Al socaire

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Cuento de otoño: La empresa más rentable

26 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Cuando consiguió la licenciatura en Economía empresarial aplicable, Jorge Policarpo Méndez de Poliedro y Otrasierbas, lo festejó mucho. Al disipársele el dolor de cabeza de las prolijas libaciones, se propuso aplicar todo lo que sabía, montando una empresa de inmediato.

Como no estaba para dispendios inútiles, Méndez de Poliedro, se autoimpuso tres condiciones: debía ser una empresa con óptima rentabilidad, precisar de una inversión mínima y contar con el menor número de empleados posible.

Poliedro era imaginativo, pero tampoco era cuestión de reinventar la rueda, así que, con la inestimable ayuda de internet y una impresora, se hizo con la relación de todas las empresas que se habían creado en los últimos diez años en su país. Las separó por objetos sociales, empleando las palabras clave que tuvo a bien, y, finalmente, en lugar de ordenarlas siguiendo el alfabeto, las clasificó (automáticamente, por supuesto), según la cuantía del capital social declarado.

No tuvo tan claro cómo podría deducir la rentabilidad de los emprendimientos, por lo que se contentó -de momento- con recoger del registro informático las empresas que se habían disuelto en los últimos diez años, y las ordenó, igualmente, por objetos sociales y capitales comprometidos.

Para su confusión y horror, encontró que eran tremendamente coincidentes. Cumpliendo con el principio de la energía que indica que todo lo que se crea, se destruye, las empresas morían masivamente en períodos máximos de diez años y dejaban el sitio a otras que, cambiando alguna que otra palabra, o perspectiva, hacían lo mismo.

Puede que mejor o más rápido, o con menos personal y más rentables, pero el registro mercantil nada expresaba que permitiera aclarar esos supuestos. Las empresas nacían, crecían, languidecían y morían, como salmones que acuden, ya cumplido su ciclo vital, a desovar al río en donde se criaron de alevines, sirviendo de alimento para que osos, zorros y zancudas se entiendan con el suyo.

Descorazonado al ver que su idea original se desvanecía en cuanto a sus pretendidos propósitos, elucubró acerca de lo que podría ser su objetivo empresarial si tuviera que resolverlo matemáticamente. Máxima rentabilidad, mínimo riesgo, una dotación de personal en nada redundante.

Como Poli era ingenioso, plasmó esas condiciones en un software bastante sofisticado que, a la manera de esos programas de generación de poemas que combinan al azar palabras (sujeto, verbo y predicado) entre las que suponen rima (consonante o asonante, según gustos), permitía obtener como resultado (output) varias opciones válidas, de acuerdo con el problema de contorno planteado (1).

Por eso, Po, siguiendo fielmente lo propuesto por el software, creó una empresa de fabricación de humo. Y, según me ha contado, le va bastante bien.

No ha invertido un euro, ha generado su puesto de trabajo y, por lo que parece, le van a dar el premio a mejor empresario del año, como mejor idea para salir zumbando de la crisis.

Como Po es conocido desde los tiempos del parchís, quise satisfacer mi curiosidad preguntándole en directo:

-¿Fabricar humo? ¡Tío! ¿Y quién es tu clientela?

Jorge Policarpo Méndez de Poliedro y Otrasierbas me miró de hito en hito:

-Clientes somos todos -me espetó.

Y se fue tan campante.

—-
(1) Es decir, Boundary values in complex connected domains.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias, Economía Etiquetado como: angel arias, creación, cuento de otoño, economía, empleo, empresa, generación, humo, ordenadores, rentabilidad

Recursos

4 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Aprovechar los recursos que se tienen no es un consejo, sino una obviedad. Utilizarlos bien supone no despilfarrarlos, y administrar su empleo implica situar los que no se necesiten en este momento, invirtiéndolos en proyectos de futuro.

Especialmente, si por cualquier razón el panorama está habitado por las vacas flacas, los recursos disponibles no van a servir si los enterramos en el jardín, o dejamos que se vayan a Alemania. Porque no se hizo la luz para ponerla bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre toda la casa.

Es España tierra de pocos recursos minerales, y la mayoría de los que tenemos detectados, nos aparecen de forma dispersa, o han sido sobreexplotados.

El hierro y el carbón nos han dado más quebraderos de cabeza que impulsos al desarrollo, y siguen excavando, sobre todo el segundo, en nuestras preocupaciones colectivas, aunque ambos han propiciado algunas de las fortunas más fulgurantes de este país y de algún otro. Vivimos de cuando en cuando el fulgor de la recuperación del fuego de la franja pirítica, o de los yacimientos auríferos de la zona belmontina asturiana, o del gas natural, libre o enquistado, aunque todo lo que se diga en los papeles, hay que probarlo, lo que no siempre se deja.

Tenemos, en fin, piedras con valor ornamental, que han embellecido, sobre todo, casas centroeuropeas, y dejado algunas huellas difíciles de ocultar en paisajes muy hermosos, resultado visible que me gustaría atribuir, sin asomo de duda, solo a canteras piratas, como consuelo pírrico profesional.

Hay otros recursos mucho más importantes, en mi opinión, que no solo son renovables, sino que se pueden potenciar. Son los de los cerebros nacionales, a los que no solo hay que estimular, sino saber emplear allí donde puedan rendir mejor.

Y en eso, nuestra sociedad fracasa estrepitosamente. Ni aprovechamos la formación que hemos dado a los más jóvenes, ni sabemos seleccionar a los más diestros, ni estimulamos a los más creativos, ni apoyamos a los mejores, ni utilizamos la experiencia de los mayores, ni acertamos a juzgar sin filtros machistas la capacidad de las mujeres, ni premiamos a los más rentables. Ni siquiera somos capaces de apoyar a los que son apartados por haber destacado en la defensa de lo nuestro, admitiendo que el díscolo merece su castigo, y aplaudiendo al verdugo.

En el caso de los escasos recursos naturales, hay movimientos ecologistas -supongo que siempre bien intencionados, pero pocas veces bien informados de los problemas reales que tenemos que solventar- actúan de controladores de la hipotética avidez del capital, eterno fagocitador de paisajes. Puedo entender sus razones, aunque discuta de sus oportunidades.

En el caso de los recursos humanos, atribuyo la persistente incuria de nuestra sociedad a las fuerzas del mal. Como no creo en los demonios, y he visto cómo se las gastan, teniendo que sufrir en mis propias carnes algunas dentelladas, he puesto nombres y apellidos a muchos causantes de este despilfarro. No actúan por móviles ecológicos, quiá, sino como auténtica plaga depredadora de cualquier alternativa que amenace su injustificable posición dominante.

Publicado en: Economía, Sanidad Etiquetado como: actuaciones, aprovechamiento, despilfarro, economía, recursos, rentabiilidad

Escaparates de Ideas (1)

23 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Desde niño he tenido un sueño. Que todas las buenas ideas que pasen por la cabeza de los seres humanos se pongan en práctica.

Ahora tengo otro sueño más profundo, más intenso: que en ese pequeño país, llamado España, -mi patria-, se dedique total atención a cualquier idea que sirva para superar la preocupación mayor de, al menos, 6 millones de personas y de sus familias. Salir del paro. Escrito en positivo: crear empleo.

Conseguir que la estructura socioempresarial genere actividad para que todos quienes dependan de ella vean con tranquilidad su futuro inmediato o el de sus hijos y nietos, parecería un objetivo común, propio de la sociedad global, de un mundo repleto de interconexiones.

Pero como no lo es, y seguramente no lo será nunca, hay que pensar de manera serena, objetiva, fría, en cuáles son las fortalezas -y las debilidades- de la estructura que podemos controlar: desde la Administración del Estado; a partir de las iniciativas de los habitantes de ese Estado, que sean susceptibles de generar actividad en su territorio ;y, por supuesto, mediante la activación del compromiso de las empresas -multinacionales o no- con los ocupantes de ese espacio.

Los tres ejes de actuación -Administración, empresas e individuos- deben coordinarse e impulsarse para que el sistema funcione de manera óptima, aprovechando las oportundidades.

En esta serie de comentarios, a nivel exclusivamente personal, me propongo ofrecer algunas ideas de estímulo, un escaparate de ideas (showcase for ideas), dirigidas específicamente a la iniciativa privada.

Son, como se verá, preguntas surgidas de la reflexión encadenada siguiente:

1. ¿Necesitamos mejorar algo? ¿Podemos hacer mejor algo? ¿Tenemos algún recurso sin explotar?

2. ¿Sabemos cómo hacerlo? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Qué barreras nos impiden ponerlo en práctica? ¿Cómo podríamos estimular su realización?

3. ¿Qué habría que hacer para ponerlo en práctica lo antes posible? ¿Qué recursos -técnicos, económicos, laborales y funcionales precisamos? ¿Los tenemos ya? ¿Dónde están, si no los tenemos aquí, y cómo podríamos conseguirlos?

(Continuará)

Publicado en: Empresa, Sociedad Etiquetado como: Administración, economía, empresas, generar empleo, ideas, iniciativa privada, paro, práctica, recursos, técnica, trabajo

Mejorando el rendimiento del Sistema (Improving the System Performance)

25 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

En un comentario anterior, he tratado de hacer ver que la obsesión por detectar la totalidad de los fallos o defectos de nuestro sistema operativo, puede satisfacer momentáneamente los deseos populares -y populacheros- de lograr más claridad, y incluso, para algunos, excitarían los ánimos de revancha (que son ajenos a la justicia y, sobre todo, a la economía), pero no mejoraría la situación en cuanto a la efectividad de aquél.

Al contrario: cuanto mayor sea la presión focalizada hacia algún sospechoso, todo irá seguramente a peor, (1) , debido a que se está falseando la verdadera naturaleza del mal. Los presuntos infractores cuyo juicio concentra ahora el interérs mediático, no han sido descubiertos en su posible -casi segura- irregularidad gracias al método de la inspección, o al buen funcionamiento de los sistemas de control, sino por casualidad.

Y es esa anómala circunstancia la que permite poner en duda la solvencia total del sistema para autocorregirse y el riesgo de quedarnos, en el podado de las ramas dañadas, solo con la tijera. La persecución de unos pocos, descubiertos por azar o la acusación de alguno de sus cómplices cogido en falta, podrá servir, en su momento, como catarsis parcial, alivio momentáneo al imaginar  que se han detectado a los culpables del mal que nos aflige, pero no garantiza (en absoluto) que se hayan atrapado a los más dañinos, ni supone mejorar, al apartarlos, la actual ni la futura honestidad del sistema, ni quedará mejorada la competititividad ni la producción o el consumo, ni se logrará, por ello, el aumento del bienestar común.

Como reacción natural, el sistema se contraerá, al incrementarse la incomodidad y recelos en los espacios de los que se saben también pecadores, temiendo llegue el momento en que alguien (¡traidor!) los delate, para salvar su pellejo o aturdido por el contagio justiciero.

Seguramente, poco más pasará. Y si así sucede, como ya sucedió en otros casos,  todo acabará cerrándose con sobreseimientos, acusaciones recíprocas, confusión generalizada y dos o tres chivos expiatorios pasando un período en la cárcel (suficiente para que escriban uns confusas memorias que se convertirán en ininteligible bestseller). En suma, el efecto se diluirá, las aguas volverán a sus cauces turbios,  provocando tal vez mayor prudencia en las actuaciones de algunos (que delegarán responsabilidades eventuales a los escalones inferiores de la pirámide de decisiones, con códigos éticos para salvar su tipo) y, en poco tiempo, aumentará la evasión y la acumulación del lujo y el despilfarro, se hará más profunda y soez la corrupción, y aparecerán nuevos mecanismos de infracción (técnicos, económicos, jurídicos) que resulten menos detectables a la inspección oficial, incluso lícitos, todo ello con una disminución de la actividad real, aumentando la dosis de la subterránea y opaca.

La clave, en mi opinión , ha de buscarse en otro lado.

Porque no somos tan especiales los españoles, o los portugueses, los italianos o los griegos: no estamos solos en el pecado, sino muy bien acompañados. El modelo capitalista internacional está estructuralmente corrupto, porque es su modo óptimo de sobrevivir. Ha nacido con vocación de corromper, por su propia esencia. No caigamos en la ingenuidad de suponer que las empresas o instituciones con sede en otros países no utilizan las mismas o parecidas artimañas; no nos creamos las clasificaciones internacionales de transparencia, porque no distinguen entre corruptos y corruptores y están hechas desde la posición de los que dominan las artes de la ocultación.

Nuestra tendencia hispana a imaginarnos originales y hasta exacerbados incluso en el pecado, corresponde a un complejo de inferioridad quasi-infantil, que se potencia por declaraciones de quienes están a cargo del sistema, se difunde por la prensa y se apoya en la opinión pública, alimentada y conducida como rebaño. Es la sociedad líquida: de líquido espeso y maloliente.

Y es que, además, si se me permite el malévolo argumento, la existencia de un porcentaje de economía sumergida es bueno para el sistema, pues alivia tensiones que la economía oficial no sabría corregir y distribuye medios de subsistencia en los sectores más bajos de la sociedad (además de beneficiar a algunos tiburones). Sucede como en los sistemas de abastecimiento y saneamiento de agua en las ciudades: un 15 a 25% de pérdidas de líquido es, no solo inevitable, sino ventajoso, pues ese agua es devuelta al terreno, sirve para recargar los acuíferos y reeequilibra el nivel freático.

Se debe valorar también la importancia del efecto perverso del envenenamiento de los principales controles y agentes sobre el resto: hay que admitir que todo estará más o menos contaminado, y un afán inquisidor sobre la totalidad, llenaría los juzgados de procesados, las cárceles de internos y paralizaría o deterioraría aún más la economía, perjudicando la imagen exterior (cínica) de forma brutal.

El descabezamiento de algunos o todos de los principales malfactores del sistema (si pudiéramos ver por una rendija qué ambiente se respira, de verdad, en los sancta santorum de empresas, sindicatos, partidos políticos…), al carecer de sustituto de igual tamaño, teóricamente limpio de culpa, acabará arrastrando la caída de amplios sectores productivos , o, como efecto indeseable también, solo conseguiráque el hueco sea aprovechado como oportunidad por otro agente de la misma catadura.

No veo en la modificación profunda de la Constitución ninguna ventaja especial. Cambiar algunos artículos de la Carta magna puede tener un efecto de distracción (saludable, en este momento), pero sería inocuo. Hay que concentrar los esfuerzos en intensificar la cooperación y el diálogo constructivo entre todos los agentes, especialmente los que crean empleo, y representantes de la sociedad civil.

Ni siquiera me detendría mucho en aumentar las medidas de control o la inspección: la ética debe ser norma de actuación general y, por ello, hay que confiar que el sistema alcance su equilibrio a niveles éticos adecuados parra su funcionamiento, porque la ética universal no se impone. Lo que sí hay que incorporar es la solidaridad, analizando el modelo económico y sus objetivos sociales,

Es necesario un pacto del empresariado con el Estado, esto es, con la sociedad. Y ahí tenemos un grae déficit, por dejadez, ignorancia, y falta de formación práctica de políticos, funcionarios y agentes de control. También, por interés, desidia, y ausencia de solidaridad de los agentes de producción y económicos.

Hay que construir urgentemente ese diálogo efectivo, hacerlo transparente, y forzar a que la imagen del empresario sea moderna, comprometida, constructiva. No es tolerable que los ejecutivos de las grandes empresas de este país tengan sueldos que a la inmensa mayoría de sus conciudadanos les parezcan cosa de fantasía. Hay que incorporar representantes efectivos (no floreros) a los consejos de administración de las empresas de mayor facturación y empleo, que garanticen el cumplimiento de objetivos sociales, pero, también, que sirvan para dotar de credibilidad total a su funcionamiento.

Estamos en tiempo de descuento, pero el partido se está jugando todavía.

—

(1) A lo que contribuyen, con actuaciones que no están libres de pecado,  la lentitud de la Justicia y la obstaculización procesal de las defensas,  frente a los juicios sumarísimos de los Telediarios.

Publicado en: Economía, Empresa, Política Etiquetado como: capitalista, economía, empresa, estado, medidas, papcto, performance, política, recuperación, reforma, rendimiento, sistema, system, tiempo de descuento

Historias mínimas

23 febrero, 2013 By amarias2013 4 comentarios

Mientras hago cola para que me atienda el pescadero -tengo el número 78 y acaban de vocear el 56-, una señora a la que no conozco de nada (abrigo de paño negro algo ajado y zapatillas de andar por casa) me dice espontáneamente que «si fuera más joven, me marcharía al extranjero«.

Completa el análisis con la confesión de que «la pensión no me da para vivir«, a lo que, mostrándome comprensivo, asiento, y, sin pretender saltarme el turno, solo a efectos de información, le pregunto al tendero si la merluza viene con anisakis y me contesta con aire cansado que «todas lo tienen«.

La señora del abrigo no me abandona, y me cuenta que ella comprará bacaladitas, que son baratas y que a su marido le gustan fritas rebozadas en harina, y que nunca les ha encontrado gusanos, ni tampoco a las sardinillas ni a las platijas. «Al menos, por ahora».

Tengo claro que sus reflexiones no pretenden estimularme a que coja el petate y me vaya rumbo adelante a probar fortuna en las américas, ni me está recomendando que compre un pescado concreto, sino que es una manera simple de hilar la hebra con un desconocido. Antes, se hablaba del tiempo y ahora, de la crisis y de los gusanos que se han instalado en la merluza atlántica, hundiéndole valor y precio, que ya nadie la quiere ni para un sofrito.

Estoy callado un rato, pero, como creo que debo responder a la confianza ajena alimentando  la conversación, mientras observo lo lento que avanza el turno (lo achaco a un prejubilado está comprando ingredientes de manual para una paella mínima, que se le deberían pesar en una balanza de precisión), le pregunto a mi nueva amiga si tiene hijos y me contesta sin recelo que tiene dos: el varón, es catedrático de universidad en física atómica y la niña (que deduzco por la edad de mi interlocutora ocasional que ha debido abandonar la infancia hace ya varias décadas) es juez de primera instancia en Badajoz o Teruel, no estoy seguro.

Calibro con aires de inspector de la troika la frescura del producto expuesto en el mostrador, pero me estoy imaginando a los dos funcionarios  retoños de la anciana haciendo huelga reinvidicativa, cada uno en su dominio del hecho, expresando ante la opinión pública (que es la manera de no dejarlas caer en saco roto) sus pretensiones particulares de mejora de la Universidad y de la Justicia.

Una media hora después, el pescadero me ha limpiado y pelado los lomos de la palometa negra que voy a convertir en cachopos de pescado y, en el ínterin, he vuelto a regalar a mis compañeros de espera (lo hago siempre), con un análisis pedante sobre la decadencia en la credibilidad de todos los stake holders patrios (así dije), desde la monarquía a la banca, pasando por empresas y partidos, y sin que haya dejado libre ni al zapatero de la esquina, que, incomprensiblemente, me ha perdido un cordón del zapato que compré en las rebajas de Milano, que le confié para que le pusiera mediasuelas.

El ojo avizor del representante de la multinacional que es dueña de la cadena de supermercados debió estar observándome, porque la chica de la caja, ha mirado y remirado el billete de cincuenta euros que le entregué para pagar la compra, pasándolo incluso por una máquina de detectar billetes falsos. No solo eso: me ha hecho abrir la bolsa de deporte en la que había guardado los libros que saqué de la biblioteca pública, advirtiéndome, con tono serio, que la próxima vez debo dejarla en consigna.

Ya en la calle, con mi aspecto de buena persona incapaz de romper un plato sin pagar por los desperfectos, ví al pasar ante un escaparate de electrodomésticos que la televisión presentaba la implacable persecución periodística de varias personas que hasta ayer mismos habían sido respetables y que ahora se encontraban encausadas por delitos cuyo tipo penal respondería a un solo propósito: aprovecharse de las ventajas de su posición para apropiarse de lo ajeno.

Todos los perseguidos por la curiosidad periodística huyen como pueden del asedio, sin decir esta boca es mía, aunque a veces, por la presión, se les escapa algún gesto expresivo o una palabra malsonante, pero, en general, me recuerdan a las tomas nocturnas de los animales de las reservas del Serengueti, que parecen irreales, brillantes los ojos por el miedo de haber sido sorpendidos haciendo lo que les es propio (Por cierto: no los llamaría alimañas, solo cumplen con su naturaleza).

El resto del camino de vuelta a casa, con los lomos de palometa y los tres libros (que debo devolver sin falta antes de que cumpla el mes o me castigarán anulándome el carné por el doble de días que superen la fecha límite), no pude quitarme de la cabeza que la gente normal y cumplidora de nuestra sociedad estamoos acostumbrados a que comprueben nuestra honestidad a cada paso, y sufrimos la investigación resignadamente, como un mal necesario (nos casi despelotamos ante los detectores de metal de cualquier aeropuerto, dejamos en la consigna del museo la cámara de fotos y el paraguas, pagamos una hora por los cinco minutos en que dejamos aparcado el coche para recoger al chiquillo,  pedimos perdón para que nos atiendan lo más rápido posible en el pasillo de espera del hospital en donde se retuerce de dolor nuestra parienta desde hace tres horas, pagamos la matrícula del chaval por unos estudios que no van a servirle ni para cobrar el paro, …)  .

No parecemos habernos dado cuenta de que esta labor de estricta vigilancia del cumplimiento de nuestros deberes y obligaciones (algunas inventadas) ese es el método seguido por el sistema para mantener ocupados a los inspectores y guardianes del centeno y de la caja pequeña de los dineros públicos, permitiendo que se escapen los peces gordos, por otras puertas y con otras cajas, y  que solo se verán sometidos a controles cuando, por azar, caigan en las redes que pretendían pescar  especies desprotegidas o como resultado de instrucciones misteriosas.

Es entonces cuando comprobamos, al verlos expuestos en la pescadería de la justicia repentina, al abrir sus entrañas, que sus estómagos estaban llenos de gusanos, y nos preguntamos, inquietos con razón, si los habitantes más gruesos del mar económico no estarán todos contaminados, podres por dentro.

¿Y qué haremos, entonces con ellos? ¿Les perdonamos, les damos otra oportunidad de mentirnos, olvidamos cuanto han hecho, los tiramos a la basura? ¿Nos dejamos convencer de que son inocentes, de que no sabían que lo que hacían era malo, o, aún peor, asumimos que la culpa es nuestra, por no haberlos vigilado?

Tengo la impresión de que estas historias que ahora estamos descubriendo me van a hacer cambiar el gusto por el pescado. Encima, hay quienes se asombran de que las hamburguesas contengan trazas de caballo. Que investiguen primero si no estamos siendo alimentados con piedras de molino.

Publicado en: Economía, Sociedad Etiquetado como: anciana, anisakis, crisis, economía, gusano, merluza, palometa, pescadería, piedras de molino, trampas

Deutsche UnterstÜtzung

5 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La canciller alemana Angela Merkel, anfitriona en Berlín de un circunstancialmente crecido Primer Ministro español -Mariano unter uns-, expresó su voluntad de ayudar al país amigo, envuelto en dificultades de tanta diversidad que podríamos calificar de «esféricas» -globale Schwierigkeiten-, con unas cariñosas palabras.

Sonó algo así: «Animamos a nuestras empresas alemanas en España a que contraten españoles y a nuestras empresas en Alemania a que se fijen en los técnicos cualificados españoles, especialmente, los jóvenes, cuando piensen en ampliar sus plantillas«. (Rueda de prensa posterior a la cumbre hispano-alemana del 4 de febrero de 2013, Berlín).

El presidente Rajoy debía tener la cabeza ocupada con la repetición mental de las expresiones tajantes con las que estaba decidido a reconocer, por fin, que no había tenido conocimiento de contabilidad paralela en su partido, que toda la información publicada por los periódicos controlados por la oposición política era una invención malintencionada, y que las siglas LB no correspondían a Luis Bárcenas, ex- tesorero del PP durante más de una década, ni tampoco a Lehman Brothers, sino a Lysoghenia Broth, el caldo de cultivo utilizado en los laboratorios para el crecimiento de las bacterias, con las que los envidiosos del buen hacer de su gobierno estaban contaminando la economía.

Si el presidente-primer ministro español hubiera tenido la cabeza despejada, hubiera rechazado con una sonrisa la ridícula oferta de cooperación, y, con sus más cuidadas palabras, hubiera expresado esta idea:

«Guárdese su ayuda, Sra. Merkel. Wir brauchen nicht so fortzuleben, wie wir gestern gelebt haben. Macht uns nur von dieser Anschauung los, und tausend Möglichkeiten laden uns zu neuem Leben ein.»

El prejuicio hispano es el inmovilismo. Pasamos más tiempo discutiendo lo mal que lo hemos hecho que lo que tenemos que hacer. Con o sin Alemania.

—

(1) El título del Comentario es: «Apoyo alemán» y la frase con la que termino, tomada de C. Morgenstern, refleja lo siguiente: «No necesitamos seguir viviendo como hemos vivido hasta ayer. Liberémonos» (en el original, se dice, «libéranos») «de este prejuicio, y miles de posibilidades nos invitarán a una nueva vida».

Publicado en: Política Etiquetado como: apoyo alemán, crecimiento, cumbre, deutsche, economía, emprendedor, empresa, españa, Merkel, política, Rajoy, responsabilidad, schwierigkeiten, solidaridad, unterstützung, verantworlichkeit

Bring on the empty horses

3 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

«Traigan los caballos vacíos» es el título enigmático que David Niven dió a uno de sus trabajos literarios. No creo que los jóvenes recuerden a ese magnífico actor secundario de Los cañones de Navarone, una película de las llamadas de guerra con las que los adolescentes de lo que se llamó la España imperial fuimos educados en la admiración a lo norteamericano, (sus hazañas inventadas, sus héroes honorables y actrices, casi todas, extranjeras, que aparecían fugazmente en la pantalla para besarse con tres o cuatro tipos guapetones, hasta que se decidían por el personaje que interpretaba quien tenía las letras más grandes en los títulos de crédito).

De aquella película, se me ha quedado incrustada entre las imágenes memorables de mi vida la espalda desnuda de Gia Scala, recién descubierta como espía. Ese debía ser el motivo -supongo- por el que la censura de principios de los 60 del pasado siglo la había calificado como «solo apta para mayores de 16 años» -edad que yo no tenía (por poco) cuando la pusieron por primera vez en el Cine Santa Cruz, en Oviedo.

El feroz portero que se encargaba de pedir los carnés acreditativos a aquellos a quienes nos temblaba el labio mientras sosteníamos la entrada, me rechazó una vez,  y cuando, al día siguiente, camuflado entre varios compis más fornidos, se me ofreció la posibilidad de desentrañar las razones por las que el obseso de la tijera había restringido el uso de aquella medicina de divertimento a chavales con bozo ya asentado y a hembras con años de menstruación acreditables, me propuse no volver a afeitarme el bigote, lo que cumplí sin mayores interrupciones hasrta hoy.

Traigan los caballos vacíos es una frase sin sentido, que Niven atribuye al director húngaro Michael Curtiz, quien tenía un dominio precario del inglés, y que, en realidad, quería decir «traigan los caballos sin jinete», esto es, desmontados.

Parecerá al lector de este Comentario inconsistente, pero, leyendo ayer los periódicos con las desgracias del día, asimilé llas tristes novedades a la necesidad de que, en lugar de tanto tropel de jinetes montando a la carrera caballos enjaezados de mentiras, se nos trajeran al plató  «los caballos vacíos», esto es, sin entrañas, despojados de sus tripas.

A ninguno de los colaboradores del director Curtiz se le ocurrió ofrecerle, en lo que hubiera sido el cumplimiento exacto de lo que había expresado, rocines destripados, pero hoy nuestro caso es diferente.

No queremos hechos simulados, sino verdades desnudas; y, por favor, dejen de tomarnos por niños. Aunque protagonizada por mayores sin reparos, esta película real deben verla todos los públicos, para vergüenza de los que la hicieron posible y ejemplaridad de cuantos tengan tentaciones de seguir tomándolos como modelo.

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: caballo, Cañones de Navarone, David Niven, desmontado, economía, empty horses, españa imperial, ética, gobierno, justicia, películas, política, reproche generalizado, verdad desnuda

Explorando la cueva del Minotauro: de Filesa a Gürtel

1 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La historia se repite, con una tenacidad implacable. Al contrario que en el dicho popular, cambian los perros pero los collares, no. El cuento de Filesa se parece, como una castaña a otra, a este nuevo de Gürtel.

Aquel escándalo le costó a Felipe González, la presidencia del Gobierno de España, y a su partido, un descalabro emocional y político del que no ha podido recuperarse, a pesar del espejismo socialista de las dos legislaturas de Rodríguez Zapatero, que contaron con el empujón inicial de los islamistas radicales y la incompetencia tenaz de Angel Acebes y continuaron con la inercia de un espejismo de bonanza.

Este escándalo le costará a Mariano Rajoy el reconocimiento de su descontrol sobre las cuentas del partido, el descrédito de demasiados principales del Partido Popular -entre fumigadores, aturdidos y viciosos- y, tan pronto como entiendan allá en Ferraz (si es que no lo han entendido ya) que no cabe más defensa negando la mayor y que hay que abandonar el campo, la caída de Icaro de un Gobierno que prometió salvar a España de la crisis, y la dejará sumida en otra aún mayor, para corta enseñanza de este pueblo de castrados intelectuales.

Los perros -en sentido figurado, por supuesto- están claros. Una parte importante de personajes de la política, no importa su aparente signo ideológico, que ven una oportunidad para enriquecerse (o para mejorar un poco sus sueldos oficiales) en gestionar el Patrimonio y servicios públicos.

No están solos, en sus movimientos por la cueva misteriosa del Minotauro, allí donde habita el cíclope monstruoso que se alimenta de credibilidades, trabajos probos, emprendimientos sanos, ilusiones, ingenuidades y esfuerzos de todo tipo.

Su pervivencia exige que se le alimente continuamente, y en esa función sacrificial se empeña una combinación afanosa que vincula o parece vincular -santo Dios- a miembros de la familia que ocupa la Jefatura del Estado, militantes y simpatizantes de los partidos políticos y responsables de las principales empresas del país que necesitan contratos públicos para aumentar facturación y beneficios.

El cuidado en el lenguaje que se ha impuesto en esta sociedad de fantasía, exige que se hable de presunciones, sospechas. Pero el hilo de Ariadna, esta vez, no está conduciendo al interior de la cueva, no nos detecta al Minotauro. Ese hilo, tirando de las libretas de ese contable aplicado pero que no sabría si calificar de avieso o lerdo, nos conduce, en un periplo vicioso, de Gürtel a Filesa. Una y otra vez.

Porque los collares son los mismos: la avaricia, la ambición desmedida, el desprecio a lo que es común, la mentira, la desfachatez, la vanidad, la confianza en que los que llevan alimento al Minotauro jamás serán devorados por él.

Habrá que verlo.

Publicado en: Empresa, Sociedad Etiquetado como: Ariadna, Bárcenas, corrupción, economía, escándalo, ética, Filesa, financiación irregualr, Gürtel, indignados, Minotaruo, partidos, reproche generalizado, responsabilidad

Comentarios en el Blog Alsocaire en 2010

9 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

pEstos son los enlaces a los Comentarios publicados por mí en el Blog Alsocaire durante 2010. Confío en que el lector los encuentre, en su mayoría, aún válidos.

1. Sobre la televisión pública y sus retos

2. Sobre nuevas necesidades en la formación de diplomáticos

3.Sobre la amistad

4. Sobre la optimización de la elección de coche por inexpertos

5. Sobre las responsabilidades en los contratos de arrendamiento de vivienda

6. Sobre los pros y contras de ser un tipo de provincias

7. Sobre la tolerancia, la religión y la cultura

8. Sobre la intimidad

9. Sobre el misterio de la igualdad sexual

10. Sobre cómo hacer un buen currículo

11. Sobre los derechos del autor y las libertades del que no paga

12. Sobre los derechos del autor y las libertades del que no paga (y 2)

13. Sobre el sustituto

14. Sobre las dificultades de Dios para con los pobres

15. Sobre pusilánimes, aprovechados, y tiranos

16. Sobre la muerte

17. Sobre la formación académica y el caos

18. Sobre las réplicas del terremoto de Haití en República Dominicana y en otros países

19. Sobre el principio de vinculación positiva

20. Sobre espectadores y creativos

21. Sobre el tráfico ilícito de materiales nucleares

22. Sobre la política humanitaria de los Estados Unidos

23. Sobre los aprovechados de primera generación

24. Sobre los homenajes póstumos

25. Sobre la ruta Jacobea para invertidos

26. Sobre las previsiones

27. Sobre los confines de la heterosexualidad

28. Sobre la historia de Pepe el Ferreiro

29. Sobre Tomás de Aquino y Alberto Magno

30. Tras la huella del pacto de las pensiones y del precio de los billetes

31. Sobre los amigos en política

32. Sobre la influencia de los blogueros

33. Sobre lo pequeño

34. Sobre las perspectivas de recuperación económica en España

35. Sobre la presidencia semestral española en el Consejo de Europa

36. Sobre la Unión Europea y su cohesión

37. Sobre el Programa de estabilidad de Grecia y las barbas del vecino

38. Sobre el principio Potosí y la apropiación originaria

 39. Sobre para qué serviría un pacto de Estado ahora

40. Sobre las élites en el mundo árabe

 41. Sobre las élites en España

42. Sobre twitter, el DNI digital y otras brechas tecnológicas

43. Sobre amor, erotismo, y porno duro

44. Sobre San Valentín y los enamorados

 45. Sobre las pensiones de jubilación y los pactos

46. Sobre el momento del cine español

47. Sobre la expresión de la voluntad popular

48. Sobre la expresión de la voluntad popular

 49. Sobre cómo reclamar un recibo de agua al Canal de Isabel II

50. Sobre lo nuclear de la energía

51. Sobre el arte como creación o como enredo

52. Sobre las causas de algunas desgracias naturales

53. Sobre los perdedores

54. Sobre los ratios que le gustan al banquero Botín y al empresario Falcones

56. Sobre el papel de los sindicatos como agente social

57. Sobre los encuentros entre técnicos y políticos

58. Sobre Políticas energéticas

59. Sobre los gallegos en sentido natural y peyorativo

60. Sobre pleno empleo, mujeres y jóvenes

61. Sobre la dinámica en la creación y destrucción de empleo

62. Sobre la facultad de olvidar

63. Sobre el ocaso de las Ferias reales

64. Sobre los que nos salvarán de la crisis

 65. Sobre lo que podemos arreglar entre todos y lo que no

66. Sobre la soledad de las integrales de Riemann-Stieltjes

67. Sobre los límites reales de la privacidad

68. Sobre la femineidad

69. Sobre la independencia, incluso la de los jueces

 70. Sobre la energía geotérmica

71. Sobre la utilización del calor de la mina

72. Sobre las palabras inútiles

73. Sobre la enfermedad senil del teatro

74. Sobre los catedráticos de Obstetricia y Ginecología

75. Sobre los abstenidos

76. Sobre la rentabilidad de las redes sociales

77. Sobre las corridas de toros y otros espectáculos soeces

78. Sobre los primeros síntomas de la primavera

79. Sobre la biodiversidad, el desarrollo sostenible y responsabilidad social corporativa

80. Sobre el padre

81. Sobre el cuidado de la propia imagen

82. Sobre la relación entre la formación universitaria y el botellón

83. Sobre el enriquecimiento ilícito

84. Sobre los TICS en la enseñanza

85. Sobre la potestad de anular

86. Sobre apáticos y atípicos

87. Sobre el raitán, el glayu y el cuclieyu

88. Sobre la Semana Santa y el cambio climático

89. Sobre la resurrección de los muertos

90- Sobre la mujer del prójimo

91. Sobre los líderes y lo que representan

92. Sobre los límites de los poderes públicos en las campañas institucionales

93. Sobre la verdad

94. Sobre la recuperación de Toledo

95. Sobre el concepto de amigo y Facebook

96. Sobre la financiación de los partidos políticos en la oposición

97. Sobre el perendengue de la política

98. Sobre la derecha liberal española en el obituario de Guillermo Luca de Tena

99. Sobre la predisposición

100. Sobre las razones para escribir post largos

101. Sobre la perplejidad

102. Sobre la ética y la lógica de la selva

103. Sobre geocosmoísmo y guerras por el agua

104. Sobre Asturias y porqué

105. Sobre la imperiosa necesidad de rescatar credibilidades

106. Sobre el triángulo virtuoso de la energía geotérmica

107. Sobre la trayectoria vital

108. Sobre el futuro de las Cajas de Ahorro

109. Sobre los Protocolos

110. Sobre las mentiras piadosas y las desvergonzadas

111. Sobre la acumulación de cargos

112. Sobre el Defensor de lo Razonable

113. Sobre cenas donde el menú somos todos

 114. Sobre la exhibición excéntrica de la diferencia

115. Sobre la preparación para la vejez

116. Sobre los elementos de una nueva Constitución para España

117. Sobre lo que ensucian el agua los políticos

118. Sobre cargos, poltronas y oportunidades

119. Sobre los índices de papanatismo y su interpretación

120. Sobren, sobramos, sobras

121. Sobre los Sherpas, la fama y el dinero

122. Sobre las madres de los hijos de mala madre

 123. Sobre arreglos, trampas y soluciones

124. Sobre los improductivos

125. Sobre el futuro de la CNE

126. Sobre las energías renovables del Tribunal Supremo

127. Sobre pájaros y graveras

128. Sobre los efectos de Babel en los europeos

129. Sobre las cuestiones candentes del derecho de la energía

130. Sobre más cuestiones candentes del derecho de la energía

132. Sobre visados y penurias

133. Sobre el coste de no estar de acuerdo

134. Sobre quién manda en los funcionarios españoles

135. ¿Sobre guerra civil en España?

136. Sobre la pugna entre la ciudad y la selva en Asturias

137. Sobre injusticias, venganzas y amiguismos

138. Sobre el fútbol como manifestación de la desigualdad

139. Sobre la investigación y el desarrollo económico

140. Sobre la digestión de las energías renovables

141. Sobre la rehabilitación como utility

142. Sobre cuestiones candentes del derecho de la energía (y 3)

143. Sobre los gorriones y la política ambiental europea

144. Sobre la miseria de ser rico

145. Sobre el PIB, la generación de residuos y otros indicadores de prosperidad

146. Sobre la evolución de los focos de atracción sexual

147. Sobre las vulnerabilidades del garantista

148. Sobre la Europa 2020

149. Sobre el fomento del espíritu emprendedor

150. Sobre el diálogo como fuente de progreso

151. Sobre lo que nos enseña Facebook

152. Sobre el testamento digital
153. Sobre el uso de placas solares en edificios
154. Sobre la gestión municipal de las licencias de actividades
155. Sobre la x a favor de la Iglesia católica en la declaración de la renta
156. Sobre el Centro Común de Investigación (JRC) europeo
157bis. Sobre competitividad y defensa del ambiente
158. Sobre la presencia de la Reina Sofía y Rafael Nadal en el Roland Garros
159. Sobre empleo, pacto social y reforma laboral
160. Sobre Chamberi Valley y Bill Puertas
161. Sobre la imaginación en los negocios

162. Sobre el estado de ánimo de los socialistas
163. Sobre las (in)fusiones frías de algunas entidades financieras
164. Sobre los malos usos europeos con Africa
165. Sobre una valoración del riesgo de quedarse sin trabajo, sin dinero o sin ideas
166. Sobre el sofoco que nos produce Alemania a los españoles
167. Sobre el porvenir de la energía eólica
168. Sobre el control del patrimonio en Espana
169. Sobre el lujo
170. Sobre los beneficios de BP
171. Sobre las historias de amor cuestión de Estado
172. Sobre los ejercicios espirituales de Fray Varsavsky en Torrenova de Alaior
173. Sobre las largas vacaciones del 2010

174. Sobre juanes, pilares, conchas, cármenes y pepes
175. Sobre la caldera energética española
176. Sobre la vivienda del futuro
177. Sobre Estatutos de Autonomía y Unión Europea
178. Sobre el Museo Arqueológico y Holográfico de Madrid
179. Sobre el derecho a la huelga y su ejercicio
180. Sobre el prurito de hacerlo bien y lo malo de hacerlo por prurito
181. Sobre la imagen exterior de España
182. Sobre el sentido de la vida

183. Sobre revolucionarios, víctimas y catarsis

184. Sobre nacionalidades, fútbol y banderas
185. Sobre la belleza del cuerpo humano
186. Sobre el futuro del estado de bienestar
187. Sobre la capacidad de la euforia para relanzar la economía
188. Sobre las energías que se pierden en España
189. Sobre las causas del escaso impulso de la investigación en España
190. Sobre la optimización del input social del ser humano
191. Sobre las obligaciones implícitas del comprador de obras de arte
192. Sobre la Roja, el paradigma y la renovación del Ejecutivo
193. Sobre el modelo de estrategia de Vicente del Bosque y Toni Grande
194. Sobre el estado de la nación
195. Sobre los tercios de mejora y libre disposición
196. Sobre los perfiles de Obama, Sarkozy, Merkel y otros políticos en Facebook
197. Sobre los estímulos a la participación
198. Sobre Turner, pintor de paisajes, escenógrafo y fotógrafo
199. Sobre la libre elección del juez
200. Sobre éxitos y objetivos
201. Sobre la energía nuclear: causas y efectos de la procrastinación
202. Sobre el daño injusto y los márgenes de tolerancia
203. Sobre la dificultad de reconocerse humano
204. Sobre el matrimonio de conveniencia entre técnica y política
205. Sobre orientaciones e identidades sexuales
206. Sobre las subvenciones al carbón y el arte de la pesca
207. Sobre las dehesas
208. Sobre las iguanas

209. Sobre los derechos de los animales y la abolición de las corridas de toros
210. Sobre la gradación de los delitos y las penas
211. Sobre parálisis, inversiones e infraestructuras
212. Sobre la obra social de las Cajas de Ahorros
213. Sobre hábitats científicos y rurales
214. Sobre algunos asesinos y sus razones
215. Sobre paisajes, ingenieros y políticas en Asturias
216. Sobre libretas, archivos digitales y hemerotecas
217. Sobre monumentos, ruinas, rehabilitaciones y nuevos edificios emblemáticos
218. Sobre la planificación de la vida que nos queda
219. Sobre frases sensatas de asturianos (1)
220. Sobre frases sensatas de asturianos (2)
221. Sobre las esquelas
222. Sobre teleredes sociales y el diálogo de besugos
223. Sobre teleredes sociales y el diálogo de besugos
224. Sobre la importancia
225. Sobre fuegos intencionados, propiedades públicas y bosques descuidados
227. Sobre controladores, sueldos y mano de obra
228. Sobre el poder de la ignorancia
229. Sobre las relaciones con Marruecos
230. Sobre partidos políticos, propósitos públicos, ideologías coherentes y ambiciones personales
231. Sobre la conservación del patrimonio arquitectónico y las ruinas
232. Sobre la historia de las religiones y la educación para la ciudadanía
233. Sobre la sicopatología de la Feria de Muestras de Asturias
234. Sobre Woody, Bruni y otros chicos del folletón
235. Sobre ayuda al desarrollo, cooperantes y pago de rescates
236. Sobre las vacaciones en agosto
237. Sobre los riesgos de las misiones
238. Sobre el Gran Hermano minero de Chile
239. Sobre el arte comestible de Antoni Miralda
240. Sobre lo que nos importan los afganos
241. Sobre la identidad propia y la responsabilidad social corporativa
242. Sobre las primarias en el PSOE de Madrid: Mucha Esperanza
243. Sobre decorados, Vogue, Obama, simbologías y frivolidades
244. Sobre la contaminación social
245. Sobre la naturaleza del sentimiento trágico de la insoportable levedad del ser
246. Sobre estrategias económicas y el sexo del feto
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253. Sobre las razones y efectos de un cambio de look
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259. Sobre el mérito de saber pasar desapercibido
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270. Sobre la recuperación de la crisis y la creación de empleo (2)
271. Sobre los interlocutores en una huelga general
272. Sobre lo que es imprescindible reformar en la reglamentación laboral en España
273.
Sobre lo que ha de entenderse por trabajador

274. Sobre cómo elegir el mejor blog en 20 minutos
275. Sobre los factores que disminuyen la eficacia de un grupo
276. Sobre los güebos de Rafael Correa y otras consideraciones ecuatorianas
277. Sobre la intensidad del presente
278. Sobre la sutil diferencia entre ahorro y estalvi
279. Sobre el plan B de MAFO y el manual del optimista
280. Sobre el lugar para el carbón en la economía española
281. Sobre la labor de los inspectores de educación
282. Sobre el premio a Liu Xiaobo como mensaje a Wen Jiabao
283. Sobre lo que piensan los no economistas sobre el mercado
284. Sobre aquellos polvos de los que vienen estos lodos
285. Sobre lo que enseña Rosa Díez
286. Sobre la creciente afición a gritar para ser escuchado
287. Sobre el síndrome del rescate y la gloria del minero
288. Sobre la reparación del daño por accidente de trabajo
289. Sobre la mitificación del trabajador
290. Sobre libertades, tolerancias, respetos y educación
291. Sobre las cuentas de Madrid
292. Sobre la vocación política
293. Sobre la banda de Möbius, la botella de Klein, la conjetura de Poincaré y la cabeza de Perelman
294. Sobre las barbas de Zapatero y el carisma de Rubalcaba
295. Sobre los distintos tipos de ferentes y su interés
296. Sobre los Principes de Asturias y la plebe
297. Sobre morros y morritos
298. Sobre mentirosos y mentiras
299. Sobre la traducción del lenguaje poético
300. Sobre la marginación de la técnica por la política
301. Sobre la innovación en Europa
302. Sobre la regionalidad, el desarrollo y la globalización
303. Sobre la virtualidad realizada

304. Sobre la percepción de la corrupción: medida y desmedida
305. Sobre molinos, catedrales y energías
306. Sobre la propiedad de las setas silvestres y su legislación
307. Sobre el espacio político de la izquierda europea
308. Sobre la frustación de Obama y el enemigo chino
309. Sobre el transporte aéreo y el negocio de la inseguridad
310. Sobre títulos, formación y competencia
311. Sobre laicismo y confesionalidad en la Historia de la ética
312. Sobre la Responsabilidad Social Gubernamental (RSG)
313. Sobre las razones que se niegan a los saharauis
314. Sobre hormonas ocultas en las carnes, ciclistas y gigantes
315. Sobre la probabilidad de que el cambio climático sea una ideología
316. Sobre el centenario del primer tomo de los Principia Mathematica de Russell y Whitehead
317. Sobre lo que nos falta por descubrir en Atapuerca
318. Sobre la forma de correr de los politicos
319. Sobre las consecuencias para la salud del cambio climático
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324. Sobre las principales categorías de supervivencia en la selva laboral
325. Sobre las principales categorías de supervivencia en la selva laboral(y 2)
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327. Sobre la necesidad de Dios y la necedad del Hombre
328. Sobre la estrategia energética para 2035
329. Sobre el paseo virtual de las profesiones por el ambiente
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332. Sobre los plazos de entrega para el vehículo eléctrico (y 2)
333. Sobre las renovables, el tren de la economía y las estaciones del via crucis
334. Sobre lo que nos ocultan los economistas y las fricciones en la búsqueda
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336. Sobre los chisguetes de expertos en jeribeques
337. Sobre lecciones de macroeconomía para pobres diablos
338. Sobre el fomento de la cultura empresarial, entre el MIT y la RAE
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340. Sobre lo que aún no ha divulgado Wikileaks
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345. Sobre el ascenso a la fama del ingeniero Sougarret
346. Sobre naturaleza, límites y espectáculo
347. Sobre carreras, objetivos y resultados
348. Sobresalientes
349. Sobre España como instrumento
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351. Sobre liebres, conejos, galgos, podencos y otros animales con representación parlamentaria
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353. Sobre los índices de enajenación mental de un pais
354. Sobre la identidad digital
355. Sobre la función social del sistema bancario
356. Sobre copago, edad de jubilación, beneficiarios, prestaciones y control
357. Sobre lo que de verdad oculta Estados Unidos
358. Sobre el garum, la reacción de Maillard y las cenas de Navidad
359. Sobre el imparable ascenso de United Technologies Corporation al sol
360. Sobre las distintas formas de amor no relacionadas con el sexo
361. Sobre las acepciones del nosotros en los discursos institucionales
362. Sobre lo que queda del año
363. Sobre derecho a la información, leyes del mercado y cánones digitales
364. Sobre el duopolio del fútbol español, la colusión de intereses y la estrategia de Florentino
365. Sobre cómo despedir el año con un corte

 

 

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El buen jefe

1 enero, 2013 By miguelarias Deja un comentario

Mientras merendábamos, un amigo ya jubilado recordó a uno de sus jefes con la expresión: Era un buen jefe, porque no tenía prisa porque se terminara ningún asunto y todo lo que hacíamos sus subordinados le parecía bien.

Mi primera reacción fue la de la ironía: En efecto, si el destino final de lo que estábais haciendo era un desastre, no había porqué correr, y, teniendo en cuenta que lo que perseguíais era la máxima ineficiencia, cualquier actuación es buena para contribuir al caos.

Pero, cuando me escuchaba a mí mismo, se me presentó la imagen vívida de que no podía defender que la posición contraria, acelerar la terminación de los temas, hostigando a los subordinados y criticando sus propuestas, supusiera la definición de un buen líder.

El asentamiento despiadado de la crisis en España durante 2012 ha puesto en bandeja a los críticos la posibilidad de juzgar los resultados del tipo de liderazgo que hemos tenido en el país, no solamente en el gobierno de la nación, sino en las grandes empresas.

La panorámica de la gestión pública como privada se nos ha poblado de buenos jefes. Gentes que, hagan lo que hagan, son juzgados como mentes brillantes por sus subordinados.

Da lo mismo que se trate de Mariano que de Rubalcaba, de Mas como de Menos, de Botín como de Florentino, de Rato como de Villalonga, de Esperanza como de Solchaga, … no conozco personaje público ni privado que no sea alabado como un figura de la previsión estratégica por sus más directos allegados al poder.

Por supuesto, tampoco conozco ningún líder vivo que no haya obtenido feroces críticas por parte de quienes están sufriendo las consecuencias de las decisiones restrictivas que estén tomando ellos mismos o -nunca se suele saber bien de dónde parte la corriente- la estén tomando sus subordinados o, más seguramente, se las estén dictando desde arriba.

Así que, si me viera en la tesitura de analizar, en una tertulia de café, que es en realidad un buen jefe, debería matizar que todo depende de la coyuntura en la que le haya tocado lidiar: si se encuentra situado en una fase recesiva del sector o de la economía en general, lo mejor que puede hacer, si, como supongo que le sucederá, pues ha llegado hasta allí, no tiene mayor idea de lo que hay que hacer, es no hacer nada, y dejar que sus subordinados hagan lo que le plazca.

Si, por suerte, se encuentra con una fase expansiva de la economía, lo mejor que puede hacer, bajo los mismos supuestos, es hacer cualquier cosa que se le ocurra, con la seguridad de que eso serán también lo que hagan sus subordinados, por lo que entre todos conseguirán llegar de la manera más rápida posible y más caótica al final de la fase expansiva, por lo que no tendrán problemas en aplicar el resto del manual, tal como figura en el párrafo anterior.

Soy consciente de que estas ideas no van a figurar en ningún libro de gestión empresarial (salvo, eventualmente, el que yo mismo me publique), pero eso no les resta validez. Al contrario. Las fuerzas del mal están en todas partes para impedir que lo razonable destruya, ya en su fase prodómica, la recuperación de la amnesia colectiva.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: angel arias, buen jefe, coyuntura, crisis, economía, fase recesiva, gestión empresarial, jefe, liderazgo

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