo de grano que aguanta al fuego el tiempo que se desee y que, si hacemos caso de la propaganda, siempre se encontrará en su punto (si no se ha comido jamás una buena paella, claro).

Si cotejo la edad de los príncipes herederos con la de sus progenitores o parientes ocupantes de los tronos a los que legítimamente aspiran, veo reflejada en su situación el mismo problema que tenemos planteado a la sociedad general, de la que, es de suponer alguien de sus séquitos les mantendrá informados: No hay sedes para tantos aspirantes, y las que hay, están ocupadas por individuos que aparentan tener buena salud y, desde luego, no parecen dispuestas a dejarlas.

Entre los miembros de la gleba, se ha pretendido solucionar el problema forzando a la jubilación a los que tenían más de una cierta edad, pensando los que negociaban las condiciones que así podrían incorporarse a las vacantes los más jóvenes. Pero cuando se produjeron esos despidos, la nobleza social vió que no se necesitaba tanta gente, así que no se reclutaron más peones.

Cuando se tienen los medios, no hay problema en esperar que la situación se clarifique con el tiempo. Es el caso del príncipe Carlos, que se ha venido dando (por las crónicas) una vida de rey, aún siendo solo príncipe. Pero cuando no se tiene con qué, el que las sedes estén ocupadas, no provoca más que el que las ilusiones se retuerzan y mueran, como sarmientos estériles.

Publicado en: Europa, Sociedad Etiquetado como: Altezas reales, Carlos de Inglaterra, Guillermo, herederos, Holanda, Máxima, Mette-Maritt, príncipes, príncipes de Asturias

Partidos, ideologías y programas

3 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Los licenciados en Ciencias Políticas se escandalizarán y los seguidores de Beppo Grillo me verían como uno de los suyos: creo que, al menos mientras nos serenamos, nos iría mejor sin partidos políticos.

¿Qué es, en realidad, un partido? No lo sé.

¿Qué ideología tienen los partidos cuyos miembros ocupan los puestos de representantes populares los hemiciclos? No lo sé.

¿Cuál es el programa que está llevando a cabo el partido gobernante y cuáles son las propuestas de sus contrarios, llamados de la oposición? No lo sé.

Nunca he pertenecido a un partido pero, como casi todos los españoles de cierta edad, en algún momento he colaborado o tenido simpatías con alguno. Todos me han decepcionado rápidamente; de todos he visto cómo oportunistas se hacían, en beneficio propio o de sus familias o amigos, con posiciones privilegiadas, ya fuera en la Universidad, en la empresa, en la judicatura; en cualquier sitio. Y allí se han quedado.

Tenía razón Julio Anguita, en mi opinión, cuando enfatizaba que era necesario «Programa, programa, programa«. Solo que ese programa no debería ser el objetivo perseguido por un grupo específico, sino el objeto social del proyecto común llamado España. No necesitamos para su defensa, ni militantes, ni líderes.

¿Que necesitamos crear empleo? Se analizan las opciones de todos los sectores productivos y se concentran las ayudas en los más eficientes en generar trabajo.

¿Que queremos mejorar la balanza exterior? Se estimulan los sectores exportadores y se anima al consumo de productos de producción propia.

¿Que es imprescindible mejorar el nivel educativo? Se incorporan docentes más capaces y se imponen planes de estudios más intensos con controles más estrictos.

¿Qué se nos han colado vías de corrupción en el sistema? Las localizamos y aislamos de inmediato, para seguir trabajando en lo que importa.

La dificultad mayor que tenemos en este país es la dificultad para renovar, de forma suficiente, las cúpulas directivas. Los equipos de poder se reproducen implacables, repitiendo sus vicios. Y como nos falta acuerdo sobre el programa común, nos entretienen los partidos discutiendo sobre detalles sin apenas importancia, que son como adornos y chorreras.

 

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La fórmula de las Cenas Tertulia (Roundtable dinners)

2 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Durante cinco años, a principios del siglo XXI, en el restaurante AlNorte de Madrid celebramos más de cincuenta cenas-tertulia, en las que intervinieron más de trescientas personas de muy variados ámbitos.

La fórmula, desde la primera de ellas, fue siempre la misma. Reunir a un grupo de 20 a 30 personas, en una única gran mesa, mientras cenaban, para que hablaran sobre un tema conocido de antemano, sobre el que se habían enviado unas sugerencias de lo que podrían ser las cuestiones contretas a tratar.

Aunque con el tiempo se consolidaron como fijos una media docena de tertulianos, el resto de los que acudían cada mes a la convocatoria, no se conocían, en muchos casos, personalmente. Se apuntaban a la cena -que tenía lugar, en general, el primer lunes de mes- y se presentaban a las 21h en el restaurante.

Era entonces el momento de los saludos y el primer intercambio de cortesías, en una media hora que servía para dar tiempo a que los rezagados aparecieran. Resultaba curioso constatar que no pocos de los presentes, aunque estuvieran desempeñando parecidas funciones en organismos diferentes o trabajaran en empresas del sector o fueran miembros del claustro universitario (por exponer ejemplos reales), era la primera vez que se trataban directamente.

A las 21h30, todos estaban sentados, y habían sido estratégicamente colocados en la mesa, de forma que quienes tuvieran, en principio, más información o interés sobre los temas pudieran verse de frente y, en todo caso, que el moderador tuviera su situación controlada.

Entre los comensales había siempre (así se procuraba, al menos) una combinación de expertos en el tema, junto a simples interesados en él o curiosos. La concurrencia mezclaba ingenieros, sociólogos, médicos, abogados, gentes sin profesión conocida o virtuosos de otras disciplinas. Posiciones encontradas a veces, al principio; matizadas y comprendidas, al final, casi siempre.

Ninguno de los presentes estaba invitado a disfrutar «gratis» la cena, aunque algunos si lo eran a participar, porque el organizador entendía que era importante contar con su opinión. Nadie declinó jamás su asistencia y no se dió un solo caso en que, al acabar la cena, alguien se quejara.

Los platos que se servían formaban parte de la provocación a hablar, a intercambiar ideas: habían sido elegidos cuidadosamente, tanto en su descripción como en su contenido alimentario para que tuvieran relación con la materia que iba a ser objeto de discusión.

Pero la clave de las cenas tertulia a que me refiero era que no había un ponente, al que hubiera que escuuchar y hacer preguntas. Todos los asistentes lo eran. En una escala de opiniones que el moderador procuraba controlar, éste invitaba sucesivamente a los contertulios, con preguntas o afirmaciones concretas, a veces provocadoras, en otras, interfiriendo con su propia opinión, a que se manifestaran. Las intervenciones cruzadas eran frecuentes, aunque el tener que comer y hablar limitaba, con acierto, los pronunciamientos largos, obligando a que se condensaran.

La secuencia de servicio de los platos (aperitivos, entrada y principal, postre y café) era graduada por el moderador para que coincidiera, si era posible, con un cambio de ritmo en la tertulia, o con la opción de crear una nueva expectativa, o servir para disminuir, en su caso, la tensión que hubiera podido crearse.

A las dos horas de estar sentados en la mesa, la tertulia terminaba como tal. No había conclusiones. Tampoco el final oficial del encuentro suponía que los asistentes tuvieran que marcharse. Al contrario, en los últimos tres años, se abría paso a los juegos de magia, presentados con fino acierto, de acuerdo también con los temas tratados, por un contertulio que tenía esta afición como segunda profesión, y que duraban 20 a 30 minutos más, en un ambiente completamente relajado. (1)

Con las notas que había tomado durante la cena, el moderador realizaba la reseña, que se enviaba a los pocos días a los asistentes, para correcciones o modificaciones, antes de darle difusión en la web del restaurante.

Guardo esas reseñas como oro en paño. Son casi mil páginas de ideas, sugerencias, comentarios, y análisis de la sociedad española contemporánea, realizadas por quienes son sus verdaderos protagonistas; aunque en muchos casos, por circunstancias de la vida o por su misma modestia, puedan haber pasado por anónimos.

Pero eso ya sería otra historia.

—

(1) Este Comentario está redactado en tercera persona y pretendía evitar citar nombres. Pero no sería justo dejar de expresar que el mago era el ingeniero de montes Rafael Ceballos Jiménez. De menor importancia es indicar que el moderador y organizador de las cenas tertulias era yo.

Porque para lanzar una idea así sirve cualquiera. Pero para llevarla a cabo y mantenerla hace falta contar con contertulios inteligentes, sabios, nobles y sinceros, y de esos, por fortuna, conté en todas esas cenas-tertulia.

Razón por la cual somos muchos las que las añoramos hoy en día, y pensamos que es una fórmula estupenda para que en este país se hable, se escuche, se contrasten ideas, sobre todo, entre los que saben y los que tienen responsabilidades. Y lo hagan, mientras cenan, evitando confrontaciones estériles y, en especial, recurrir a lugares comunes, a referencias baldías. Necesitamos tranquilidad e ideas, para avanzar.

Publicado en: Economía, Sociedad Etiquetado como: acta, Ceballos, cenas-tertulia, difusión, discusión, entendimiento, fórmula, guión, magia, menú, moderador, provocación, round-tablel dinners, talk-show, tertulias

Adónde vamos a parar

26 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

No lo planteo como pregunta -faltan los signos de interrogación en el título- aunque tampoco me jactaría de mantenerlo como respuesta. «Adónde vamos a parar» debe ser entendido entre señales de admiración, o más apropiadamente, de asombro y hasta menosprecio.

Me imagino que hacer de relator (con título o no en las Universidades de Ciencias de la Información, antes Periodismo) de lo que está pasando, con la cantidad de material disponible, debe ser una gozada. Cada tarde basta seleccionar cualquiera de las cerezas enmerdadas que la actualidad nos ha tirado en el cesto de la basura social, y los artículos glosando el suceso elegido, e incluso extrayendo posibles consecuencias a diestro y siniestro y rasgando algunas vestiduras para que se vean los trozos de carne ensangrentada, son cosa hecha. Como coser y cantar, pan con queso, miel sobre hojuelas.

Menos -o ninguna- atención merece la cuestión del posible final a todo esto. A la escala que nos importa más, que es la nacional, los que más presencia tienen en las calles señalan, camuflados entre la multitud absorta, dos puertas de salida: la República (no se bien dónde se tejen las banderas tricolores, pero debe ser negocio, porque cada día hay más, y doy por seguro que no van a faltar ni en la Feria de abril en Sevilla ni en las procesiones de Semana Santa, si este año no llueve) y la dimisión del gobierno del Partido Popular, enfangado en su incompetencia, no ya para dar la remontada al país (lo que se disculparía, dada la dificultad de la encomienda y la endeblez de los mimbres), sino en explicar con algo más que con balbuceos, desplantes y tonterías, las torpezas y pecados que se le van descubriendo a tropel en su trastienda ideológica, donde guardaban el pendón.

Puertas de salida no hay muchas, es cierto, y por ello, no faltan quienes se empeñan en estrellarse contra las paredes, dándose trompazos que les aturden la cabeza. Una pared muy sólida (para romperse en ella las narices) es la de acusar a los responsables del partido teóricamente contrario (ya no sé en qué) en haberlo hecho, hacerlo,y propornerse hacerlo muy mal, intenten lo que intenten. Pues allí van, una y otra vez, en soledad o en grupúsculos de amigos, los que comen y beben de la política, dando juego a los cómicos que han vuelto a salir de sus casitas y disfrutan imitándolos, porque dan risa con solo hacer lo mismo, pero en serio.

Aunque oficialmente (y en la práctica) España ha dejado de ser católica, se me ocurre que podíamos mirar a Roma para encontrar un posible modelo que nos ilumine sobre lo que convendría hacer en caso tan extremo. No me refiero a las elecciones generales italianas que han tenido lugar en estos días (y que ya ni siquiera nos sirven de referencia, pues estamos tan próximos en el codo a codo por llegar primeros al esperpento, que haría falta el fotofinish para dilucidar qué sociedad está más desencajada, si ellos o nosotros).

Me refiero al Vaticano y al procedimiento de elección de Papa.

La Iglesia católica, el mejor mecanismo ideado por el hombre (solo o en compañía de Dios) para combinar los negocios del espítritu y de la carne, ha ideado que los cardenales, cuando deben elegir sucesor al Papa difunto o dimitido, se reunirán en Cónclave y no saldrán del recinto vaticano hasta que no se pongan de acuerdo en quién ocupará la sede vacante.

La fórmula me parece excelente. Encerremos a los que plantean discrepancias sobre una medida y, hasta que no se pongan de acuerdo en lo que hay que hacer, que no salgan.

Así, al menos, no tendremos tanto ruido los que, sencillamente, deseamos trabajar tranquilos.

Publicado en: Religión, Sociedad Etiquetado como: adonde vamos a parar, bandera republicana, Cónclave, dimisión, elecciones, gobierno, Italia, Papa, Partido Popular, procesiones de semana santa, puertas, reproche generalizado, Vaticano

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