Al socaire

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Las bazas de Mariano Rajoy

9 julio, 2016 By amarias Deja un comentario

Mariano Rajoy, todavía Presidente en funciones del Gobierno de España, es, sin duda, la persona más cualificada para dirigir el país en este momento. Nadie como él atesora experiencia acerca de cómo funcionan las cosas por aquí.

Es cierto que no «ganó las elecciones», ni las de diciembre de 2015 ni las de junio de 2016, porque, aunque el Partido Popular fue la opción más votada, lo fue por una minoría del total de votantes. No cabe decir, pues, que «el pueblo ha expresado su voluntad de que gobierne el PP», ni otras retóricas, y falsarias, expresiones con las que los representantes más conspicuos de la derecha española defienden su presunto derecho a seguir gobernando.

Pero la capacitación de Mariano Rajoy que defiendo en este Comentario proviene de su abrumador currículum. Registrador de la Propiedad al año siguiente de terminar la licenciatura de Derecho, concejal del Ayuntamiento de Pontevedra, Presidente de la Diputación de la Provincia homónima, diputado durante décadas, ministro de Educación y Cultura, de Administraciones Públicas, de Interior, de la Presidencia, vicepresidente Primero y Presidente de Gobierno él mismo…¿Quién podrá alardear de una experiencia similar? Nadie.

Nadie como él ha de conocer las triquiñuelas que se vienen realizando desde tiempo inmemorial para compensar, en los discretos despachos anexos al principal, las diferencias entre el precio declarado en las escrituras públicas y el concertado entre comprador y vendedor de inmuebles; siendo Pontevedra lugar de asentamiento clásico de los grandes traficantes de droga de España y de Europa, en donde suntuosas mansiones, barcos de recreo, lugares de placer y lenocinio, han proclamado, sin rubor, durante decenas, el origen misterioso y con seguridad, ilícito, de los dineros con las que se adquirieron tales bienes, no es ajeno, sin duda, al conocimiento de tales maniobras (de las que, por supuesto, siempre se mantuvo al margen).

Rajoy estuvo en los entresijos del derrocamiento a Sadam Husein, -cuya figura alcanza, por cierto, con el tiempo, dimensiones propias de la veneración santificada-, y estar apoyando a José María Aznar en la difícil decisión adoptada, junto a Bush jr, Barroso y Blair, tuvo que darle amplios conocimientos acerca de cómo se mueven los designios del gran capital norteamericano, que han de estar conservados en algún lugar de su prodigioso cerebro.

Como Ministro de Educación, y Ciencia, que fue, y harto brillante (como se puede comprobar en las hemerotecas, propulsor de los nuevos Planes de Formación Profesional) nadie mejor para saber cómo impulsar, de una vez, la pureza de la Universidad española, la regulación del acceso transparente a las cátedras y títulos, la elevación del decaído prestigio de las carreras y profesiones, o la orientación acerca de los puestos de trabajo que se crearán en las ya no tan nuevas, tecnologías, incluidas, claro, las ambientales.

No admito que nadie se jacte de conocer mejor las administraciones públicas -salvando, quizá, al desaparecido en la batalla Francisco (Paco) Sosa, que propugnó una reforma imposible-, porque él fue quien firmó la LOFAGE en 1997,  y, por supuesto, ningún antecesor ni subordinado ha igualado su prestigio como Ministro de Interior, con sus éxitos para doblegar a ETA al aprisco de la deposición de las armas y su Ley de Extranjería, que tanto ha significado para la cobertura de puestos laborales que los españoles despreciaban.

Como Presidente, su ilusión y empuje por impulsar nuevos proyectos empresariales, en negociación continua con los mejores empresarios de este país, además de ponerle en delicado pero efectivo conocimiento de las relaciones subterráneas entre el gran capital y los partidos políticos (si no lo había adquirido antes), ha significado la generación de millones de puestos infra-mileuristas, y el crecimiento de los negocios de algunos grupos empresariales en el extranjero, lo que ha mejorado sus resultados, por supuesto, aunque, desgraciadamente, ha significado la reducción de su capacidad de empleo en España.

No tiene, pues, necesidad de suscribirlo alguien de tanto prestigio pasado como Felipe González. Mariano Rajoy debe gobernar. Y debe hacerlo en solitario, contra todos. Quizá con apoyos puntuales de Ciudadanos, del PSOE, incluso de Unidos Podemos que, como recordamos bien, en el curso de las negociaciones para estudiar la posibilidad de coaliciones de gobierno más aventureras, negó su apoyo -cuando eran solo la mitad de la denominación, aunque más numerosos en simpatizantes.

Nos esperan, por supuesto, tiempos muy difíciles. Pero entretenidos. Mariano Rajoy, con su visión escénica del Estado español, con su conocimiento profundo de la Administración Pública y de las capacidades de iniciativa privadas, nos lo garantiza.

Ah, y que vaya enseñando a los nuevos -esos «chicos» voluntariosos, pero inexpertos aún, llamados Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón,…cómo se corta el bacalao. Sugiero que los nombre ministros por turnos, y que cuente, en esa hipotética Escuela de Otoño- con la asesoría inapreciable (en el sentido de, gigantesca) de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar; para no ampliar más la nómina de expertos en la política real. Sobre la economía real, habría otro curso, más avanzado, para los que aprobaran el primero.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: administraciones públicas, apoyo, currículum, diputado, empresa, empresario, españa, ETA, exportación, Formación Profesional, gobierno, laboral, Mariano, PP, PSOE, puesto de trabajo, Rajoy, Unidos Podemos

Sin método

14 junio, 2016 By amarias Deja un comentario

Por las encuestas de opinión que se publican con frenética dedicación, mis conciudadanos siguen teniendo claro a quién votar el 26 de junio, en la repetición de las Elecciones Generales a que obligó no haberse conseguido acuerdo para elegir presidente de Gobierno.

Eliminada por confusión con Podemos, el vuelo distorsionador de abejorro ideológico que significaba Izquierda Unida, las cuatro opciones de que dispondrán, en esencia, los votantes, repartirán las preferencias de forma tan equilibrada que ninguna de ellas conseguirá la mayoría suficiente para gobernar en solitario…y puede que la única coalición que permitiría un gobierno estable obligaría a que dos opciones incompatibles – PP y Unidos Podemos- se pusieran de acuerdo contra natura.

El debate televisivo del 13 de junio de 2016, en el que los cuatro cabezas de lista han debatido en faena de aliño sobre cuestiones bastante marginales, no ha venido a aclarar en absoluto el panorama. Más grave aún que los programas de cada partido o coalición permanezcan desdibujados, es que si, después de las elecciones, los partidos alcanzan algún pacto de gobierno o de investidura, éste se hará a espaldas, es decir, sin previo conocimiento de la ciudadanía, porque todos  parecen esgrimir posturas inconciliables, salvo Ciudadanos respecto al PSOE (opción de coalición que, por estrategia que no entiendo muy bien, el PSOE no corresponde con la misma elegancia).

Y el tema es importante, porque, por falta de la necesaria concreción, las posiciones de fondo (en algún caso, intuidas) de las cuatro opciones no son tan diferentes. Asunto curioso, en realidad: al no profundizar en las soluciones, las ideologías alcanzan una dramática transversalidad, tienden a parecerse, y nos fijamos más en el talante y carácter mediático de los líderes, que en lo que nos dicen.

Empiezo por constatar la primera grave ausencia: ninguno de los partidos ha sido capaz de concretar cómo se va a conseguir, de verdad, y no por puro voluntarismo, la consolidación del estado de bienestar.

No es tarea sencilla y, en mi opinión ni siquiera lo veo posible sin un sólido esfuerzo conjunto y, si se me permite la expresión simple, sin que nuestros políticos, refrendados por el poder de las urnas, sean capaces de ponerse el mundo por montera, sacando pecho y argumentos sin que les tiemblen las pestañas. Porque la incorporación de las tecnologías de informática, robótica, comunicaciones, etc., seguirá provocando, en un país con nuestro déficit tecnológico, inmensas bolsas de paro estructural, que necesitarán de crecientes ayudas sociales, para sostener, hasta donde sea posible, el edificio ya muy dañado del estado de bienestar del que hemos venido disfrutando.

El Partido Popular trampea la solución indicando que, de seguirse con el ritmo del crecimiento del pib del último año, se generarán, en cuatro años, dos millones de puestos de trabajo. No indica, claro, qué tipo de ocupaciones y en qué sectores. La reiterada afirmación de que, si se generan estos trabajos, se recuperarán tanto las cuentas de la Seguridad Social como la bonanza económica, resulta ser un puro wishful thinking (pensar como querer), que, me temo, solo pretende adormecer los espíritus sin información de lo que se está cociendo en el mundo, al menos, hasta que la realidad los haga despertar de golpe contra la losa.

La coalición Unidos Podemos no se detiene tanto en la creación de empleo -que también le gusta-como en la mágica redistribución de la riqueza, aumentando la presión fiscal a las clases altas y medias y a las empresas, y, en lo referente a la dinámica económica, creando empleos en no se qué sectores, de donde surgirán consumidores nuevos, confiando en que se produzca algún milagro socioeconómico que no se ha conseguido explicar, o, en mi torpeza agnóstica, yo no alcanzo a detectar.

Así que, el impulso mágico al consumo provocado por nuevos millones de trabajadores, surgidos de la chistera de la reactivación de la economía interna, lo enmarco, por las mismas, en el mismo espacio celestial en el que sus seguidores encontrarán, a los devotos de la economía del mercado que hayan votado al PP.

Más me gusta, desde luego, porque al menos lo percibo como una trabada opción académica en la que adivino la mano docta de los asesores de Rivera (Ciudadanos), la opción de mejorar la educación en todos los niveles, tomando como modelo a seguir los países del norte de Europa. Acompañada de otras medidas de menor alcance, y, por supuesto, asumibles por cualquier política decente -más inspección fiscal, eliminar el despilfarro reduciendo gastos superfluos, implacabilidad con la corrupción. etc.-, la medida, con resultados a medio plazo -si se consiguiera alcanzar esa revolución académica, a la que tanta resistencia vaticino-, es imprescindible.  No hay nada -o muy poco- en el programa sobre la deseable reactivación económica, y no estaría de más, en un partido que quiere ser pragmático, advertir de la extrema dificultad en mantener y aún menos, revitalizar, en un país intermedio y descabezado como el nuestro, la economía productiva.

Y dejo para el final el PSOE, ese resto de la socialdemocracia que produce pesadumbre y lástima, mirado desde la perspectiva de los que le hemos visto tomar cuerpo y quemar sus alas como Icaro, en caída libre, a pesar de la parsimonia dialéctica de Pedro Sánchez. El argumento central de lo que queda ideológicamente de este partido es que ha llegado la hora de cambiar el rumbo del PP o, al menos, de retirar a Rajoy. Los argumentos son una mezcla de alegación al final de ciclo, incompetencia, mayores dosis de corrupción detectada y falsedad en los datos de la recuperación económica. Si no hay más que contar, apaga y vámonos.

En fin, me hubiera gustado que se nos diese a los españoles, por única vez, la opción de votar a dos partidos a la vez. Ya que los partidos no están dispuestos a pactar antes del día de las elecciones, al menos, que se nos dejare a la mayoría sufrida y silenciosa, la posibilidad de indicar qué dos partidos deseamos que nos gobiernen durante la próxima legislatura.

Que deberían ser aquellos que tengan más claro que les esperan, que nos esperan a todos, años extremadamente difíciles, en los que no valdrán cuentos ni buenos deseos. Necesitamos gentes excepcionalmente capaces, muy inteligentes, bien conectadas con el exterior -conocedores de, al menos, tres o cuatro idiomas extranjeros- y creíbles ante los agentes sociales del interior, honestas sin resquicios, versátiles, con capacidad para aguantar y juego de cintura para esquivar.

En figurado: piel de saurio, estómago de dromedario, instinto de elefante, corazón de perro siberiano,  manos de tigre, vista de águila y resistencia de caballo de carreras.

No veo estas cualidades en ninguno de los candidatos. Que se me perdone mi debilidad para no reconocer, en tiempos de crisis, oportunidad para las opciones ideológicas. Por eso, agradecería que se formara una coalición de gobierno cuanto más extensa, mejor. Así aprenderían los políticos, como hacemos, por la cuenta que nos tiene, los empresarios y los profesionales, a sacar el máximo partido de las capacidades disponibles.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Ciudadanos, coalición, debate, gobierno, Izquierda Unida, Partido Popular, Pedro Sánchez, Podemos, PSOE

Sangre en la arena, toros al corral, corrida destemplada, tiempos muertos

5 marzo, 2016 By amarias Deja un comentario

El resultado era previsible, las duras e irrespetuosas formas empleadas contra el candidato a Presidente de Gobierno por algún contrario que estaba llamado a servir de apoyo expreso o tácito, menos.

Para el conjunto de los españoles, el tiempo de peroratas, en relación con el objetivo constitucional, fue tiempo perdido. Para el candidato, sus replicantes y las respectivas facciones de apoyo, ocupando ya un sitio remunerado en los escaños, no tanto. Si alguien conservaba restos de curiosidad para evaluar la capacidad de improvisación o la finura para desflorar argumentaciones del otro en caliente, vaya para él lo servido por lo comido.

Para el Partido Popular, dirigido por Mariano Rajoy o por su buena fortuna, fue tiempo de milagros. Porque pronto la escenificación dejó claro que lo que se lidiaba allí, en el respetable coso del Congreso de Diputados, no era el debate de investidura del candidato Pedro Sánchez, sino que los equipos se encontraban nuevamente en campaña, y el único programa coherente era no tenerlo o, diciéndolo mejor, seguir empuñando las riendas del gobierno.

Por eso, al advertir que se estaba pedaleando en el vacío, o soplando el viento a favor de lo que todos los demás parecían de acuerdo en combatir, los ánimos se encresparon pronto. Los insultos y las descalificaciones se tornaron frecuentes, pero no para ponerse de acuerdo contra el declarado por todos como objetivo a batir, Mariano Rajoy, sino entre los que querían protagonizar un cambio que se revelaba imposible.

El momento puso entonces a mayor prueba la capacidad de los intervinientes para contener la tendencia natural de la lengua de los que hablan en público, a desconectarse del cerebro; fracasaron muchos. Si alguno sobresalió de tanta quema, fue por aprovechar para largar lo que tenía preparado. Más que muestras de lo agudo de los ingenios, se exhibieron paquetes de vacío.

A efectos de campaña, el marco del que dispusieron los candidatos antes de empezar la campaña a la que el previsible resultado obliga, fue un regalo directo. El auditorio que siguió los juegos florales fue mucho mayor del que puede alcanzarse en la mayor plaza de Toros de España; mejor, incluso, que en un programa televisivo con dos horas por delante y tiempos tasados entre cuatro o seis jefes de partidos.

Cuando, proclamados los resultados que confirmaban que Sánchez y su mini-acuerdo con Ciudadanos no habían conseguido, desde el miércoles 2 de marzo, más que sumar el voto de Coalición Canaria, se apagaron las luces de la ilusión, el vacío se apoderó de la gran sala de experimentos permanentes, para beneficio de terceros, que es España.

Porque si la postulación de Sánchez para aceptar el mandato del Rey Felipe VI -«el ciudadano Felipe», oí decir a San Alberto Garzón, icono amable de la Genuina Izquierda Testimonial- prometía una excursión pensada para explorar afinidades, al estilo de los programas mediáticos en los que los concursantes son confrontados con un desconocido al que pueden convertir en su media naranja por una temporada, los cuatro partidos en los que los españoles han depositado mayoritariamente su voto, habrían fracasado.

Todos, pero, el que menos, el PP. Si el mensaje -como les gusta decir a todos los políticos- del pueblo votante era que se entendieran para propiciar un cambio, malas antenas captadoras tienen aquellos que no se hartan de proclamar que todo vale menos seguir igual.

Fracaso es que los exploradores enviados por el pueblo para encontrar una tierra mejor -o menos contaminada que la actual- en la que afincarse por, al menos, un par de años,  vuelvan a casa sin noticias. Ni siquiera su comportamiento verbal, ese que significa la representación oficial de sus posturas, ha sido edificante para un pueblo que quiere, y debe, verlos como ejemplo para moverse en la convivencia. ¿Han de enfrentarse a golpes los contrarios en las calles, al estilo de otros países que figuran como menos desarrollados en este equilibrio que llamamos democracia?

Los elegidos para un noble trabajo de prospección de afinidades, han escenificado su voluntad de pelearse, de insultarse y despreciarse. Lo hicieron fieramente y sin necesidad, y, con ello han consolidado el desconcierto.

Sus manos vacías, son una invitación a contemplar la vacuidad de las nuestras.

Al mantenerse en funciones, el gobierno de Mariano Rajoy.  obtiene ventajas que  sabrá aprovechar, especialmente, si la economía mundial se recupera algo y la capacidad española para manejarse en la economía sumergida y apretarse el cinturón dejando a un lado lo superfluo, se perfecciona todavía.

Aunque no se celebren nuevas elecciones, la rotura previsible del pacto entre PSOE y Ciudadanos -el primero estando obligado a negociar con Podemos a cara de perro para no perder la credibilidad del votante de izquierdas, el segundo, por volver a andar por do solía-, permitirá replantear un nuevo acuerdo entre un PP sin Rajoy y sin corruptos al equipo de Albert Ribera, que seguirá prisionero de su programa liberal en lo económico y ponderado hasta lo melifluo en lo social.

A Pedro Sánchez no le quedará más remedio, cuando se le confronte a la propuesta, que ceder el paso y abstenerse, dejando que su partido, con él asumiendo el mismo destino que otras decenas de esforzados que fracasaron en intentos de revitalizar la socialdemocracia, se lama las heridas, se escinda o se convierta.

No fue, a pesar de todo, Sánchez un cándido candidato, ni Rajoy debería presumir de haber sido un visionario. Las cosas fueron así, porque así se conformaron. No había más opciones que mantener, por el primero, la estrategia de no agresión a los votantes de derechas, tratando al mismo tiempo de no pintar con la izquierda el inocuo convenio sellado con la formación de Ciudadanos, y resultar coherente con el objetivo propuesto de lanzar mensajes de tolerancia que condujesen a que se abstuvieran, tanto a su diestra como a siniestra.

Pablo Iglesias, ávido depredador, oliendo la sangre de las heridas del PSOE, como los dragones de Comodo cuando cercan a un búfalo cansado, dio una y otra vez, dentelladas a las patas del partido socialista, menospreciando las carnes del elefante popular, cuya presa le pareció, a lo peor, demasiado grande para dedicarle esfuerzos o considerarlo herbívoro falto de forraje y, por tanto, limitado a subsistir sin lanzarse a la carrera. Sus sátiras, insultos y chascarrillos, con ninguna relación con propuestas concretas de gobierno, dieron materia para risas a los que ven un juego este serio asunto colectivo de encontrar puntos de concordancia entre divergentes con los que abordar el futuro con solvencia.

Vienen tiempos muertos, sí. Pero como la vida no se detiene,  tengo la intuición de que tendremos un gobierno del PP para un rato más, con el sacrificio simbólico de Rajoy. Se abrirá, entonces, un nuevo período de reflexión para la izquierda de este país,  separada entre quienes esgrimen como programa fundamental el catecismo históricamente destrozado de la revolución de las masas, y  la de quienes, pretendiendo respetar el orden legal, no saben desprenderse -o no quieren- del sabor ideológico a vino barato de cosechero.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Ciudadanos, congreso, fallida, investidura, Podemos, PP, PSOE, Rajoy, Rivera, Sánchez

La mano tendida del PSOE, en sus justos términos

10 febrero, 2016 By amarias 2 comentarios

He bajado de internet el «PROGRAMA PARA UN GOBIERNO PROGRESISTA Y REFORMISTA. PROPUESTA DEL PSOE», fechado el 8 de febrero de 2016, con el que el presidenciable Pedro Sánchez trata de seducir a los partidos con los que debería pactar para poder ser investido Presidente. No va dirigido al PP, ya que desde las primeras páginas resulta claro que no cuenta con este partido, puesto que «la mayoría abrumadora de los ciudadanos ha dejado claro que (…) ha pasado el tiempo del Partido Popular» (sic) y «desde posiciones diferentes han coincidido en su deseo de no encomendar al PP la dirección de la vida colectiva en esta nueva legislativa.»

Podría escribir, a continuación, que me leí el Programa. Consciente de que no interesa a nadie mi opinión, ya que no estoy en la negociación -como tampoco lo está el lector que pudiera leerme-, me guardo la misma, aunque no sin decir que me parece inabordable. Y no porque me parezca mal -ya se sabe que el papel lo aguanta todo, y con mayor entidad desorientadora aún, internet-, y aún menos porque reniegue de mi devoción estructural por el socialismo democrático posibilista, sino porque le falta algo fundamental a un Programa de Gobierno: no existe la menor indicación acerca de los costes del mismo.

Si aparecen cifras en el Programa (pocas), son escasas. Sirven para anunciar medidas con las que «mejorar la cualificación» a 700.000 parados, mismo número que los que han abandonado los estudios (¿cifra mágica?) «sin titulación ESO y, por eso no trabajan»(!); la promesa de aumento de empleo público en 5.000 personas -¿para hacer qué?-; el «límite de pago en efectivo a 1.000 euros» y…poco más.

¿Más deuda, más impuestos, reclasificación de partidas presupuestarias, confianza en una recuperación milagrosa? Ignoro el tipo de santoral que maneja Sánchez y sus mentores y, en realidad, tampoco me importa. Lo urgente es que se empiecen a tomar medidas concretas y que estas surtan efecto, en la dirección en la que la mayoría ciudadana, lo haya explicitado o no al votar en las urnas el 20 D, desearía como objetivo principal al Programa: la disminución del paro y la generación de más actividad.

Por eso, para no caer en la trampa de un análisis crítico, he recurrido a lo más simple: copiar en formato Word el Programa y, con la ayuda del Buscador de términos, detectar el número de veces que se hace referencia a una raíz o palabra concreta. Después de todo, si en un escrito de 53 páginas con intenciones programáticas hay vocablos o expresiones que se repiten más que otras, tenemos ahí un reflejo de la intención subyacente, del esquema subliminal con el que se ha construido la propuesta y, naturalmente, de aquello que más preocupa al futurible partido de Gobierno.

Estos son mis resultados, que expongo, al mismo tiempo que invito al lector interesado (y, tal vez, desocupado) a que haga más exploraciones por su cuenta (indico, después de la palabra o raíz, el número de veces que se encuentra en el texto):

Administ 51; Amb 11; Audit 6; Autonom 10; beca 3; Bruselas 4; Cargo 17 (sobre todo, «cargo público»); Ciudadanos 25; Consumo 21; Control 22; Coste 8; Creación 20;  Crisis 11; Cultur 23; deb 71 («deber»1 (de colaborar); Defensa 19; Derecho 58; Desahu 3; Difer 8; Economía 15 («economía sumergida», 4); Educa 17; Elector 17; Empleo 49; Empresa 65; Equilibrio 4;Equival 3;Europ 41; Gasto 16;Hombres y mujeres 9; mujeres 21; jóve 6; mayor 4; pension 7; Enseñ 0; Formación (31, «información 13); Iguald 33; Impuest 11; Incompat 5; Indust 6; ingr 16; Interés 19;  Investig 11; Justicia 5;Ley 94 («Decreto-Ley» 4); Mayor 39; Minor 4; Minería 0; Modelo 14; Mund 4; Nuevo 54; Obligac 11;Paro 5; Partido Popular 3;Partido socialista 2;paternidad, 3;Patrimon 11; Precio 7; Préstamo 4;Presup 31;Programa 24;Poder 6 («poder adquisitivo» 1, «poder judicial» 2); Proyecto 19;Recup 29; Reform 100; Relig 4;Responsab 13; Salar 15;sani 11; Sindic 3;Tecno 11;Terr 4; Trabajo 66; Universidad 7; Violencia de genero, 19; Vivienda 9.

De esta relación, que he transcrito por orden alfabético, se pueden deducir, sin duda, algunas conclusiones muy básicas:

  1. El enfoque mediático del Programa. El mayor énfasis sobre algunos términos pone de manifiesto que se ha concedido especial atención a temas de actualidad. Es el caso de la expresión «violencia de género», cuestión a la que no niego importancia, pero no me parece que merezca tanta relevancia en un Programa de puntos básicos. A parecido nivel sitúo la raíz «incompat», que refleja la preocupación -más política que otra cosa- por el ejercicio de la función de representante del pueblo y gestor de asuntos privados. Es más grave la escasa formación (vital y profesional) con la que muchos llegan a la política, lo que traslada a futuro la cuestión de qué harán cuando dejen de representarnos. La raíz «desahu»(cio), con 3 citas es una referencia más a lo inmediato. Tampoco se entiende bien que «Defensa» tenga 19 nominaciones (un guiño al general Rodríguez y a Podemos?). Bien está que se apoye la Cultura, pero citarla 23 veces, ¿no es un poco excesivo, en relación con otros términos?
  2. La enunciación de problemas graves sin profundizar en su solución. El tema de la reactivación, que implica la motivación y movilización de todos los agentes económicos -y no solo los demandantes de empleo- queda abierto. Hay 29 citas a la «Recup(eración», 5, al Paro, y 15 a Economía,… pero solo 6 a Indust(ria), ninguna a Minería, se abomina explícitamente del Fracking, y se anuncia el cierre de las centrales nucleares a los 40 años de vida; etc. En general, como es habitual, por desgracia, en los Programas políticos al uso (de ingenuos iletrados), se menosprecia la técnica, la industria, y la referencia a las tecnologías es tímida, equívoca o falta de un elemento sustancial: decidir quién va a pagar por los programas, y tanto más cuanto más ambiciosos : (¿»materiales avanzados»? ¿»nuevo modelo de gobernanza»? ¿»creación de 200.000 nuevos puestos de trabajo» en la rehabilitación urbana? ¿»nuevo modelo de crecimiento»? ¿»nuevos competidores»? ¿De qué manual de buenas voluntades se han extraído a la carrera esos términos?)
  3. Se pone énfasis en el deseo de reforma, eso sí. 100 citas al vocablo la convierten en una de las palabras claves del Programa (24 veces citado) y se prevé una importancia legiferancia: 94 veces se utiliza la palabra Ley. La Justicia no preocupa tanto, en apariencia (5 nominaciones) y el «poder judicial» solo se cita dos veces. La sanidad sube 11 escaños, lo que no alcanza, por ejemplo, a la bio(logía), que no tiene sitio.
  4. El entorno internacional tiene una presencia limitada en el Programa. 41 citas a Europa y 4 a Bruselas, y 4 al mundo mundial (una, a EEUU, para referirse a él como modelo puntual de una de las medidas propuestas), las mismas veces que se refiere al «terrorismo» (2 veces con la categoría de «internacional»).
  5. Hay mucho más interés en resaltar los «derechos» -58 referencias- que los «deb(eres)» -1 sola vez, el «deber de colaborar»-, en tanto que la raíz «deb», aplicada a «deberán» -de forma genérica- es hiperutilizada 71 veces. Los ing(resos) y los gast(os), quedan compensados a 16 puntos. La «formación» es una preocupación persistente, aunque no se traduce en «enseñanza» y no demasiado en «Universidad» (7), para lo que la necesitaríamos cambiar, ya que es, a un tiempo, generadora de paro juvenil distinguido y necesaria potenciadora de la creatividad aplicada. Y, aunque se hace una cita al «ingenio», ninguna a los «ingenieros», aunque la «tecno»(logía) está mejor representada (11 veces; 1, con la palabra con connotaciones casi mágicas, de «biotecnología»).

Así podría seguir haciendo análisis transversal, pero me entra sueño. Así que, termino aquí, deseando suerte a quienes están negociando, sea lo que fuere. La necesitamos todos…

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Barajar y volver a repartir las cartas, pero…¿cuál es el juego?

4 enero, 2016 By amarias 1 comentario

La consolidación de la sospecha de que la fragmentación de las preferencias manifestadas en las elecciones generales y catalanas hace inviable la formación de un gobierno con las mínimas garantías de estabilidad, empuja hacia la convocatoria de unas nuevas elecciones.

Cuando escribo este Comentario, hay aún voces que defienden que es posible llegar a algún acuerdo, prendido con alfileres de voluntarismos esencialmente frágiles, para investir, respectivamente, a un Presidente de Gobierno y a un President de la Generalitat de Catalunya. Con parecida panoplia imaginativa que la que se utiliza para prever la evolución de la situación económica cuando se estanca la crisis, se especula sobre posibles coaliciones, incluso con cambio de candidatos presidenciables.

Así, según el color del comentarista, o los intereses de los portavoces de partido, los nombres de Rajoy y Sánchez iluminan la pirinola o Mas se desdibuja del panel como el gato de Chehshire y parecida sonrisa.

Me parece muy grave que, en esta pugna por reparto de un poder cuyos efectos para el ciudadano normal (el no politizado) se han convertido en una mera especulación, no se esté hablando de programas de gobierno, sino de melifluas líneas rojas.

¿Es importante, de veras, realizar un referéndum en Catalunya, para que se vuelva a votar acerca de su independencia? ¿Va a obtenerse un resultado que no signifique -además de la obvia creciente abstención, dimanante del desinterés galopante por la cuestión- sino que la sociedad está dividida, que es lo mismo que confusa?

¿Importa mucho, con serenidad, que creamos que la tenue (por imperceptible y frágil) recuperación de la economía que dice haber conseguido el Gobierno ahora en funciones, necesita, para eclosionar, más dosis del mismo placebo?

Estoy entre los que defienden que, tanto si han de convocarse -como parece- nuevas elecciones, como si no, lo que interesa es lo que van a hacer los gobiernos que se constituyan. Qué actuaciones concretas, con qué medios, a qué coste. Y, por supuesto, con qué cuentan -en personas, relaciones, ideas- para llevarlas a cabo.

Porque si solo se trata de barajar una y otra vez las cartas, sin cambiar ni rostros ni concretar los programas (no fantasías, por favor: acciones específicas, indicando cómo se van a llevar a cabo, con qué apoyos, y de dónde sacarán los dineros y las capacidades), será tiempo perdido. Peor aún: ahondaremos en la miseria, por mucho que nos la quieran revestir de fantasía.

Cómo crear empleo para los jóvenes (y es justo que protesten indignados los que no lo tienen, pero eso no mejorará si situación). Repartir mejor y de forma más eficiente las partidas de gasto público (y habrá que llamar a capítulo a los despilfarros autonómicos, regenerando economías de escala). Apoyar a las empresas más eficientes e impulsar la generación de otras nuevas en sectores estratégicos y de futuro (y, para eso, habrá que combinar sabiamente la economía de mercado con la de Estado); etc.

Me repito, lo sé. Lo preocupante es que no seamos muchos los que tenemos la sensación de clamar en el vacío.

 

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La energía en los programas políticos de los partidos que optan a gobernar España (1)

5 diciembre, 2015 By amarias Deja un comentario

La infatigable Yolanda Moratilla hizo de presentadora y entrevistadora de tres expertos en temas energéticos, que analizaron, el 2 de diciembre de 2015, y en un acto público en el seno del IIE, la parte energética de los programas de los cuatro partidos con más opciones de participar en el futuro Gobierno de España, en la combinación que resulte de las elecciones del próximo día 20: PP, PSOE, C’s (Ciudadanos) y Podemos.

Quienes hicieron tanto el trabajo previo como la presentación de las conclusiones, además de la catedrática de la Universidad Pontificia, fueron Isaac Alvarez (compañero de la ingeniería minera, directivo emérito de Repsol), Manuel Lozano (catedrático de Física Nuclear en Sevilla) y Victoriano Casajús (ex Director General de REE, presidente de Lysys Real).

Moratilla dilapidó aparentemente la parte misteriosa que pudiera tener el acto, al resumir, apoyándose en un par de transparencias,  los programas energéticos de los partidos, en los que se habían señalado con puntos rojos las propuestas técnicamente  irrealizables, y de amarillo, las inconsistencias detectadas en el propio programa electoral.

«Nucleares y fracking, no; renovables a tope», era -concretó- el mensaje común de los tres partidos opositores, que, en el caso de Podemos, presentaba una curiosa singularidad: apoyaba el alcanzar el 100% de empleo de energía renovable en la Administración pública (realizable, aunque caro), y clausurar el ATC, además de cerrar de inmediato todas las centrales nucleares (elucubración patafísica, aunque el adjetivo lo pone este cronista por su cuenta) .

Pero advirtió también, que, si el menos dañado por los puntos rojos era el programa propuesto por el PP, lo era más por omisión de propuestas en temas que pudieran resultar conflictivos, quizá por la idea subyacente de que, siendo el actual partido de gobierno, lo que inferirá el elector es que habrá de mantenerse en la misma línea.

A preguntas concretas de la conductora del acto, los invitados fueron desarrollando sus comentarios críticos a los programas. Posteriormente, se admitieron intervenciones y comentarios desde el público, que resultaron en algún caso, polémicos, más por el tono que por el contenido. Lo que no hubo, y lo lamento, fue una propuesta técnica alternativa de lo que podría ser un programa energético óptimo. Al final de esta reseña realizo un esfuerzo petulante en esa dirección..

Casajús, que fue, quizá, el más comprometido en la rotundidad de los análisis, expresó que sería técnicamente imposible, desde el punto de vista de la seguridad de todo el sistema, introducir un porcentaje de energía renovable tal que se comprometiera la sincronicidad.

En lo esencial, se expresó así (aunque utilizo el entrecomillado, transcribo desde mis notas manuscritas).

«Por supuesto, las energías renovables son valiosas en múltiples órdenes y lo serán cada vez más. Pero su incorporación masiva en nuestro actual sistema eléctrico es inviable. Esto es así, porque el sistema de distribución de electricidad es síncrono, -de frecuencia constante-, y ante cualquier variación externa, tiende a autoregularse para mantener su sincronismo.  La incorporación de producciones asíncronas modifica el sistema, que las máquinas instaladas no son siempre capaces de compensar. La situación se convierte en especialmente grave cuando se compromete la falta de periodicidad y la predictibilidad de la generación eléctrica, al superar ese límite por la introducción masiva de energía eólica y solar, que, por su esencia, son asíncronas y, por tanto, perturbadoras de la estabilidad.

«La teoría electromagnética de Maxwell y Cía -explicó el actual presidente de Lyxys Real, para justificar su aseveración- no fue desarrollada a partir de la observación de la realidad, sino en base a experimentos de laboratorio, que sirvieron para concebir los actuales sistemas de suministro. Necesitamos en ellos, mantener la inercia y la capacidad generadora. Para conservar la inercia, son necesarias máquinas rodantes -turbinas, grupos diesel, máquinas de vapor, ciclos combinados, máquinas hidráulicas, etc.- , y si se introducen excesivos elementos que no satisfacen las condiciones de inercia, una parte del sistema, intentan corregir ese desequilibrio y si no fueran capaces de lograrlo, se provocará su desconexión automática».

Y Casajús prosiguió, extendiéndose en la idea:

«Por su parte, las centrales nucleares son sistemas que proporcionan mucha capacidad de inercia para compensación; la central hidráulica es el elemento ideal -la tubería que comunica los rodetes tiene una reserva de energía importante-. Por el contrario, las centrales solares son sistemas estáticos puros… y, no podemos ignorar que las centrales termosolares no son más que centrales de gas… que se apoyan en el sol para conseguir la fuente de energía primaria.

«Si, en nuestro mix actual, cerráramos de golpe todas las centrales nucleares, el sistema español solo podría admitir un 40 a 50% de generadores asíncronos. Ni siquiera las centrales de ciclo combinado pueden estabilizar el sistema cuando cae la tensión y, por tanto, se altera la frecuencia: el compresor de cabecera baja la velocidad y se queda parado durante un intervalo; ya ha se ha dado ya el caso de un «blackout» (apagón total) cuando el subsistema de generación solo se disponía de centrales de ciclo combinado para alternar con aerogeneradores.»

Con esta concluyente aseveración, la promesa del PSOE de alcanzar el 70% de incorporación de energías renovables, la calificó, por tanto, de irrealizable, al menos, en un horizonte de una o dos décadas.

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Energía, Política Etiquetado como: Ciudadanos, Isaac Alvarez, Manuel Lozano, Moratilla, Podemos, PP, programas electorales, PSOE, Victoriano Casajús

El general Rodríguez en el laberinto

5 noviembre, 2015 By amarias 2 comentarios

Conozco al general Julio Rodríguez Fernández desde hace poco tiempo, pero con una amistad construida desde la perspectiva de las edades maduras, en las que se descubren rápidamente, sin la contaminación de erróneas expectativas ni de fugaces destellos de falsas sintonías, las personalidades, actitudes y temperamentos, con los que uno comparte la asimilación de una vida intensa y comprometida, que concede pericia para separar pajas y semillas sin que nadie nos marque el libreto.

Cuando Julio Rodríguez fue presentado, el 4 de noviembre de 2015, por el candidato Pablo Iglesias como fichaje estrella y futuro ministro de Defensa para el caso problemático, pero no imposible, de que su corporación política obtenga condiciones para situarle como presidente de Gobierno, me conté entre quienes se sorprendieron con la decisión del general.

Me apresuro a puntualizar que no me extrañó porque descubriera de pronto su posicionamiento ideológico o social, crítico con las rigideces económicas, políticas y mentales que se han convertido en camisa de fuerza que nos impide analizar errores, construir alternativas y vencer resistencias, que me eran conocidas y que no tengo el menor reparo en reconocer que comparto.

Lo que yo no era capaz de entender en Julio afectaba a su sentido de la oportunidad y la valoración de ofrecerse a la exposición pública de forma tan aparatosa, exhibiendo un compromiso personal, completamente legítimo y plausible, que rompía el ánfora de discreción y reserva con el que había guardado hasta ahora sus afinidades con quienes se han convencido de que hay que intentar otros caminos, porque la oferta del mercado ideológico huele a caducada.

Tuve ocasión de oír, a lo largo del día de ayer, variados comentarios críticos respecto a la decisión del general Rodríguez, mezcladas con elucubraciones, la mayor parte, intencionadas hacia la descalificación de su talante, cualidades personales y hasta su trayectoria militar y méritos.

Como quien más corre en esa labor de echar basura encima del que se mueva fuera de su tiesto, es la derecha reaccionaria, nostálgica permanente de rediles mentales en los que confinar a propios y extraños, el intento más burdo de menosprecio a la acción del antiguo jefe de Estado Mayor provino del programa televisivo El gato al agua. Esta tertulia, especializada en ridiculizar y dejar con la palabra en la boca a representantes de las posiciones de izquierda, contó para la ocasión con su experto polemista en temas militares, almirante retirado (R), Angel Tafalla, quien, a pesar de su detectable intento de no dejarse llevar por la jauría dominante, no reconoció más que errores a las actuaciones del general Rodríguez, al que calificó como «persona de vídeo y no de audio», queriendo con ello significar, como sus comentarios adicionales aclararon, que su antiguo colega y jefe tenía más fachada que contenido.

La decisión del general Julio Rodríguez, es responsabilidad suya y no tengo la menor duda de que, como hombre reflexivo, la ha meditado con su almohada. El éxito de su fichaje para la agrupación de Podemos es incuestionable. Supone aportar mayor respetabilidad, serenidad y sentido plural, entre otros adjetivos que no me costaría nada proponer, a un movimiento que aún me sigue pareciendo desordenado y necesitado de varias cocciones, incluida la eliminación de postureos y declaraciones que son propias de penenes o agitadores asamblearios de Universidades de letras.

Para otras corporaciones políticas de la izquierda ideológica y, en especial, para el PSOE,  supongo que será motivo de profunda reflexión el que se haya escapado de su territorio natural un candidato tan valioso para reforzar una alternativa al PP o a Ciudadanos. El general Rodríguez no es un insensato, ni un extremista, y su conocimiento de las cuestiones de Defensa, su formación general, su talante y su bagaje cultural -también su edad y experiencia-(1) son un acervo de máxima calidad.

Es decir, en  mi opinión, el laberinto es el nuestro, no el del general Rodríguez. Y apuesto doble contra sencillo a que, aunque intenten presentarlo sus envidiosos y detractores de otra forma, no se le oirá decir ninguna tontería ni descalificar al contrario, menospreciándolo. Es un militar de carrera, y un hombre de firmes principios, y sabe mucho de estrategias y es experto en pilotar aviones de combate.

—

(1) No me resisto a cotillear que Julio Rodríguez y yo somos rigurosamente coetáneos, nacidos en 1948 y con solo un mes de diferencia.

 

Publicado en: Actualidad, Ejército, España Etiquetado como: defensa, El gato al agua, general, Julio Rodríguez, Pablo Iglesias, Podemos, PSOE, Tafalla

La teoría del pacto

25 mayo, 2015 By amarias Deja un comentario

Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas en España en 2015 han servido para poner de manifiesto varias cosas, que los especialistas en analizar a posteriori -lo que tantas veces no han sido capaces de predecir-, se encargarán de remover una y otra vez, sacándole todo el jugo posible.

Como el mayor interés del presente descansa en producir los hilos que sirven de apoyo para construir un futuro mejor, me gustaría compartir algunas reflexiones sobre las consecuencias de los posibles pactos que supondrían alcanzar las mayorías para garantizar lo que se ha dado en llamar «estabilidad de gobierno».

Desde luego, este análisis debe tener en cuenta la diferente situación que se presenta según se trate de municipios o de autonomías, de acuerdo con la legislación que rige la interpretación de los resultados en los comicios. En los Ayuntamientos, el alcalde electo es el cabeza de la lista más votada, aunque si no tiene la mayoría simple, un pacto entre otros partidos puede suponer que esta coalición post electoral le arrebate la alcaldía, en la votación de investidura.

En Madrid, parece seguro que un pacto entre Ahora Madrid y el PSOE hará a Manuela Carmena alcaldesa de la capital de España, aunque Esperanza Aguirre haya capitaneado la lista más votada, con un concejal más que los conseguidos por esa agrupación controlada por Podemos. El talante conciliador de Carmena, su serenidad como valor personal y los mensajes con irrefutable presunción de sinceridad por los que la candidata expresa su voluntad de tender puentes entre los extremos ideológicos de la ciudad, predisponen a suponer que dará a esta ciudad la dosis de apaciguamiento colectivo que precisa.

Bienvenido sea el pacto, pues, a posteriori de las votaciones, si bien quiero poner de manifiesto que los pactos entre partidos con características ideológicas marcadas no suelen funcionar. No sirven para generar estabilidad persistente durante la legislatura -acaban rompiéndose por los motivos más diversos, incluidos el trasfuguismo de alguno de los representantes- y, sobre todo, tienen el grave riesgo intrínseco de hacer perder la visibilidad de la identidad del partido que ha entrado como minoritario en la coalición, que arriesga por ello el que en las próximas elecciones sea castigado, tanto si las cosas han ido bien como, sobre todo, si han ido mal.

En fin, me apresuro a señalar lo que considero el factor diferencial de Madrid en estas elecciones, y su valor para avanzar en democracia.

Porque creo que el gran mérito de Ahora Madrid y del PSOE en esta jurisdicción no ha sido poner de relieve las diferencias ideológicas, sino el haber hecho pivotar la campaña en dos candidatos de consenso, razonables y serios: Manuela Carmena y Angel Gabilondo.

Ambos serían buenos alcaldes, en cuanto representan el buen sentido plural que debe presidir una sociedad madura y progresista, y en donde el primer regidor, precisamente por vivir el día a día de la ciudad, ha de estar lo más lejos posible de las discrepancias teóricas para atender a la solución de los problemas diarios y la mejora de la población en la que viven.

Como Gabilondo no compite por la alcaldía, ya que figuró en la lista del PSOE para la Presidencia de la autonomía, la posibilidad de que pudiera haber sido ese buen alcalde que Madrid necesita pertenece al terreno de la imaginación. Y en el campo que le compete, no tiene opciones reales de batir a Cristina Cifuentes, a la que, -y lo digo sin solicitar el perdón a mis amigos de la izquierda razonable, ni pretender el aplauso de mis amigos de la derecha liberal-, veo como una potencial buena presidenta de la Comunidad de Madrid, dotada también del sentido conciliador y positivo que necesita esta sociedad vapuleada por la crisis, la corrupción y la incomprensión hacia el que piensa lo contrario, sin saber matizar por qué.

Tendremos en Madrid, pues, si mis previsiones son correctas, dos pactos de signo diferente: PP y Ciudadanos, para aupar a Cifuentes a la Presidencia de la autonomía, y el de Ahora Madrid (con su núcleo en Podemos) y PSOE, para que Carmena sea alcaldesa. Más emoción, casi imposible. La teoría del pacto, puesta a prueba.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Ahora Madrid, alcaldesa, autonomía, carmena, carmona, cifuentes, elecciones, Gabilondo, Madrid, pacto, presidenta, PSOE

Smart global citizenship

3 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

Piero Fassino, alcalde de Torino, fue el ponente principal en el «desayuno del Ritz» del 3 de junio de 2014, actividad organizada por Nueva Economía Fórum. El segundo ponente fue Alfredo Pérez Rubalcaba -aunque, según la convocatoria, le correspondía ser solamente el presentador del conferenciante-. Las circunstancias por las que atraviesa España y la reciente dimisión del secretario general del PSOE, impusieron esa revisión del programa, consentida desde la organización.

Fassino, en un español muy aceptable, disertó sobre las Smart-cities, concepto ya de uso común, y enfocó las luces, como le corresponde, hacia Torino. Esa «nueva manera de pensar y organizar la vida de la comunidad», necesita -dijo, para explicar el concepto- «un alfabeto propio, un nuevo paradigma», y, por ello, «una Smart community».

Avanzando por el camino de incorporar el rutilante adjetivo a todo lo que se toca, apuntó hacia la necesidad de una «Smart democracy»(adaptada al tiempo de las TICs, «ya que los modelos estructurados en el siglo XX no son hijos de la tecnología digital»), y se debe tener en cuenta que «las nuevas tecnologías generaron partidos sin ideología, organizaciones fuertes, estableciendo una relación directa con los electores». Esto ha de ser así, porque, «a través de la web, la sociedad va organizándose en un nuevo lenguaje».

No tengo duda alguna de que el modelo general de mayor aproximación al ciudadano y a la resolución de sus problemas -ambientales, energéticos, de transporte, de ocio, de comunicación, etc.- es imprescindible. Las ciudades tienen -Pérez Rubalcaba se encargó de poner el lápiz rojo sobre una frase de Fassino- que reconstruirse desde el aprecio al «papel de la cultura en las nuevas ciudades».

Me gusta participar en los debates, y en el coloquio, propuse al moderador (José Luis Rodríguez) una cuestión que no mereció ser planteada al conferenciante, sepultada entre otras intervenciones -fundamentalmente, surgidas de los periodistas presentes en el acto, y, por tanto, buscando los titulares-.

Lo que me interesaba saber era si Fassino, que es también presidente de la Asociación de Smart cities europeas, tenía respuesta a la cuestión de la solidaridad, que no es un concepto anodino, sino que está imbricado en la resolución del problema del paro,  y en el avance o sostenimiento de los modelos de bienestar. Tiene que ver con el mejor reparto de la riqueza generada y no solo ha de enfocarse hacia el mayor disfrute y a disponer de más tiempo de ocio, si no alcanza a todos.  No deriva únicamente de la producción más eficiente, y ni siquiera se satisface con la puesta a disposición del ciudadano de oportunidades para pasarlo bien y ser más responsable ambientalmente.

La solidaridad implica la consciencia colectiva para hacer llegar, tanto a nivel individual como familiar, aquellos medios -económicos, asistenciales, culturales, formativos, …-suficientes que garanticen que todos sean co-partícipes de esa generación, distribución y consumo de bienes y servicios.

Hace falta una Smart-solidarity, que tenga en cuenta, en concreto, la creciente disminución del tiempo de trabajo preciso para desarrollar las actividades y fabricar los productos que son precisos en un mundo globalizado, con muy diferentes costes de mano de obra y expectativas personales. Una cuestión que apunta a la necesidad de encontrar urgentemente nuevas formas -Smart solutions- para el reparto de las plusvalías que una sociedad inteligente, animada por una Smart global citizenship, sea capaz de generar, para conducirse, en equilibrio dinámico, a una mayor satisfacción general.

Me quedé con las ganas de conocer la visión de Fassino sobre esa importante cuestión. Sí  nos enteramos ( a mí ne me hacía falta) de que Pérez Rubalcaba es partidario, a pesar de las «hondas raíces republicanas del PSOE», de mantener el «consenso que nos condujo al período más floreciente de la historia de España», que implica aceptar la monarquía como forma legal para la jefatura de Estado.

Torino parece estar en el proceso de su salvación específica, al menos de forma provisional, en base a proyectos como byke-sharing, car-sharing, mejora de la concienciación ambiental y energética, etc., y… una cierta ingenuidad que creí adivinar en alguno de los «proyectos novedosos» a los que hizo referencia su alcalde, menos convincente en esa parte de su discurso. Torino puede enorgullecerse, sobre todo, de haber logrado la reconversión de la vieja industria del automóvil y de encontrar la vía para potenciación turística de su legado monumental.

No me parece un modelo indefinidamente duplicable, porque no hay sitio para muchos clones de esa estrategia. Seguimos necesitando más opciones para cristalizar esa Smart global citizenship que nos ilusione por un futuro en el que las actuales nubes de tormenta se traduzcan en lluvias provechosas.

 

 

 

 

Publicado en: Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: alcalde, Monarquía, Pérez Rubalcaba, Piero Fassino, PSOE, smart citizenship, smart city, sucesión, Torino

Animalario estrafalario

10 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Antes incluso de que Esopo entendiera que el mundo es una fábula, los ejemplos de defectos y virtudes tomados de los animales y aplicados a la especie humana, eran ya numerosos.

Recientemente, la divulgación de los episodios del National Geographic ha puesto al alcance de todo el mundo imágenes que resultan excelentes para explicar algunos comportamientos colectivos.

El de los ñus esperando para cruzar el río Mara, plagado de cocodrilos, a que alguno se animase, fue empleado hace nada por el ex-presidente extremeño, Rodríguez Ibarra, para poner de manifiesto que, en el tránsito por el desierto del partido socialista, -en busca de mejores pastos-, se estaba esperando a que alguien diese el salto -«a riesgo» (dijo) «de perecer en el intento»-, postulándose para la faena de encontrar una vía por la que salir del atolladero ideológico.

Parecido ejemplo, aunque algo peor contado, fue utilizado por el periodista Alfonso Rojo en la Sexta cuando habló de la estampida de los señores diputados del Congreso hacia sus cavernas y guaridas de fin de semana, en el deseo de aprovechar al máximo el puente de Todos los Santos, poniendo en valor sus carnales devociones.

El mito del cementerio de elefantes (que tanto me impresionaba cuando fui niño), se ha quedado muy desmadejado al reconocerse, en esa obsesión por levantar los velos, que las acumulaciones de osamentas eran debidas, por mitades a las masacres de los cazadores de colmillos para la reventa en las vitrinas de los coleccionistas occidentales y a la muerte sobrenatural por deshidratación proboscídeos junto a los lechos secos del río en el que se habían juntado para abrevar, guiados (mal) por su instinto.

Sin embargo, la expresión «cementerio de elefantes» sigue siendo atractiva para designar lugares de reposo final, como el Parlamento Europeo, en donde políticos de variadas cataduras, que son ya inservibles para el mercado nacional, reciben sus últimas inyecciones para incrementar su patrimonio y de lo que, los demás, curados de espantos, ni nos inmutamos; así lo quiso ver, sacudiéndose de encima cualquier tentación para sí mismo, Juan Alberto Belloch, en otra entrevista -por cierto, muy jugosa, aunque nada tierna- que le hicieron en la cadena de los rojos de salón (la Sexta).

Como adicionado a las fábulas, me gusta ahora mucho la que han extraído de la China algunos estudiosos, para ponerla en circulación entre los nuestros:

Un mono observaba, desde lo alto de un árbol, un pez que sesteaba en la orilla. «Pobre animal -razonó- se está ahogando. Lo salvaré». Utilizando su pericia, lo extrajo del agua, y, cuando el de las aletas se debatía, ahogándose, se animó del resultado: «Vaya, parece que reacciona». Muerto el pez entre las manos del primate, éste sacó sus conclusiones: «Lástima no haber llegado antes, porque se hubiera salvado».

Lo he contado ya un par de veces, y le encuentro múltiples aplicaciones. Puede que incluso sirva para que le saquen partido quienes buscan nuevos caminos a la izquierda. Pero como soy proclive a parecer de casi todo, menos partidario, no seré yo quien, tal como están las cosas en la jungla, arriesgue a acomodar esta fábula a la historia de este animalario.

Publicado en: Sociedad Etiquetado como: Alfonso Rojo, animalario, Belloch, cococrilo, izquierda, Mara, mono, ñu, PSOE, Rodríguez-Ibarra, sío

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