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La mirada podrida sobre Grecia

1 julio, 2015 By amarias Deja un comentario

En algún lugar leí que la palabra Europa no tiene sus raíces etimológicas en el griego, pues no se le puede suponer -como por algunos eruditos se había defendido- compuesta de los vocablos eur y op (que significaría «mirada amplia»),  sino por eur y opa, ya que se debe mantener la concordancia de género, y eso se traduciría por «mirada podrida». Así que la polémica sobre el origen del nombre ha derivado hacia las fuentes semíticas, que tienen aguas mucho más frescas.

Lo que tiene menos dudas es que Europa  tiene su amplia base geográfica y cultural original en el equilibrio entre Atenas y Roma, al que se ha de añadir una componente judía, proveniente de los vientos históricos que se formaron desde Jerusalén. Y también admite poca discusión que en los últimos veinticinco siglos se han librado en el territorio que podríamos considerar originariamente europeo muy cruentas batallas, que lo han seccionado, longitudinal y transversalmente (1).

Esas manifestaciones de la belicosidad de sus gobiernos, las ambiciones de conquista y apropiación de bienes del vecino, las luchas dinásticas, las revoluciones sociales, la evolución de las lenguas habladas y escritas -¡y, cómo no, la influencia de las religiones y la autoritas otorgada por los creyentes al representante de Dios en la Tierra!- se han reflejado en multitud fracturas, convirtiéndola en un mosaico de intereses, que debemos admitir, de forma indulgente, que forman parte de las culturas nacionales.

Estamos oyendo múltiples opiniones acerca de  la manera de resolver la actual crisis nacida en la Unión Económica Europea, como consecuencia de la dificultad -en realidad, debemos hablar de la incapacidad- de Grecia de devolver la totalidad de los créditos que obtuvo de los demás socios de la eurozona. Como en todos los temas, los comentarios no hacen sino reflejar la consecuencia de los diferentes intereses que se defienden, y que están detrás de los argumentos, aunque no se vean.

La situación no admite circunloquios, sin embargo: Grecia, independientemente de cuál sea el color de su gobierno, quizá pueda pagar algún día el principal de la deuda, si se le concede la moratoria adecuada y se le ayuda a la reactivación de su maltrecha economía, pero jamás podrá responder de los altísimos intereses, propios de usureros, que los prestamistas le habían fijado. Por cierto: una buena parte de los préstamos han ido a parar a dotar al estado griego de una capacidad armamentística, para pagar, a buen precio, los equipos bélicos proporcionados por los principales países de esa Unión Europea.

No valen para nada afirmaciones políticas destinadas a asustar a los griegos, pretendiendo tranquilizar (sensu contrario) a los ciudadanos de los países de donde surgen las declaraciones de ciertos mandatarios: apelar a que «los pactos deben cumplirse» o a que «la salida de Grecia del euro tendrá escasa o nula recuperación para nuestra economía», se hayan hecho o no los deberes (¿qué significa eso?) no puede merecer ningún calificativo inteligente.

Grecia es Europa (casi, más propiamente hablando, al revés: Europa es Grecia). En una familia, las dificultades esporádicas, ocasionales, de un miembro -aunque haya sido un despilfarrador, incluso si se le califica de drogadicto- se solucionan en el seno de la misma, ayudando al perjudicado: con un tratamiento de rehabilitación, pagando sus deudas, ayudando a su recuperación definitiva. No ahogándole aún más.

No me duelen prendas al afirmar que los argumentos más sensatos respecto al tratamiento de la deuda griega han venido desde la izquierda reputada como «radical» por los amigos del orden mundial, supongo que siempre que lo determinen ellos mismos. He escuchado a Gaspar Llamazares y a Iñigo Errejón decir cosas muy adecuadas. En esencia: no exijas a quien no puede pagar, que pague, haciendo los sacrificios que tú le quieres imponer, y escúchalo atentamente, y ayúdale a que se recupere.

Creo que la razón por la que, en este caso al menos (no es el único), me encuentro tan próximo a las ideas que se exponen desde los márgenes del sistema, incluso desde fuera de él, es sencilla: no tienen nada que perder. Cosa que, mírese por donde, me parece que los distancia de los sabios defensores del dólar Stiglitz, Krugman, de los asesores de Merkel o de Hollande (y sus palmeros) y me acerca, junto a ellos, a lo más sensato.

—

(1) He recuperado esta idea de un artículo, aún no publicado, escrito por mi buen amigo Santos Castro Fernández, «Europa: Una realidad histórica», y que su autor apoya con citas, entre otros, de Remi Brage, Horacio, y Jacques Le Goff.

Publicado en: Actualidad, Internacional Etiquetado como: crisis, Europa, Grecia, Krugman, Le Goff, Santos Castro, Stiglitz

Los mejores jinetes de Europa

9 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

Los tres máximos deseos de Joseph Schumpeter, ese economista tan citado que muy pocos han leído (incluidos licenciados en economía),  en su juventud, habían sido, según él mismo dejó expresado: ser considerado el más diestro jinete de Europa, cotizarse como el más deseado amante de Austria y alcanzar el prestigio de mejor economista del mundo.

No fue Premio Nobel de Economía, porque aún no se había establecido ese galardón, pero fue maestro de varios premiados, y un devoto generoso de la escuela austríaca. No consta su éxito como mujeriego, aunque parece que estaba muy orgulloso de sus dotes amatorias. En cambio, como jinete creyó, a tenor de su valoración cuando no estaba para trotes, que había quien lo superaba.

Si Schumpeter tenía en mente algo más que los caballos, y quería indicar que había quien lo ganaba a eso de correr, apostaría que estaba pensando en los españoles. A correr, nunca nos ha ganado nadie. Y no solo con los caballos, las motos y los coches. A correr sin ton ni son, también. Siempre hemos tenido alguien que se lanzaba a la aventura, visionarios, rebeldes, levantiscos, espadones, utópicos.

Lamento decir que me están decepcionando a ritmo rampante los chicos de Podemos. De los políticos más experimentados, ya ni hablo, porque son pocos los que aprueban mi prueba del nueve. Pero alguien con carisma en las filas de los que creen Poder (y lo añoran) debería aconsejar calma a estos jóvenes que están defendiendo un mayo de 2014, y, como único artilugio, están proponiendo ponerlo todo patas arriba. Me he perdido y, francamente, no se a dónde quieren llegar, y, por supuesto, no sé cómo.

Hubo otro mayo (el de 1968, evidentemente), que sí tenía sentido. Había un modelo a seguir extraordinariamente atractivo. Los jóvenes franceses (como modelo más próximo) sabían lo que querían y, para los jóvenes españoles, ir detrás era simple y muy reconfortante. Muchos de sus mayores compartían y alentaban ese cambio: más libertad, más democracia, apertura internacional, más frescura institucional, etc.

Sabemos ahora que los jóvenes de Podemos están mal en matemáticas. No se les da eso de los números. Tampoco se les da bien lo de entender el mundo real, empapizados con enseñanzas académicas que dan bien el tipo en las aulas pero que no sirven para salir a la calle.

Siguen siendo muy agresivos en los planteamientos estrictamente económico-políticos y, en un panorama de crisis, corrupción y desánimo general, es lógico que encuentren algunas adhesiones. Pero a este mayo de 2014 les falta modelo concreto a imitar, y la improvisación nunca fue buena consejera. ¿Qué se va a hacer con esa República que preconizan? ¿Son de izquierdas o son solo chicos con martillos?.No querrán convertirnos en una república bolivariana, ¿verdad?

Por eso es de agradecer, en este momento y en este país, que se den prisa en aparecer rostros nuevos, creíbles, experimentados en la economía, las finanzas y…en la gestión de la polis, para que enderecen la vía por la que canalizar tanto descontento, y vuelvan a sus sitios a los jóvenes que, faltos de modelo real, quieren instaurar su prototipo de gabinete.

Que por ser los más rápidos jinetes de Europa en esto de andar acelerados, no nos van a dar ningún premio.  Ni en Europa ni fuera de ella. Al contrario. Nos harán pedazos y se morirán de risa.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Política Etiquetado como: calma, crisis, Europa, jinete, líderes, Podemos, política, Schumpeter, soluciones

Cuento de Primavera: El candidato incómodo

19 mayo, 2014 By amarias Deja un comentario

La recepcionista observó de arriba abajo al hombre que tenía ante sí. Aparentaba tener unos cincuenta y tantos años, y, a pesar de la petición que le había formulado, parecía normal. Pacífico. No lo había visto antes, no tenía características físicas resaltables, estaba correctamente vestido -no había pirsíns en sus orejas, no llevaba pantalones a media pierna o chancletas-.

-Disculpe, no entendí bien su nombre. ¿Se llama usted…? -dijo la joven, para ganar tiempo. El visitante había solicitado ver al Presidente del Partido, pero ella tenía órdenes estrictas de no dejar pasar a nadie que no perteneciera a la Junta Directiva. La Ejecutiva estaba reunida desde primeras horas de la mañana discutiendo los puntos fuertes del programa electoral que se presentaría a los medios de comunicación, que habían sido convocados para la rueda de prensa a la una de la tarde.

-Me llamo Ciudanelo Concientrado -dijo, pausadamente, el desconocido.

-¿Y el motivo por el que desea ver al Presidente es…?

El Sr. Concientrado expresó su propósito con naturalidad.

-Como le dije antes, quiero presentarme como candidato a las próximas elecciones.

La señorita recepcionista repasó, como si pretendiera la confirmación, lo que ya había escuchado con anterioridad, resaltando lo que le resultaba de una incongruencia insalvable.

-Pero usted me ha dicho que no es miembro del Partido, ni conoce a nadie de la directiva..´.

-Puede añadir algo más -indicó Concientrado- no tengo ni idea del programa de este Partido, ni me interesa. Solo quiero presentarme ante quien tenga la autoridad en esta organización para ofrecer mi candidatura como cabeza de lista a las próximas elecciones. Eso sí, con una condición: será con mi propio programa.

La joven se fijó entonces en que el individuo tenía en la mano un folleto de colorines en el que, por lo que podía intuirse, figuraban varias frases escuetas, escritas con letras bastante grandes. Perfeccionó su impresión inicial de que, a pesar del aspecto normal, el tipo debía estar mal de la cabeza.

Concientrado parecía haber tomado carrerilla en la expresión del propósito que le había guiado hasta allí, porque continuó, -haciendo caso omiso de lo que, como cualquiera habría descubierto, era una oposición formal de la empleada-, dando sus explicaciones:

-Usted no me conoce, y no creo que me conozca tampoco ninguna de las personas de la Ejecutiva de la agrupación política que le emplea como recepcionista.  No se ni quiénes son. Tengo sesenta y un años, he conseguido una posición desahogada como profesional. No tengo necesidades económicas ni ataduras empresariales, personales o políticas. No debo nada a nadie. Estoy al cabo de todas las calles y enfocando ya la etapa final de mi vida. Por eso, he creído que ha llegado el momento de devolver a la sociedad los réditos de lo que me ha dado, ofreciéndole mi visión de lo que habría que hacer para solucionar los problemas actuales.

La joven respiró, aliviada, al advertir que Jorgesindo de la Dehesa, el responsable de Relación con los Media, acababa de salir de la Sala de Reuniones para tomar aire.

-Sr. de la Dehesa, ¿tiene un momento para atender al Sr. Concientrado? -preguntó, al vuelo.

-Lupicinia, sabes que estoy muy ocupado, no tengo tiempo para..-se excusó el interpelado.

Concientrado le tendió la mano.

-Mi mensaje es directo, Sr. de la Dehesa. Quiero ser cabeza de lista de su partido en las próximas elecciones. Traigo mi programa, y solo necesito un partido para ganar. He elegido el suyo porque figuran ustedes como uno de los tres que están igualados en las encuestas, aunque con la particularidad de que aún no han dado a conocer su programa. Eso me interesa. Se trata, al fin y al cabo, de evitar el desgobierno que provocarían tres programas, tres alternativas igualadas en representación…

El Sr. de la Dehesa echó una mirada de escrutinio sobre el personaje.

-Lo siento, Sr. Concentriado -(Concientrado, le corrigió el interpelado)-. Estamos justamente ahora decidiendo los puntos claves de nuestra oferta electoral, y estamos muy apurados. Además, como comprenderá, las listas están cerradas.

-Ahí está el punto -incidió el extraño-. Mi propuesta no tiene ninguna contaminación política, por lo que no me importa quiénes vayan conmigo en la candidatura. Incluso, sería deseable que fueran ciudadanos anónimos, desconocidos. No caiga en el error, sin embargo, de pensar que mi programa carece de carga ideológica. La tiene, y mucha. Pero me resultaría inaceptable que no pudiera ser asumida por un partido que pretendiera gobernar para la mayoría. Ofrezco mi experiencia, mis conocimientos y mi capacidad.

-Todos los candidatos…- intervino De la Dehesa; quería decir algo respecto a que ese era el espíritu que guiaba a los seleccionados por la lista de su partido. Pero Concientrado estaba embalado.

-Todos los candidatos -dijo, utilizando su comienzo de frase- se centran en temas marginales, con ideas de poco contenido y sin exponer soluciones: ¿la corrupción de los demás partidos?: no me interesa; ¿lo bien o mal que lo hacen o va a hacer los demás?: es una petición de principio o una opinión sin refrendo formal. ¿Dónde están las fórmulas concretas para solucionar el problema del paro? ¿Aumentar impuestos? ¿Incrementar el consumo? ¿Animar a que todo el mundo invierta sus ahorros?: todo lo que se propone tiene partidarios y detractores. Por no hablar de lo que no admite  discusión: ¿Proteger el ambiente? ¿Generar más recursos? ¿Mejorar el poder adquisitivo? ¡Claro! Pero no me digan lo que hay que hacer, sino cómo hacerlo.

-Puedo estar de acuerdo con Vd. en el análisis, pero no en el diagnóstico -admitió el Sr. de la Dehesa, por decir algo-. Nosotros estamos, justamente, analizando las propuestas para resolver las cuestiones que preocupan a la sociedad, y le aseguro, que nuestra voluntad es…

-Conozco esa forma de argumentar, pues es la que hemos oído muchas veces. Pero, le repito:¿saben cómo hacerlo? -la pregunta resultaba insolente, pero el Sr. Concientrado, continuó, sin esperar la respuesta del otro-. Estoy seguro de que no, pero no se preocupe. Nadie tiene la respuesta perfecta. No existe mente humana que pueda pretender tenerla. El futuro es esencialmente imprevisible, depende de demasiadas variables que no controlamos, y la historia demuestra que el ser humano no sabe hacer predicciones infalibles. En mi programa, del que le hago entrega en este momento oficialmente de una copia -le alargó un ejemplar-, indico la fórmula de encontrar las respuestas. No digo que las tenga, sino que sé la manera de detectarlas en el camino.

Al Sr. de la Dehesa aquellos papeles le tenían sin cuidado. Los recogió, aparentando comprensión y un interés formal, y, con tono afable, le indicó algo así como «Muchas gracias, lo estudiaremos con atención». Se disponía a volver a la sala de Reuniones, en donde suponía que ya estarían inquietos por su ausencia.

Concientrado no era tan fácil de desviar.

-No tengo la menor idea de si ustedes pretenden enfocar su programa con base a proponer aumentar los impuestos a los más ricos, animar algo al consumo, invertir aún más en quién sabe qué infraestructuras, privatizar más, reducir hasta donde les parezca el gasto público, disminuir o congelar las pensiones, cambiar el plan educativo o la forma de impulsar la investigación, aumentar o eliminar las prestaciones sociales o, simplemente, piensan que les bastaría con salir del paso con cuatro obviedades, y tener suerte de despertar la simpatía por su candidato en algún debate televisivo,  para conseguir la mayoría en las elecciones y dejar pasar otros cuatro años confiando en que la coyuntura mejore y alardear después de que ha sido gracias a su programa…

De la Dehesa farfulló algo. No se le entendió.

-Me he tomado la molestia, aunque lo he hecho con gusto -prosiguió Concientrado- de reunirme con más de doscientas personas de los más diversos sectores -empresarios, defensores ecológicos, parados, funcionarios públicos,  jóvenes con ideas, profesores universitarios, jubilados, sí,…, también algunos políticos…- y he sacado mis conclusiones, que están aquí, en este programa. Todo el mundo tiene alguna idea, pero su coincidencia mayor es echar la culpa a alguien distinto de ellos mismos, acerca de lo que está pasando.

De la Dehesa, que no quería aparecer como insolente, se había detenido en su marcha por el pasillo. Concientrado se animó a contar algo más:

–La clave de este programa, como le decía, es que no hay programa, sino el compromiso de que todas mis actuaciones serán transparentes para la totalidad de los ciudadanos.  Concibo la política como un servicio, no como una profesión, ni como una carrera de obstáculos. Los que colaborarán conmigo serán personas que no estarán preocupadas ni por su salario, que no tendrán, ni por aumentar sus méritos, porque ya no los necesitarán. Ofrecerán sus capacidades. Todas nuestras reuniones, las de todo el Gabinete, serán públicas. Cuando nos reunamos con cualquier agente social o económico, todo el mundo podrá valorar lo que proponemos que se haga, o se deje de hacer y conocerá directamente las resistencias, si las hay, o las propuestas, si se les ocurren, de los que opinen lo contrario. Como en el programa solo ofrezco capacidades, ya que los objetivos serán de toda las sociedad, pondremos en pie una actuación flexible, adaptativa, coherente con lo que se crea mejor en cada momento y, por todo ello, estrictamente revolucionario.

Al Sr. de la Dehesa, que llevaba ya veinte años como responsable de Prensa, se le ocurrió algo:

-Sr. Concientrado, eso que propone es una solemne tontería. ¿Transparencia, dice? ¿Para qué? ¡La política es una profesión! ¡Su programa carece de ideología! ¡Hace falta un programa, se cumpla o no se cumpla, porque la gente tiene que saber qué vota! Y permítame que le diga una clave, algo sustancial: ¡Hay que vender optimismo, soluciones, aunque sean quiméricas! Su idea de una candidatura sin programa es infantil, no tiene viabilidad. Es…ridícula.

El candidato incómodo sonrió tristemente.

-En realidad, no esperaba otra respuesta. No es el primer partido que visito hoy. Todas las personas con las que me he entrevistado, me han expresado más o menos lo mismo, y con ello, confirmo, lamentablemente, lo que sospechaba, y, con base en ello, tomo mi decisión.

-¿Qué sospechaba? ¿Qué decisión ha tomado? -no pudo evitar preguntar, curioso, el Sr. de la Dehesa. La señorita recepcionista, que había estado atendiendo al teléfono exterior, y solo había seguido parte de la conversación, sonrió mecánicamente.

-Votaré en blanco en estas elecciones. Seguiré haciendo mi trabajo lo mejor que pueda, pero que ningún partido cuente conmigo para respaldar su incapacidad de ser transparentes, humildes, adaptativos.

El candidato incómodo dio media vuelta, y sin decir más palabras, se fue tranquilamente por la puerta, dejando al responsable de Relación con los Media, aliviado.

-Hay por ahí cada personaje…-comentó a Lupicinia, ya mientras entraba de nuevo en la sala de Reuniones donde se siguió perfilando el programa electoral del partido.

Los tres partidos principales obtuvieron un número similar de votos, y, en la negociación posterior a las elecciones, se repartieron las carteras ministeriales.

FIN

 

 

 

 

 

 

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: alternativa, candidato, crisis, cuento de primavera, cuentos, elecciones, incómodo, programa, soluciones

Cuento de otoño: La sugerencia que no llegó a ser analizada

13 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

En Valgamediós estaban preocupados. No todos, desde luego. Pero sí la mayoría, y, en especial, la mayoría silenciosa.

Pasaba el tiempo, y la situación empezaba a ser insoportable.

Para algunos, resultaba muy molesto, pero por razones poco relevantes, aunque expresaban su disgusto torciendo la cabeza, y mirando hacia otros lados. Había pobres por todas partes. Les resultaba muy difícil caminar tranquilamente por la calle sin encontrar algún pedigüeño, lo que afeaba el lugar. A las puertas de los supermercados, de las iglesias, de los Bancos, de los restaurantes, había siempre alguien con la mano extendida.

El número de necesitados crecía, ya que, por algo que conocían como efecto llamada, venían incluso de otras poblaciones en las que, al parecer, aún estaban peor.

Eran numerosos los valgamediosanos a los que resultaba bastante duro resistir, pero confiaban en que las cosas volvieran a ser como antes. Añoraban los tiempos recién pasados, aunque ignoraban cómo la situación podría enderezarse, porque les resultaba muy complicado entender lo que había pasado.

-Nosotros, que conocemos cómo funciona el sistema, os prometemos que todo cambiará cuando las economías de los pueblos vecinos de Immererfolgreich y Nousavanttout, salgan adelante. También hay que esperar que al Presidente de Wetheworldleaders se le ocurra algo brillante. Su éxito nos arrastrará, y, hasta que esto suceda, invitamos a los jóvenes más capacitados a que busquen empleo en esos lugares, triunfen, y vuelvan a casa con nuevos ímpetus -era el mensaje que difundían, acompañado de música celestial, los altavoces instalados en los lugares oficiales pertinentes.

En realidad, hacía años que en Valgamediós no se creaban puestos de trabajo y, por tanto, no era posible cambiar, como antes, el tiempo, las habilidades y los conocimientos por dinero, en los mercados locales. Al contrario: las empresas de Valgamediós, despedían todos los días a miles de empleados, que pasaban a engrosar las cifras de los que ya estaban parados, que es la manera de expresar que se habían vuelto estupefactos.

Especialmente afectadas estaban las empresas que eran propiedad de pequeños comerciantes, gentes cuyos nombres eran conocidos, si bien lo que recogían los periódicos locales eran las protestas de los despedidos de las empresas más grandes, que armaban mucho alboroto.

-Ha cerrado la tienda de ultramarinos de la esquina, que llevaba en el barrio desde 1903 -comentaba la tía María a su vecino, jubilado.

-En esta calle, solo queda en pie la Expendeduría de Lotería -apostillaba otro, que se encontraba trabajando de extranjis en una mueblería.

La economía se había sumergido bastante, desde luego, y quien más quien menos, se había estado arreglando con alguna chapucilla, al menos, mientras cobraba el subsidio de desempleo. Pero incluso bajo el nivel del dinero que circulaba al aire libre, es decir, en las alcantarillas del sistema, escaseaban las oportunidades. Los salarios bajaban y bajaban.

Un buen día, el Controlador de Cuentas expuso la situación con crudeza:

-No hay dinero para mantener el Estado del bienestar. Los ingresos son muy inferiores a los gastos. A partir de ahora, viviremos en el estado del estar. Simplemente.

Pronto se supo que ese estado de estar era el equivalente a sálvese quien pueda. Y, para algunos, resultó incluso entretenido. Tenían liquidez, y surgieron nuevas oportunidades, porque a ellos, les bastaba solamente aprovecharse del estado de necesidad de otros, lo que proporcionaba beneficios interesantes. Compraban, a precio de saldo, lo que otros se veían obligados a vender.

Desde los Centros de Propuestas y Elucubraciones Imaginables, no faltaron ideas, pero el problema estaba en la dificultad de ponerlas en práctica. Para todas, se necesitaba dinero; para muchas de entre ellas, experiencia; para la mayoría, conocimientos de los que no se disponía.

-Tenemos que cambiar las reglas del mercado, porque solo sirven para que unos se enriquezcan a costa de los que carecen de información -escribió un experto en Historia de la Humanidad, en un artículo publicado en un periódico de tan escasa difusión, que apenas si vendía los ejemplares que compraban los que expresaban sus ideas en él.

-El mal está en el exceso de corrupción de los que dirigen y controlan, no en el sistema. Un poco de corrupción es tolerable, pero por encima del diez por ciento, es insoportable -explicó, con varios ejemplos imaginativos, un profesor de Ética Universal, que disponía de un importante patrimonio conseguido gracias a inversiones realizadas en productos altamente contaminantes y que vivía en un chalet adosado a su complacencia.

-Debemos fomentar la explotación de los recursos naturales, y puesto que nosotros sabemos disfrutar de la naturaleza, debemos desplazar las fábricas contaminantes a aquellos lugares en donde sus habitantes no tienen nuestra educación ecológica y no están acostumbrados a nuestros altos niveles de calidad de vida -apuntó un miembro distinguido de la Fundación para Proyectos Nimby, que contaba con muchos seguidores dispuestos a movilizarse a las primeras de cambio, reclamando la defensa del medio ambiente.

Incluso apareció un grupo la mar de interesante que defendía el uso de la imaginación para crear el propio puesto de trabajo, como fórmula que se aplicaba en los países más avanzados del orbe. El problema estaba en que la imaginación de los que solo tienen buena voluntad queda limitada por fronteras que se alcanzan muy pronto, y se encuentra con muros insalvables: la insuficiente formación, la escasa financiación, el largo tiempo de maduración de los proyectos, el miedo a fracasar porque el que cae una vez es estigmatizado para siempre y, sobre todo, se topa con un cúmulo de dificultades inextricables, que se fabricaban y perfeccionan por las noches, como hilos de Ariadna, en múltiples centros de mantenimiento del orden establecido, que colaboran con la indolencia y la apatía, hierbas que crecen libremente en los lugares donde nadie vigila.

Así estaban las cosas, cuando alguien anónimo escribió con spray rojo, en la misma Vía del Desánimo, por la que los valgamediosinos acostumbraban a pasear a diario, una sugerencia de apariencia muy elemental.

-Si queremos disfrutar del mayor bienestar posible, ¿por qué desperdiciamos las capacidades que tenemos? Dejemos de lamentarnos por lo que hemos perdido, y dediquémonos todos a trabajar en lo que sí podemos conseguir.

Seguramente al autor le pareció larga la parrafada y como debía tener tiempo para escribir un estrambote, antes de que lo descubrieran los vigilantes del lugar, había terminado con este lacónico mensaje:

«No necesitamos que nos enseñen a vivir y no nos dejaremos morir.»

Era otoño, y las hojas caídas de los árboles cubrieron casi de inmediato la propuesta. Por la tarde, un camión de la limpieza, provisto de mangueras que lanzaban chorros de agua a presión junto a un poderoso detergente, borró la propuesta en un santiamén.

-No era una mala idea -murmuró para sí el conductor del vehículo, mientras se dirigía a otros lugares que también le habían señalado como necesitados de un buen fregado.

Las luces de Valgamediós seguían apagándose sucesivamente.

FIN

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Cuento de verano: El relojero que se presentó dos veces a un Concurso

18 septiembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Supongo que el lector se acordará del mozo del martillo, aquella criatura de cortas luces imaginada por Cristian Andersen, que ganó un Concurso peculiar que se había convocado en un poblachón cualquiera, para premiar a quien fuera capaz de causar, con su obra, el máximo asombro de la concurrencia.

El maestro relojero se había presentado con una obra virtuosa, perfecta, que estaba provocando la admiración y el beneplácito de todos cuantos la veían. Pero no ganó el Certamen porque, de acuerdo con las Bases, un mozalbete, provisto de un martillo, y que había reducido a pedazos el artístico reloj realizado por el relojero, había causado en la concurrencia un asombro aún mayor y tuvieron que darle a él el Premio.

En el poblachón se tardó en convocar un nuevo concurso, si bien los sabios del lugar estaban de acuerdo en que había que compensar, de alguna manera -es decir, a saber cómo- al maestro relojero. Después de mucho pensar, las fuerzas vivas acordaron convocar un Concurso de relojes. Contaba con el patronazgo de uno de los ricachos locales, Forrado Cejijunto y el Premio era un Diploma y un par de maravedíes..

Los organizadores animaron al maestro a que se presentara:

-Tienes todas las de ganar, también esta vez. Hemos modificado las Bases anteriores para que no haya sorpresas con mozos cortos de mollera ni martillos a su alcance. Habrá un Jurado cualificado, formado por un historiador del mundo de la relojería, dos saltadores de pértiga y una modelo porno, bajo la presidencia del prócer Forrado Cejijunto. El concurso convocado va estrictamente de relojes, materia en la que eres un maestro incuestionado. Así que el premio tiene que ser tuyo. Ah, eso sí, la presentación de relojes ha de ser bajo lema, y con seudónimo, para que no se identifique a los autores e impedir que se nos acuse de favoritismos.

El relojero quedó convencido, y aunque su esposa le decía que no necesitaba reconocimientos mayores que los que ya conseguía con una clientela fiel que les había hasta ahora permitido vivir dignamente -es decir, ir tirando-, su ego le impulsaba a participar. Después de todo, un reconocimiento expreso de valía, siempre viene bien.

-Y dos maravedíes nos permitirán hacer el viaje de novios que tenemos aplazado desde hace treinta años -expresaba, ilusionado.

Cerrado el plazo de admisión de piezas que optaran al premio, se habían presentado seis o siete relojes. Como era de esperar, la obra del maestro relojero había sido elaborada con esmero y era fácilmente reconocible, aunque se había presentado bajo el lema Ultreia. Cuatro de los cronómetros no valían gran cosa, incluso dos de ellos no funcionaban ni a patadas.

El maestro relojero estaba, junto a su esposa, en la plaza del poblachón el día designado para leer el resultado del Concurso de relojes. No sospechó nada especial hasta que uno de los organizadores se acercó hasta él con una cara de circunstancias -es decir, de esas que igual valen para un funeral que para darte una patada- y le farfulló algo así como «Se hizo lo posible».

Cuando abrieron la plica del ganador y se descubrió como vencedor a un sobrino de Forrado Cejijunto, en atención a su «creativa solvencia provocadora y a la elucubrante designación valorativa» (o algo así), al maestro relojero, al que le concedieron un accésit, le dio un sofoco.

«Eso te pasa por creerte todo lo que te dicen», le murmuró al oído la mujer a la que más quería en el mundo.

FIN

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Mi Diccionario desvergonzado (5): abogado, crisis, ejército, economía sumergida,

26 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

abogado: Profesional del derecho que defiende los intereses ajenos en los Tribunales de justicia, exponiendo fundamentadamente las razones de sus clientes y las suyas propias ante jueces y colegas (estos últimos, argumentando con idéntico ardor desde la posición contraria a la suya) y que está acostumbrado, en la medida en que acumula experiencia práctica, a ejercer, sin pretenderlo, la justicia gratuita y a someterse disciplinadamente a los dilatados plazos que necesitan sus Señorías para analizar los argumentos presentados. Como medida de supervivencia, viene también obligado a explicar posteriormente a sus representados y a sí mismo, por su propia estima, como productos del azar y, en no escasa medida, de la ignorancia y desinterés ajenos, los eventuales resultados negativos, que encontrará sistemáticamente contrarios a la lógica y producto de la desestimación injusta de la ordenada e irrebatible presentación de los argumentos alegados por él, con wl objetivo disculpable de animar a sus clientes a que le abonen las minutas, por constituir esos ingresos su único medio de malvivir. Ver también: minuta, juez, Justicia, justicia gratuita, azar, litigio.

crisis: 1. Situación normal, de carácter estructural, de la economía de mercado, que es utilizada periódicamente por las Administraciones públicas para aumentar la presión sobre las clases medias y descuidar la atención de los más desfaorecidos por la fortuna. 2. Oportunidad para los que más tienen de aumentar su riqueza o el control que ejercen sobre las propiedades, bienes y rendimientos colectivos. Ver también: banquero, paro, trabajo.

Ejército: 1. Institución tan antigua como la naturaleza humana, inventada para apropiarse de las propiedades ajenas utilizando excusas muy variadas, y que ha evolucionado, en los países autodenominados civilizados, para derrocar mandatarios en países con recursos naturales por explotar, empleando armamentos muy sofisticados, actuando después, de manera que se pretende idónea, como Escuela de formación profesional del Estado derrotado, preparando el ambiente, en general, para la guerra civil. 2. En algunos países, empresa deficitaria que genera masivamente empleo muy jerarquizado, con fines prácticos poco conocidos. Ver también: burbuja, Ministerio de Defensa, derrocamiento.

Economía sumergida: Parte de la economía real que contribuye de forma eficaz a crear una cantidad muy estimable de empleo y riqueza que se substrae al control de la Hacienda Pública, sin que, hasta el momento, se le haya encontrado sustituto equivalente, gozando de aprecio generalizado. Ver también: Economía real, Hacienda Pública, impuestos.

(continuará)

Publicado en: Literatura, Sociedad Etiquetado como: abogado, crisis, diccionario desvergonzado, ecnomía sumergida, ejército

La vicepresidenta coordinadora

4 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Se llama María Soraya Saenz de Santamaría Antón, y es la presidenta de facto del gobierno de España. Lo era ya, pero desde el último día de mayo de 2013, lo es, si cabe, aún más. A la vicepresidencia, el ministerio de Presidencia, la portavocía del Gobierno, acumula ahora la vicepresidencia para los asuntos económico-financieros de nuestro pequeño país.

No hace falta tener mucha imaginación para inducir las razones de esa concentración de responsabilidades. Son dos: 1) el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy no se fía de nadie salvo de ella, y 2) los que mandan en el mundo de las finanzas le han pedido a nuestro parco director de funciones en el carrusel circense, que mejore la coordinación entre Montoro y Guindos.

Así que tenemos servida una crisis en el Gobierno que, si se interpretara en chino (como suelen hacer, mal, los que no tienen ni idea de este idioma) sería equivalente a oportunidad. La oportunidad de mandar a Cristóbal Montoro para casa y dejar que Luis de Guindos demostrara, de una vez, si sabe algo de competitividad y si sus amistades con los tipos de la troika sirven para algo.

No ha se ha dado curso a esa opción. Montoro está en la cuerda floja, desde luego. No por hacerlo mal (que, como está en posesión sublime de la verdad, eso solo lo sabe él, que es quien tiene los datos), sino por haberse atrevido a puntualizar a José María Aznar, -el ex-presidente más activo en el propósito incomprensible de acabar de hundir este país-, de que no era lo mismo navegar en sus tiempos, en que bastaba ser políticamente solo capitán de yate y la navegación se hacía siguiendo la costera, con éstos, en los que el mar se ha embravecido, tiran con cañones desde los destructores alemanes y, además, hemos salido a zona abierta diciendo antes que éramos campeones mundiales de la navegación a vela, y que teníamos un sistema bancario ejemplar.

A Rajoy (con el que, aclaro, nunca crucé ni una palabra) le hubiera gustado seguramente poner a Montoro de coordinador, y cumplir de ee modo lo que le pidieron las troikas. Pero el grupo de aznaristas le ha debido poner una muralla de disentimiento. Nanay, por ahí no pasamos. Montoro no da el tipo. Pon a Guindos.

Por eso el presidente del Gobierno más sufrido de España ha puesto aún más sombreros en la cabeza de Soraya. La abogada del Estado en excedencia, casada con otro lumbrera del derecho administrativo (hoy asesor en Telefónica) sabe hablar en público, no se trabuca ni se le va la olla ante preguntas de los capciosos periodistas, manda y templa como si dirigiera un parbulario. No tiene mucha idea de economía ni de finanzas -dicen- ( desde luego, en las Facultades de Derecho, algo se estudia, aunque no de subprimes y política monetaria) peroe xpongo duramente: ¿alguien la tiene?
´
No quiero que se me olvide nada. La decisión tomada por Rajoy y aconsejada por las troikas tiene un objetivo superior: convencer al pueblo llano de que, hágase lo que se haga, y como se haga, es lo que hay que hacer, e, incluso, lo único que se puede hacer. Y eso, no es economía ni finanzas. Es política, vaya; de la mala.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Aznar, coordínación. Montoro, crisis, Guindos, oportunidad, paro, recuperación económica, Soraya Saenz de Santamaría, troika, vicepresidente

Caos silente

23 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La libertad es una cualidad muy atractiva, y satisfactoria, cuando su ejercicio se limita a los campos del intelecto individual, pero puede convertirse en una máquina eficaz para generar monstruos que se instalarán, gozosos, en parcelas del territorio común, si no se controla el manejo que hacen de ella los que se encuentran aupados a la plataforma de mandos.

Por supuesto, la única forma admisible en democracia de ejercer ese control es desde las instituciones y plataformas representativas de las mayorías e, incluso, desde las minorías cualificadas. Y lo que se necesita para poder llevar a cabo esa labor de tutela colectiva de que las decisiones que se adopten por los que mandan, es la información de que se disponga. Información sobre los propósitos, objetivos y resultados.

Sirva esta introducción general para pasar a comentar algo concreto. En la reforma de las carreras universitarias de ingeniería se ha instalado el caos. No un caos calmo, sino un caos silente, producto de la ignorancia, fuera de concretos (e interesados) círculos, de lo que se está fabricando.

La autonomía universitaria, entremezclada con la cesión de competencias educativas a las Comunidades e inspirada por los dobles principios nefandos de 1) difundir sin criterio de calidad la posibilidad de adquisión de títulos, 2) dejar que sean los propios funcionarios responsables de la educación quienes decidan sobre las enseñanzas y la forma de impartirlas, ha provocado una marea de desarraigo respecto a lo que sería preciso, sepultada por lo que se ve, a corto plazo, como conveniente.

España necesita ingenieros. Dos tipos de ingenieros. Los de grado medio, capaces de acometer, con conocimientos adecuados, las tareas generales de una sociedad tecnológica media. Y -esto es muy importante- ingenieros con conocimientos superiores, con una base amplia de formación troncal, imprescindibles para garantizar que no se está perdiendo la opción de mantener a nuestro país al nivel de los países más avanzados tecnológicamente.

La primera de las necesidades es más sencilla de satisfacer. Hay muchas opciones de conseguir una formación técnica intermedia y nada impide, al contrario, que las enseñanzas se enfoquen a dar una capacitación generalista en lo básico, tendiendo a una especialización rápida hacia lo que se precisa para resolver la mayor parte de los problemas de aplicación tecnológica: la inmensa mayoría de las actividades transversales de la ingeniería admiten ese enfoque pragmático. No hace falta prolongar los estudios del futuro ingeniero para resolver problemas de mejora energética, ambiental, gestión de recursos, control de instalaciones, etc. La realidad demuestra que una sobrecualificacón es inútil, y frustrante para el egresado de una carrera larga que no encuentra justificación al esfuerzo por el que se le ha hecho pasar.

Pero es muy distinto no acertar a ver que necesitamos mantener, y potenciar, un tipo de ingenieros de alta cualificación, formado en Escuelas o Universidades de élite, que entienda, por tener una formación académica adecuada, de la resolución de los problemas más complejos, y esté capacitado para entender, y estimular, y crear, los avances mayores de la sociedad tecnológica.

No es cuestión de analizar, en toda su complejidad, y en este Comentario, toda la problemática. Dejo solo expuesto que no se está cumpliendo con esta premisa. Tendremos muchos ingenieros de grado, con títulos muy pomposos quizá, contradictorios o confusos en sus denominaciones y en la formación adquirida, y se está corriendo el grave riesgo de prescindir de los ingenieros «superiores», sin encaje en una sociedad a la que no se le está dando la oportunidad de discutir y decidir lo que necesita para no perder, definitivamente, la opción de encontrarse entre las comunidades tecnológicas de referencia mundial.

Caos, silente. La peor combinación, vía segura para que el libertinaje se adueñe del espacio.

Publicado en: Actualidad, Ingeniería Etiquetado como: autonomía, capacitación, crisis, desarrollo, formación básica, grado, información, ingeniero, ingeniero superior, intereses, libertad, master, Politécnica, profesores, reforma. caos, tecnología, títlos, Universidad

Hipertrofia intelectual

13 marzo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Hace unos días, leí en la Sección de Correos de los lectores de un periódico nacional, la carta de un ingeniero de caminos que pedía consejo (tal vez, solo consuelo) sobre lo que le correspondía hacer, al encontrarse en paro, al cabo de 15 años de ejercicio profesional y no verse con ánimos para trasladarse al extranjero con toda la familia.

La respuesta –ni qué decir tiene que emanada de un experto en relaciones laborales, coaching y personal relocation– le animaba a aprovechar la hipertrofia intelectual que le había proporcionado la carrera y, desde luego, no desaprovechar las oportunidades de la demanda de técnicos con su experiencia en países latinoamérica, de los que citaba, como idóneos, Brasil, Colombia, Chile o Perú.

Reconozco que lo que me llamó la atención no fue tanto la propuesta de salvación del erudito, sino la referencia a la “hipertrofia intelectual” de los ingenieros de caminos (rectius: y «canales y puertos»). Preciso por ello, para aquellos lectores que estén pensando en recurrir al diccionario para descartar que se trate de una forma refinada de insultar a alguien, que el counseler se refería al hipotético desarrollo excepcional de las meninges y sus conexiones cerebelo-cerebrales que estaría directamente derivado de los amplios estudios de tan difícil carrera.

No tengo nada que objetar a la idea de que estudiar mucho y bien, y en especial, materias que obliguen a egercitar la abstracción y a ensanchar la base de los conocimientos teóricos, es saludable para poder afrontar posteriormente problemas reales con mayor solvencia. Lo que me parece un error indisculpable es seguir atribuyendo a concretas especialidades universitarias la virtud de ser más listos para resolver las cuestiones prácticas de la vida.

Eso era antes, mon amour. Aquellos tiempos del cuplé en que ser ingeniero de caminos, o, si se me permite, ingeniero en cualquier rama de la técnica, significaba tener directo acceso a un estatus más alto, adobado con el respeto social a mentes consideradas superiores por haber superado pruebas tan complejas como misteriosas.

Hoy, en absoluto es así. Ni los ingenieros, sean de caminos como de chispas o agujeros, se escapan al paro, ni gozan de consideración social, ni, por supuesto, se creen superiores a nadie. Incluso, saber más significa tener menos opciones de sobrevivir en esta jungla.

Y, por cierto, si se quiere hacer elogio al desarrollo de los cerebros por culpa de haberse pasado los días y las noches quemándose las cejas sobre los libros, no se quede el iluso consejero solo en alabar las ingenierías.

Incorpore también a los que hayan estudiado ciencias físicas, filosofía, exactas, química; no deje fuera a todos los que hayan aprendido bien, con intensidad cualquier carrera de las que deberían haberles capacitado para ganarse el pan haciendo un servicio útil a los demás. ¿Qué decir de los médicos, por qué olvidar los abogados? ¿Despreciamos a los biólogos, a los economistas? …No, claro que no. Vengan todos al infierno del desánimo.

Queridos colegas hipertrofiados intelectualmente, sea cual sea vuestra rama del saber. Recibid mi más sentido pésame, por el tiempo que habéis dedicado a prepararos para tener una vida normal, en vuestro país y con vuestros compatriotas. Los expertos en la globalización han diagnosticado que no tenéis sitio entre nosotros. Pero, por fortuna para vosotros, si estáis dispuestos a marchar al extranjero, a un país con futuro, podréis salvaros.

Los que no tenemos salvación somos los tipos del montón, obligados a quedarnos aquí, soportando cómo nos aprietan las clavijas del estómago unos cuantos tipos de desconocida formación intelectual, aunque, a juzgar por sus actuaciones, hiposensibilizados con la desgracia colectiva.

Publicado en: Cultura, Sociedad Etiquetado como: cartas de los lectores, coaching, consejos, crisis, emigración, hipertrofia intelectual, ingenieros de caminos, soluciones

Historias mínimas

23 febrero, 2013 By amarias2013 4 comentarios

Mientras hago cola para que me atienda el pescadero -tengo el número 78 y acaban de vocear el 56-, una señora a la que no conozco de nada (abrigo de paño negro algo ajado y zapatillas de andar por casa) me dice espontáneamente que «si fuera más joven, me marcharía al extranjero«.

Completa el análisis con la confesión de que «la pensión no me da para vivir«, a lo que, mostrándome comprensivo, asiento, y, sin pretender saltarme el turno, solo a efectos de información, le pregunto al tendero si la merluza viene con anisakis y me contesta con aire cansado que «todas lo tienen«.

La señora del abrigo no me abandona, y me cuenta que ella comprará bacaladitas, que son baratas y que a su marido le gustan fritas rebozadas en harina, y que nunca les ha encontrado gusanos, ni tampoco a las sardinillas ni a las platijas. «Al menos, por ahora».

Tengo claro que sus reflexiones no pretenden estimularme a que coja el petate y me vaya rumbo adelante a probar fortuna en las américas, ni me está recomendando que compre un pescado concreto, sino que es una manera simple de hilar la hebra con un desconocido. Antes, se hablaba del tiempo y ahora, de la crisis y de los gusanos que se han instalado en la merluza atlántica, hundiéndole valor y precio, que ya nadie la quiere ni para un sofrito.

Estoy callado un rato, pero, como creo que debo responder a la confianza ajena alimentando  la conversación, mientras observo lo lento que avanza el turno (lo achaco a un prejubilado está comprando ingredientes de manual para una paella mínima, que se le deberían pesar en una balanza de precisión), le pregunto a mi nueva amiga si tiene hijos y me contesta sin recelo que tiene dos: el varón, es catedrático de universidad en física atómica y la niña (que deduzco por la edad de mi interlocutora ocasional que ha debido abandonar la infancia hace ya varias décadas) es juez de primera instancia en Badajoz o Teruel, no estoy seguro.

Calibro con aires de inspector de la troika la frescura del producto expuesto en el mostrador, pero me estoy imaginando a los dos funcionarios  retoños de la anciana haciendo huelga reinvidicativa, cada uno en su dominio del hecho, expresando ante la opinión pública (que es la manera de no dejarlas caer en saco roto) sus pretensiones particulares de mejora de la Universidad y de la Justicia.

Una media hora después, el pescadero me ha limpiado y pelado los lomos de la palometa negra que voy a convertir en cachopos de pescado y, en el ínterin, he vuelto a regalar a mis compañeros de espera (lo hago siempre), con un análisis pedante sobre la decadencia en la credibilidad de todos los stake holders patrios (así dije), desde la monarquía a la banca, pasando por empresas y partidos, y sin que haya dejado libre ni al zapatero de la esquina, que, incomprensiblemente, me ha perdido un cordón del zapato que compré en las rebajas de Milano, que le confié para que le pusiera mediasuelas.

El ojo avizor del representante de la multinacional que es dueña de la cadena de supermercados debió estar observándome, porque la chica de la caja, ha mirado y remirado el billete de cincuenta euros que le entregué para pagar la compra, pasándolo incluso por una máquina de detectar billetes falsos. No solo eso: me ha hecho abrir la bolsa de deporte en la que había guardado los libros que saqué de la biblioteca pública, advirtiéndome, con tono serio, que la próxima vez debo dejarla en consigna.

Ya en la calle, con mi aspecto de buena persona incapaz de romper un plato sin pagar por los desperfectos, ví al pasar ante un escaparate de electrodomésticos que la televisión presentaba la implacable persecución periodística de varias personas que hasta ayer mismos habían sido respetables y que ahora se encontraban encausadas por delitos cuyo tipo penal respondería a un solo propósito: aprovecharse de las ventajas de su posición para apropiarse de lo ajeno.

Todos los perseguidos por la curiosidad periodística huyen como pueden del asedio, sin decir esta boca es mía, aunque a veces, por la presión, se les escapa algún gesto expresivo o una palabra malsonante, pero, en general, me recuerdan a las tomas nocturnas de los animales de las reservas del Serengueti, que parecen irreales, brillantes los ojos por el miedo de haber sido sorpendidos haciendo lo que les es propio (Por cierto: no los llamaría alimañas, solo cumplen con su naturaleza).

El resto del camino de vuelta a casa, con los lomos de palometa y los tres libros (que debo devolver sin falta antes de que cumpla el mes o me castigarán anulándome el carné por el doble de días que superen la fecha límite), no pude quitarme de la cabeza que la gente normal y cumplidora de nuestra sociedad estamoos acostumbrados a que comprueben nuestra honestidad a cada paso, y sufrimos la investigación resignadamente, como un mal necesario (nos casi despelotamos ante los detectores de metal de cualquier aeropuerto, dejamos en la consigna del museo la cámara de fotos y el paraguas, pagamos una hora por los cinco minutos en que dejamos aparcado el coche para recoger al chiquillo,  pedimos perdón para que nos atiendan lo más rápido posible en el pasillo de espera del hospital en donde se retuerce de dolor nuestra parienta desde hace tres horas, pagamos la matrícula del chaval por unos estudios que no van a servirle ni para cobrar el paro, …)  .

No parecemos habernos dado cuenta de que esta labor de estricta vigilancia del cumplimiento de nuestros deberes y obligaciones (algunas inventadas) ese es el método seguido por el sistema para mantener ocupados a los inspectores y guardianes del centeno y de la caja pequeña de los dineros públicos, permitiendo que se escapen los peces gordos, por otras puertas y con otras cajas, y  que solo se verán sometidos a controles cuando, por azar, caigan en las redes que pretendían pescar  especies desprotegidas o como resultado de instrucciones misteriosas.

Es entonces cuando comprobamos, al verlos expuestos en la pescadería de la justicia repentina, al abrir sus entrañas, que sus estómagos estaban llenos de gusanos, y nos preguntamos, inquietos con razón, si los habitantes más gruesos del mar económico no estarán todos contaminados, podres por dentro.

¿Y qué haremos, entonces con ellos? ¿Les perdonamos, les damos otra oportunidad de mentirnos, olvidamos cuanto han hecho, los tiramos a la basura? ¿Nos dejamos convencer de que son inocentes, de que no sabían que lo que hacían era malo, o, aún peor, asumimos que la culpa es nuestra, por no haberlos vigilado?

Tengo la impresión de que estas historias que ahora estamos descubriendo me van a hacer cambiar el gusto por el pescado. Encima, hay quienes se asombran de que las hamburguesas contengan trazas de caballo. Que investiguen primero si no estamos siendo alimentados con piedras de molino.

Publicado en: Economía, Sociedad Etiquetado como: anciana, anisakis, crisis, economía, gusano, merluza, palometa, pescadería, piedras de molino, trampas

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