Al socaire

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Desnudos ante el mundo

27 febrero, 2016 By amarias 1 comentario

Que estamos viviendo en España una situación excepcional, no deberían caber dudas. Son tantos los frentes abiertos, que solo enumerarlos produce sensación gélida en los cogotes de quienes, aunque no nos encontremos en ninguna de las trincheras bélicas, nos preguntamos si sus resultados, sean cuáles fueran, nos afectarán o forman parte de un espejismo colectivo.

Tenemos las instituciones convertidas en un batiburrillo de tensiones y, cuando podríamos mostrar satisfacción por lo alcanzado, hemos puesto los focos sobre el cuarto de las escobas, aireando los trapos sucios y el cubo de la basura.

Cuestionamos la Constitución y la forma del Estado, sin reparar en si las alternativas mejoran lo presente o lo descalabran. Donde algunos parecen ver más libertades, otros vemos más servidumbres y cadenas, y al revés, según nos cuadre. Se defiende aquí el Estado federal y otros expertos constitucionalistas, se empeñan en demostrar que ya lo tenemos. Se dan vivas a la república en las plazas y enarbolan banderas de todo tipo, cuando cabe reconocer que Felipe VI es un profesional serio y hasta elegante, con bastante mejor formación que sus alternativas, y que, además, hemos pagado entre todos.

Mostrando una capacidad disociativa casi sobrehumana, el Rey aparenta no estar afectado porque una de sus hermanas está siendo enjuiciada por evasión fiscal, y que su cuñado tiene todas las papeletas de pasar una temporada larga en la cárcel; con la cabeza empleada en temas acuciantes, tampoco parece importarle que sus padres, pareja real emérita, anden sueltos por el mundo lamiendo sus heridas, y que la imagen de su augusto padre  sea desplazada a golpes de semanario del corazón desde salvador de la democracia a rijoso impenitente.

¿Y qué decir de los trabajos de Hércules para mejorar la existencia de los que somos más humanos?. Después de unas elecciones para designar los representantes populares en las Cámaras, quedó puesto en evidencia que el país no está dispuesto a recomponer la dualidad política que había supuesto una alternancia pacífica, y positiva, de dos partidos que habían tenido la perspicacia de ir aproximando sus posturas ideológicas hacia el calor del centro izquierda.

Con cuatro formaciones prácticamente igualadas, y después de arduas negociaciones misteriosas en las que se han malgastado oportunidades de entenderse a cambio de dar martillazos sobre el pastel de las negociaciones, el maltrecho Partido Socialista y la juvenil ave Fénix surgida de las cenizas de la descomposición parcial del Partido Popular, han firmado un acuerdo de mínimos edulcorado.

Por su escueta redacción, más que a programa de Gobierno, estaría destinado a llamar la atención del electorado sobre la incapacidad de la derecha tradicional para lamerse sus heridas e incompetencia en solitario, absteniéndose de meter las narices en la gestión de lo público por un período, y, no en último lugar, acerca de las incoherencias de una agrupación de descontentos, agraviados, parados juveniles, secesionistas, ingenuos e incorruptibles no probados, en su camino iluso hacia la Tierra Prometida que les señalan como un mantra ciertos guías de catadura un tanto estrafalaria que se consideran habilitados por sus estudios académicos superiores para saber cómo redimirlos.

En momentos de crisis económica y tecnológica, y mucho paro de larga y de corta duración, tenemos a algunos profesionales muy ocupados en el corto plazo: periodistas y jueces, en particular, concentrados especialmente en la investigación de los recovecos de la corrupción, líquido apestoso que parece haber contagiado las fórmulas para las adjudicaciones públicas y que, a medida que avanzan los trabajos de los unos señalando la ruta a los otros, nos sustenta la convicción de que somos, sino el país más corrupto del mundo, sí dignos de figurar entre los más torpes en ocultarlo.

Tantos son los casos y tan extendido y común aparece el asunto de quienes sustrajeron algunos dineros de las obras y concesiones administrativas para su Partido y/o para su coleto y tan poco creíble que los directivos de empresas no estuvieran todos al tanto de esa práctica malsana, que la duda que suscita es si tanto empeño en descubrir la verdad no acabará al modo de la película «Todos a la cárcel» o con una confesión de autoculpabilidad de todos ellos, preguntando a la audiencia: «Y ahora, ¿qué?»

En fin, hénos aquí, como país, desnudos ante el mundo, una vez más. Hurgando en las miserias -que no por propias dejan de ser comunes-, y sin atender a lo que es más importante. Sin gobierno, vamos. En sentido general y figurado.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: cárcel, corrupción, desnudos, estado, felipe VI, Infanta Cristina, jefatura, miserias

La madre de todas las ciencias

22 noviembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Sin ganas de abrir un nuevo debate sobre el tema, me apunto a la opción expresada por el maestro Alonso Quijano de que la experiencia es la madre de todas las ciencias.

Cierto que si el asunto hubiera surgido en una tertulia académica (de esas que ya no se estilan), hubiera defendido a la Filosofía, pero no está el horno para bollos ni florituras reposteras, sino para empanadas. Y no de las rellenas de bonito o carne guisada, sino de esas mentales que, a los que tenemos el alma señalada por los zurriagazos de la cruda realidad, nos hacen temer que el aprendizaje colectivo es imposible, y que, por mucho que se haya escrito, analizado o dicho,  la inmensa mayoría sigue siendo crédula, y se traga lo que sea, con tal de que se le adorne convenientemente.

Me parece que la corrupción, en particular, la de los que manejan dineros públicos, es inadmisible, pero la solución a ese problema, en el que ahora se ceban, como truchas al atardecer en tarde tormentosa de verano, todos los líderes políticos, es sencillo, pues basta adoptar este principio:  «pocas manos y muchos ojos». Se lo oí decir a Sergio Fajardo, gobernador de Antioquia, en una magnífica entrevista que le hizo recientemente Jordi Evole.

Tengo escrito, además,  que no soy de los partidarios de que nos flagelemos con la obsesión de ser calificados como uno de los países más corruptos del mundo.  Con seguridad, no lo somos. En todas partes cuecen corrupciones.

Si en algo podemos aparentemente distinguirnos, separándonos especialmente de nuestros vecinos de porte inmaculado, es que nuestros corruptos han sido, por confiados, además de ladrones, torpes para ocultar mejor el resultado de sus fechorías. Los que los eligieron -culpa in eligendo-, merecen ser calificados de cómplices más que de engañados, y los que debían vigilarlos y no lo hicieron -culpa in vigilando-, por mucho que intenten escurrirse, no se salvan con menor sanción que la de ser designados como incompetentes, y, por tanto, inútiles para seguir en las labores de cuidar lo de todos.

Tema distinto y, desde luego, muy difícil, es analizar cómo salir de la crisis, y muy en especial, resolver la necesidad apremiante de crear empleo, generando nuevas actividades y empresas que tengan continuidad. Tampoco es menos importante, arbitrar nuevas formas de distribuir las plusvalías que se produzcan por el juicioso empleo de los recursos humanos, naturales y físicos.

Para mayor dificultad del cierre categorial, no se puede descuidar que, puesto que la situación es de emergencia, habrá que echar mano -justificada, transparente, gradual, ordenada y procurando evitar medidas confiscatorias- al patrimonio de los que más acumulan, sobre todo, al ocioso.

Me produce, por ello,  gran alarma personal  que las argumentaciones, claramente improvisadas en lo económico y con nulo apoyo tecnológico, de los sabiondos chicos de Podemos (aunque no ignoro que detrás también se incorporan algunos canos), magníficamente adobadas con palabras duras como puños, ajustadas al guión,  contra los partidos mayoritarios, no sean contrastadas por interlocutores que, puestos enfrente, además de alardear de parecida labia, sean capaces de aportar ideas viables sobre cómo mejorar la realidad, y no entren en el juego de buscar solo la descalificación desde la ética.

La ética, como el valor a los militares, se supone a los políticos. Y, si se descubre que a alguno le falta, se le hace consejo de guerra deontológico y se le manda al paredón del escarnio.

Claro que es necesario, como catarsis, meter  a unos cuantos de los corruptos en la cárcel. Pero me temo que si nos proponemos meter en jaulas a todos los que tengan manchadas las manos de esa mierda, no vamos a tener plazas suficientes.

Contentémonos, pues, con amedrentar para siempre a los que lo hayan sido y, sobre todo, dejemos el terreno marcado con advertencias de peligro a todos los que se hubieran propuesto serlo. Implantemos  un sistema estricto de control del gasto público -atentos a porcentajes, comisiones, revisiones de contratos, etc. pero no ignoremos que donde más se ha perdido es en adjudicaciones de obras inútiles-.

Pongamos ya el foco en lo que más interesa al futuro: crear empleo.

Cuando me entero con sorpresa de los beneficios de las grandes empresas, crecientes en épocas de crisis; cuando observo que el lujo y la ostentación con la que viven algunos no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado; cuando veo que la investigación, la enseñanza, la Universidad, la sanidad y todo aquello que sustenta nuestro estado de bienestar, sigue confiado al buen hacer de unos cuantos, capaces de abstraerse del fragor de incompetencia que les rodea, … echo de menos que salgan a la palestra, exponiendo sus ideas, no a jóvenes politólogos, no a economistas o historiadores con la cabeza caliente, no a miembros de partidos viejos proclamando a quien quiera escucharlos que van a renovar sus estructuras, ni siquiera a teóricos de partidos nuevos alardeando de pureza, sino a gentes con experiencia concreta, viajados y bragados, conocedores de cómo funciona la realidad, tanto la española como la internacional, y que, con base en ello y en su voluntad de servir al bien público, nos propongan ideas factibles, cuantificadas, serias y serenas, que puedan obligar sin escapatoria a los que tienen más y que nos comprometan a todos, en ese objetivo irrenunciable de salir rápido del agujero sin que haya vencidos, sino solo convencidos.

Porque la experiencia es la madre de la ciencia, en especial, de la ciencia que da de comer a las familias. Por otros caminos, me atrevo a vaticinar que se llega a una mayor descomposición social, a ahuyentar a inversores, aspaventando a los dineros, profundizado, con cada tormenta estéril de improperios y descalificaciones, en un desánimo improductivo.

Si no lo corregimos, gane quien gane en próximas elecciones, con ese panorama, cuando se disipe el humo de las ilusiones,  nos encontraremos atrás, bastante más atrás.

El mundo es global y no se puede pretender jugar en solitario. El sistema económico imperante es el capitalismo de base liberal y no es factible, sin que se nos caigan encima los cascotes de la pirámide, cambiar sus cimientos, ni hace falta. A un país intermedio como España, solo le es preciso reformar con inteligencia la parte que nos sustenta. Teniendo presente que, como en toda selva, al que se separa de su rebaño natural, se lo comen los depredadores.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Antioquia, bienestar, cárcel, ciencia, corrupción, descomposición social, empleo, experiencia, improductivo, Jordi Evole, Podemos, política, programa, Quijhano, Sergio Fajardo, tecnología

Pacto o Ley anticorrupción?

28 octubre, 2014 By amarias 1 comentario

Por supuesto, el lector habrá adivinado que el título de este Comentario tiene su referente gramatical en el ¿Truco o Trato? que se nos ha colado por la puerta trasera de la influencia norteamericana en nuestras vidas.

La explosión simultánea de múltiples cargas de profundidad que se encontraban ocultas -ya se ve que de forma insuficiente- en las miserias de nuestra vida pública, imagino sin esfuerzo que ha despertado en los lugares adecuados, grandes dosis de miedo de que se descubra que nuestra democracia iba desnuda.

O no. Quiero decir, que esta democracia a la española no es diferente de la italiana, la francesa, la alemana o la norteamericana. Solo se la distingue por los ropajes con las que se la enmascara.

Porque también cabe imaginar que lo que se ha puesto de manifiesto con este ir y venir ante la Justicia de personajes públicos que hasta hace poco nos ilustraban sobre su honradez y hasta nos daban consejos sobre cómo apretarnos el cinturón, no es sino un ejemplo -triste muestra- de que aquí nos diferenciamos de los países más desarrollados en la ocultación de las impudicias públicas, en que nuestros corruptos son tan torpes, o tan ingenuos, que ni se molestan en tapar las heces de sus contubernios.

Puestos a aportar mi propia dosis de empatía con el cinismo dominante en las cavernas de la política pragmática (no la teoría que se estudia en las Facultades de Sociología y afines) , sospecho sin distorsión de mi capacidad de análisis, que los esfuerzos del partido que actualmente nos gobierna (mal) por acordar con el partido que nos gobernó (en los últimos años, mal) una Ley anticorrupción, responden, en realidad, únicamente al intento de pactar una Ley de borrón y cuenta nueva, que permita salvar los trastos por la puerta de atrás.

Y ahí sí que no me dejo llevar por la corriente con pretensiones catárticas. No creo necesario pactar ninguna Ley anticorrupción. Sería como recuperar para la legislación reglada los Mandamientos de la Ley de Dios o la Etica universal, que coinciden en proclamar como axioma deontológico indiscutible el «no robarás» que, para los gestores de la cosa pública, se puede traducir sin menoscabo en «no te apropiarás de los bienes ajenos que la sociedad te ha encomendado».

Me resulta también muy difícil entender las declaraciones de asombro, los gritos de acusación, contra los viejos compañeros ahora cogidos con las manos en la masa de sus cuentas en Suiza, por parte de quienes fueron hasta hoy mismo sus íntimos compañeros. Los reconozco como una combinación del cinismo prolongado y la voluntad controlada de mantenerse al margen, negándolo todo con cara de jugador de póker, esperando que el vendaval no los arrolle a ellos también, agarrados a su palo de escoba.

Por otra parte, me pregunto qué podemos esperar de este proceso a la española de levantar algunos de los escondrijos que han servido de guarida a corruptos, corruptores y cómplices, y cómo se detendrá esa vorágine, si es que alguien tiene la facultad y el poder para valorar las consecuencias y reconducir el caballo desbocado.

Porque todas estas historias que van saliendo a la luz (pero existían en la oscuridad, y seguramente muchos de los que ahora se llevan las manos a la cabeza no lo ignoraban), están favoreciendo el crecimiento de una corriente inmensa de descontento, de voluntad de cambio drástico, de condena multitudinaria, que pueden desembocar en un linchamiento general hacia quienes se dedican actualmente a la política y a la economía.

Si no se es capaz de introducir matices, de aislar el hecho de que lo sustancial está incólume, de que no somos diferentes a lo que se produce en otros lugares, porque el aprovechamiento vicioso de las situaciones es consustancial a la naturaleza humana cuando se la deja sin control externo, vamos camino acelerado de una revolución sin sentido práctico, que nos aislará de otro países con los que compartimos lo que se puede llamar «cultura occidental del desarrollo económico-político».

No veo la solución en esos partidos nuevos que aparecen como incólumes, puros, precisamente, porque no han tenido el poder y que se atribuyen, obviamente sin posible réplica, la presunción de inocencia y lealtad al servicio de la generalidad.

Me parece muy grave lo que nos está pasando, porque nos ha dejado solo con el malestar, con el desagradable sabor de boca de que muchos -si no muchos, más que suficientes- de quienes nos estaban, y están, exigiendo sacrificios, ni los hacían ellos mismos e incluso, no tenían empacho en robarnos el tres o el cinco por ciento de cada obra pública que contrataban.

Paremos este carrusel. Estoy mareado con los giros de la rueda de las mentiras, la ambición, la insolencia de creer que los demás somos tan tontos que nunca se descubriría que nos estaban engañando. Los de las cuentas en Suiza, los de las comisiones introducidas en sus bolsillos cuando seguramente pretendían alimentar la voracidad de sus partidos o sindicatos, los que pensaron que sus sueldos oficiales no eran suficientes para compensar su sacrificio, ¿cuántos son?

¿Lo sabremos algún día, o solo se descubrirán los manejos de los caídos en desgracia, de los más odiados, de los que murieron en el curso de las investigaciones judiciales? Y esos individuos a los que se les va poniendo cara de aterrados, ¿no tuvieron la inteligencia suficiente para eliminar las huellas de sus latrocinios? ¡tanta impunidad imaginaban ellos y los que les apoyaron y animaron a actuar de esa manera?¿Cuántas veces vamos a tener que escuchar en los próximos meses que las fortunas de quienes fueron referentes económicos, políticos o sociales provienen de una herencia no declarada?

¿Truco o trato?

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Cuento de invierno: Aprendiendo a no competir

11 febrero, 2014 By amarias Deja un comentario

coctelimposibleDibujo AngelArias

Todas las escuelas de negocios pretenden enseñar a sus alumnos a ganar. En la convicción  de que nos encontramos en un mundo competitivo, se asume que para tener éxito hay que disponer de determinadas habilidades no naturales que, cuando las aprendemos, nos sitúan en el camino de los triunfadores.

Los centros comerciales disponen en la sección de librerías de un pedestal especial en el que, bajo la advocación mágica de «Libros de empresa», sabios en el arte de convencer ofrecen consejos para liderar, mandar, y obviar el fracaso -o, por lo menos, aprender de él-. La fórmula consiste, en suma, en expresar con ejemplos sencillos, extraídos de la imaginación y de los animalarios, como mantras, que existe una estrategia para el éxito y que, si se dispone de ella, el mercado nos brindará sus oportunidades, como una sandía abierta por la mitad.

Torquibando Loguarde, diplomado por la escuela de negocios NOSSABE, es el autor de un manual singular, en el que ha pergeñado una estrategia para perdedores. Publicado en enero de este año, su libro, que gozó de una subvención de la ONG Lostintheway, mereció críticas  feroces de algunos gurús del mercado que lo acusaron de terrorismo empresarial, siendo retirado a los pocos días de los estantes.

La idea de Torquibando, según reconoció en una entrevista que no llegó a ser publicada, a un redactor del Semanario The Economissing, le sobrevino cuando estaba buscando desesperadamente un lugar en donde solucionar una repentina apretura de vientre (había desayunado mermelada de grosellas), y se encontró con que todos las cafeterías, bares, restaurantes y comercios que hallaba, esgrimían el letrero de «Aseos solo para uso de nuestros clientes». Apremiado por la necesidad, tuvo que comprar una pirinola en un hipermercado (que, según confiesa, no necesitaba para nada) y, para colmo, tampoco le sirvió para lo que precisaba pues, en el colmo de la mala suerte, se fue por los pantalones antes de llegar al lugar de servicio.

He conseguido el  texto de aquella entrevista de publicación frustrada, gracias a la amistad con un miembro del Consejo Editorial de The Economissing. En las propias palabras de Torquibando, su propuesta consistía en lo siguiente:

«Se trata de aprender a no competir, dejando a un lado la tendencia natural a ser considerado como perteneciente a la élite de nuestras complejas y desquiciadas tribus. Enfrentarse en peleas con el resto de nuestros coetáneos para destacar sobre ellos y así poder gestionar una parcela mayor de poder y ganar, por esta razón, más dinero y más poder, no mejora la productividad general. Al contrario, la reduce, porque en combatir a los que creemos más capaces que nosotros, se pierden, inútilmente energías, se desanima a muchos que no cuentan con apoyos y se incrementa la corrupción de las estructuras».

Torquibando no estaba, según aclaró, en realidad, apoyando el abandono de la batalla por la supervivencia. Más bien, apoyaba «reservar las fuerzas para utilizarlas en el momento adecuado, pues es imposible luchar contra los corruptos». Al igual que en el dominó, en el que el jugador que dispone de muchas fichas de un mismo palo, debe saber conservarlas para ponerlas sobre la mesa en el momento más tardío del juego, cerrando así la posibilidad de acceso a la pareja contraria, quien disponga de habilidades o virtudes o esté dotado de una inteligencia especial, y no quiera que sus naves queden destruidas por el fuego granado de quienes defienden sus posiciones de privilegio, debe aparentar ser imbécil.

En su libro, del que tengo un ejemplar dedicado, indica que «la estrategia de perdedor ha de mantenerse en tanto sea posible, adornándola con equivocaciones y errores controlados que harán pensar a quienes nos rodeen que se encuentran ante alguien al que no han de temer en absoluto, despertando el sentimiento de lástima hacia nosotros, que, como es sabido, es vecino al de aprovechamiento de la debilidad del prójimo.»

Torquibando fue contrario a las estrategias encaminadas simplemente a ganar, y que se basan en aprovechar las oportunidades en las que poder desarrollar nuestras teóricas habilidades o ventajas comparativas. Al no encontrarnos en un mercado perfecto, en el que lo que más falta es la honestidad, creyó un error entrar en competencia con nuestros congéneres, ya que todos los que se consideren iguales tendrán, exactamente el mismo deseo y, lo que es peor, constataremos, si somos sinceros, que habrá muchos superiores a nosotros, a los que nos enfrentaríamos sin tener ninguna opción, salvo que faltáramos a la ética, lo que Torquibando descarta.

«Si en el año 1750 después de Cristo, cuando la Humanidad contaba con menos de 800 millones de personas, ya se habían generado miles de cerebros superdotados que causan nuestro asombro, podemos imaginar, sin réplica, que hoy en día, con más de 6.000 millones de habitantes, la Tierra tendrá 16 o más  Leonardos de Vinci,  otros tantos Maquiavelo,  diez Laplace, una decena y media de Poincaré, siete Huanchu Doaren, etc., etc. »

Si no competimos,  podremos dedicar nuestro tiempo a realizar las tareas sencillas que se nos encomendarán por quienes se crean superiores a nosotros, reservando la energía para colaborar, fuera de mercado, en hacer que la sociedad funcione algo mejor.

Reconozco que, si los escritos de Zygmunt Bauman ya me habían abierto algunas esperanzas de que la Humanidad abandonase la lucha biológica por la supervivencia y se dedicara a cooperar por el bienestar del conjunto , las ideas de Torquibando me emocionaron.

Enterarme de que había fallecido, víctima de un ataque de caspa, fue una dura sorpresa, de la que me cuesta reponerme. No estuvimos muchos en su sepelio; apenas la familia -estaba divorciado, no tenía hijos, y vivía solo, con la única compañía animal de una pareja de periquitos machos-, su casero,  unos cuantos amigos que, según me pareció, no se conocían entre sí y un desconocido de todos, que era yo, deambulando perdidos por la sala del tanatorio en donde su cadáver era exhibido como en una pecera.

Había ordenado que su cuerpo fuera incinerado, junto al manuscrito y los ejemplares de su libro que habían sido retirados por la censura y que alguien trajo en una furgoneta, deseo específico que fue aceptado a regañadientes por el tipo del crematorio.

Volví a casa y me agarré al ejemplar de «Aprendiendo a no competir», como a un tesoro.

FIN

 

 

 

 

 

 

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: Aprendiendo, bienestar, competir, corrupción, cuento, cuento de invierno, estrategia, fracaso., gurú, libro de empresa, triunfar

El texto perdido del Discurso de Navidad del Rey Juan Carlos

25 diciembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La Casa Real acaba de informar que se ha encontrado el discurso que se había preparado para que el Rey Juan Carlos lo pronunciara con motivo de la Navidad de 2013. Al darle ahora difusión, pide disculpas por haberse tenido que improvisar apuradamente un texto alternativo, en el que se han tenido que utilizar recortes de los mensajes de años anteriores.

A continuación, se recoge el texto perdido (y que, según parece, se había traspapelado entre los envoltorios de los regalos de Papá Noel, fiesta que la Familia Real viene celebrando en lugar de la de los Reyes, desde que el príncipe Felipe descubrió que los Reyes eran, en efecto, los Reyes).

«Queridos compatriotas:

Seré especialmente breve este año. Se bien que pocos estaréis viéndome ante la Televisión, porque, con razón, después de haberme oído repetir las mismas ideas, preferiréis dedicar vuestro tiempo a otra cosa. Tendréis ocasión mañana de conocer lo fundamental de lo que voy a decir, y comentarlo entre vosotros, porque el día 25 de diciembre no hay fútbol.

Los tres temas de que quiero hablaros son éstos: la imputación de mi yerno Ignacio Urdangarín (yo nunca lo llamé Iñaky) y, por lo que me han filtrado, la de mi hija Cristina; la intención separatista de bastantes catalanes, que quieren formar un estado independiente, y, por supuesto, republicano; y la incapacidad de la economía española para recuperarse.

Se que la mayoría de los españoles sois republicanos, así que me he preguntado muchas veces porqué se soporta un Rey, que es una figura anacrónica, como lo prueba el que solo se mantiene en algunos países subdesarrollados -económica o mentalmente-, como Inglaterra, Suecia, Holanda, Bélgica y ciertas antiguas colonias africanas europeas. No lo sé, la verdad. Tal vez la razón principal es que las alternativas no os convenzan, o que, sencillamente, os guste creer que tengo sangre azul y que poseo poderes especiales. Como los españoles, en general, son gente muy crédula o muy confiada, no me extrañaría cualquier cosa.

He puesto en la página web de la Casa Real la comparación entre lo que cuesta un Rey y un Presidente de la República, y, como veréis, los costes están más o menos equilibradas. Lo comido por lo servido, vamos. Lo que no me negaréis es que un Rey farda más. Y aunque, en mi caso, he tenido que ayudar a varios miembros de la familia, tanto de la mía como de la mi mujer, tampoco en eso veo el asunto diferente a lo que han hecho cientos de presidentes republicanos. Pero que nadie crea que me estoy defendiendo, las cuentas están claras y guardo los justificantes. Con todo, mi puesto está permanentemente a disposición, y hasta, cuando lo comento con Spottorno, me maravilla el tiempo que este reinado está durando, para lo que se acostumbra aquí-

No quiero que nadie se haga la ilusión de que Cristina va a ir a la cárcel. Hasta ahí podíamos llegar. Ni siquiera voy a consentir que enchironen a mi yerno. Ya está bien de tonterías. Se que está trabajando mucha gente importante para que esto no suceda, y tengo confianza en Roca para que movilice sus contactos, y, allí donde haga falta, ponga el énfasis jurídico adecuado.

No juzguéis y no seréis juzgados. Lo que hicieron puede sonar mal a algunos, pero es lo que hace todo el mundo que tiene alguna influencia. Si este país ha querido tener una familia real, tiene que asumir que, con discreción, que es lo que se estaba haciendo, íbamos a aprovecharnos del puesto. El fallo no ha sido nuestro, sino del sistema. Pero ojo, que nunca se sabe cómo pueden acabar las cosas. Se que hay grupos de fieles que están dispuestos a acudir a utilizar la fuerza, lo que a mí, como comandante supremo del Ejército no voy, en este caso, a intentar controlar. No me va a temblar la mano en defender la inocencia y honor de mi familia hasta el final y, ya sabéis, que soy un buen tirador.

Respecto a los catalanes separatistas, encuentro que, en este tema también, ya son ganas de tocar las narices. ¿Qué se cree ese grupo de funcionarios, que pueden pasarse por alto la Constitución, que todos hemos jurado? Aquí no se va a hacer ningún referéndum, porque ya tenemos las encuestas periódicas que hacen el CIES y las agencias de opinión.

Hay viajes para los que no se necesitan alforjas. Todos tenemos claro que los españoles quieren ser independientes, trabajar poco y ganar campeonatos mundiales, preferiblemente de fútbol. Los dos últimos objetivos están prácticamente cumplidos (aunque debo reconocer que no trabajan, pero tampoco cobran). En cuanto al primero, IKEA ha hecho un gran avance para que todos se sientan cómodos en su casa, incluso los catalanes. Pues que se atengan a las consecuencias, porque va a haber felpudos para todos.

Me queda el tema de la economía. Lo tengo clarísimo. En eso, pienso que es hora ya de que os caigáis del pino: no hay trabajo para todos, máxime desde que las mujeres se empeñan en trabajar. El trabajo que hay, es lógico que esté mal remunerado, porque donde había un puesto de trabajo, ahora, con suerte, hay dos, y se ha reducido lo que se paga por cada uno a bastante menos de la mitad. No se tanto de economía como De Guindos o Montoro, pero hasta el más tonto sabe que los puestos importantes están cubiertos y no es posible acceder a ellos para la mayoría. El mundo globalizado ha permitido que casi cualquier producto se pueda hacer en países en donde la mano de obra es baratísima y se pueda transportar casi en el día hasta donde se desee.

Así que lo único que puedo deciros es que tenéis que apretaros el cinturón, y no se hasta cuándo, porque no veo que el panorama va a cambiar. Eso sí, como España es un país católico, mayoritariamente la gente irá al cielo.

En fin, feliz Navidad a todos, tanto escépticos como creyentes. Y si queréis encontrarme, ya sabéis dónde estoy.

(El discurso se acompaña con la canción «Resistiré», del Dúo Dinámico, con intérpretes reales)

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: abdicación, cárcel, catalanes, corrupción, Cristina, denuncia, discurso, economía, ejército, Familia Real, Felipe, fútbol, independencia, infanta, mensaje, Navidad, paro, rey juan carlos, trabajo, urdangarín

He tenido un sueño

17 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Estaba hoy, 17 de junio de 2013, asistiendo, con varios centenarios de invitados, a la Firma del contrato de una línea de préstamos entre la Comunidad de Madrid y varias de las entidades bancarias de este pequeño país, y no puedo precisar si fue cuando hablaba el ministro de Industria (José Manuel Soria) o el presidente de los empresarios de Madrid (Arturo Fernández) o el presidente de la Comunidad madrileña (Jaime Ignacio González), pero me quedé dormido.

Y he tenido un sueño.

He soñado que todos los presidentes de todas las compañías de España que cotizan en el IBEX hacían una declaración conjunta -era de ver a los 35, tan serios, y pulcros, poniendo cara de circunstancias- reconociendo que una parte de su solvencia estaba basada en el engaño. Que todos habían financiado, por la vía de ilegales dádivas, muchas de ellas vinculadas a contratos de las admnistraciones públicas, a los partidos políticos. Más dinero, claro, para los que habían tenido cualquier responsabilidad de Gobierno.

El documento decía (creo recordar): «Os hemos mentido. No somos lo leales que creíais, ni lo impolutos que podrías deducir de nuestras anteriores declaraciones y silencios. El juego del mercado es así: no basta ser el mejor en las licitaciones, hay que contribuir con ciertos peajes para que el sistema, o lo que sea, funcione. No estamos arrepentidos, pero no vemos otra forma de que esto, que llamamos economía de mercado, se mantenga. Todos lo hacen».

Ví después aparecer en mi sueño a los representantes de los partidos políticos, leyendo un documento que también habían preparado: «Es imposible mantener el aparato de los partidos con las subvenciones oficiales, aunque os parezcan altas. Los dirigentes, en particular, no se contentan con lo que reciben de forma transparente, en nóminas, dietas y sueldos. Quieren más, porque dicen que en la economía real les pagarían mejores salarios por hacer algo parecido. Y, desde luego, como no todos pueden pasar a ocupar puestos relevantes en las empresas a las que han ayudado con sus decisiones, necesitan otras garantías -económicas- para saber que no han perido el tiempo, defendiendo los intereses públicos».

En mi sueño, aparecieron también altos representantes de las instancias judiciales: «Nos tenéis que perdonar, si podéis. porque no es cierto que la Justicia sea igual para todos. Lo teníamos que expresar, pero no es posible resistirse a las presiones de los que más mandan, y no es lo mismo analizar la responsabilidad de un pobre diablo que ha cometido un delito, que la culpabilidad de altos ejecutivos y mandatarios que han sido llevados a nuestra jurisdicción por una estafa de gran volumen, una malversación importante, o haber pagado comisiones ilegales para lograr un contrato, o gratificarlo, para sus empresas. Nos daba miedo romper el orden establecido, y, por supuesto, estábamos cómodos en haber alcanzado una parcela de respeto y poder que nos costó años de estudio y, en algunos casos, movilizar apoyos nada sencllos de lograr».

Se leyó, también, un comunicado de las Iglesias: «Reconocemos que no sabemos nada de Dios, porque nunca se ha manifestado. Somos únicamente fieles a una tradición de sacordotes y falsos exégetas, que han ido añadiendo dogmas y revelaciones. El fin era, en principio, bueno: que la ética universal no se perdiera, ya que la filosofía no nos parecía suficiente. Pero esto ha dado lugar a muchas aberraciones y estamos arrepentidos».

No faltó un comunicado de la Casa Real, avalado por las Casas Reales de todo el mundo: «Afirmamos, como ya deberías saber, que somos iguales a todos vosotros. Con nuestros vicios, nuestras virtudes y nuestro deseo de vivir lo mejor posible. Hemos contribuído, en muchos casos, a que no hubiera guerras o derramamientos de sangre entre vosotros, aunque seguramente son más las que hemos provocado. Estamos arrepentidos, pero no sabemos si lo volveremos a hacer. No depende de nosotros; si fuera por nosotros, lo seguiríamos haciendo».

Se adelantó, algo balbuciente, en mi sueño, el portavoz de todos los catedráticos y profesores de las Universidades: «No es cierto que seamos los que más sabemos de la mayoría de las cosas, porque es muy grande el volumen de lo que ignoramos. Hemos preferido, hasta ahora, mantener la ficción, realimentándonos en lo posible, con un cuidado nepotismo, y manteniendo la utopía de lo que enseñamos servirá para algo en un mundo real que no conocemos.»

Los murmullos de quienes escuchaban eran ya ensordecedores. Cuando iban a hablar representantes de los órganos de seguridad, de los Ejércitos, de las asociaciones no gubernamentales, me desperté, sudoroso.

Creo que alguien estaba anunciando que el Acto terminaba, y expresaba que tenía plena confianza en que, con los 150 millones de créditos que ahora se ponían a disposición de las pymes madrileñas, con el objetivo de crear o apalancar 10.000 millones de empleos. O tal vez eso era también parte de mi sueño-pesadilla.

Como no había, esta vez, cóctel alguno en la Casa del Reloj de Madrid, pude encaminarme hacia la boca del Metro sin tiempo para comentar con otros si todos habíamos soñado lo mismo o algo parecido. Por las caras de póker con las que me crucé, creo que habían estado despiertos, es decir, profundamenten dormidos.

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad Etiquetado como: arrepentimiento, Casa del Reloj, corrupción, empleos, empresarios, empresas, engaño, enseñanza, Ibex-36, Iglesias, instituciones, jueces, Madrid, monarquías, partidos políticos, profesores, sueño, Uniiversidad

Esto no es una salida

4 febrero, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Con esta frase termina American Psycho, la novela que confirmó a Bret Easton Ellis como un peligroso activista intelectual y elevó a Patrick Bateman, su creación literaria, a los altares de la desfachatez social.

Cuando, a primeras horas de la mañana del 3 de febrero de 2013, un sonriente González Pons, portavoz del Partido Popular, se entregaba a recoger dardos como quien cosecha flores y sembraba dudas en campos ajenos como si el suyo fueran los jardines del Generalife,  todo ello con la dedicación profesional que se deriva de su amplia experiencia política, me acordé del cartel que Bret situaba en Harry´s, encima de una puerta oculta tras cortinas rojas, poniendo con ello la última nota de desolación sobre la imaginación del lector, atrapado cruelmente tras centenares de páginas por las andanzas sangrientas de Patrick, para quien todo lo que no perteneciera a su círculo selecto era, simplemente, un instrumento. «Esto no es una salida» («This is not an exit»

González Pons representó, -desde luego, mucho mejor que Rajoy en la falsa conferencia de prensa que ofreció el Presidente ese mismo día y con más agallas que las que mostraron Cospedal y Santamaría-  el papel de quien está convencido de que no tiene nada que explicar a seres inferiores, aupado en su gallardía porque unos ridículos trapaceros no reconocen que hace un año la mayoría de los siervos de la gleba, conducidos a su pasaje por el arco electoral, lo convirtieron en el arco de triunfo de su partido, al hacerle el regalo incaducable de su confianza ciega. Y lo que da, Santa Rita, Rita, no se quita. Y al que se equivoca, pagar le toca.

Sin atender al letrero que la mayoría de los que lo escuchábamos, veíamos sobre la puerta bloqueada que González Pons señalaba indicándonos que la verdad estaba detrás de las cortinas, el portavoz del partido asediado se entregaba a la labor complaciente de convertir rotundas evidencias en débiles conjeturas, de responder a certeras preguntas con confusas interrogantes, de defender a los presuntos culpables acusando de conspiración a los que descubrieron sus huellas, adornando, al paso, de colores de incompetencia, rencor y vesania a los jueces, y atribuyendo el mismo pecado,  por si acaso, a los que exigieran expiación, justificación o castigo de quienes habían sido pillados con las manos metidas en una masa que no se cocía en el horno de los panes colectivos, sino en Paraísos fiscales, y abundando, para mayor confusión, en que no había manos, ni masa, ni documentos, ni testigos, sino solo la torva intención de los que perseguían.

El argumento de la  novela que estuvieron/están representando algunos de los responsables del Partido que gobierna España -seguro que no todos, por supuesto- es, en esencia, el mismo que dió pies a American Psycho, aunque los personajes principales no disfruten violando ni asesinando a sus víctimas.  Su gozo proviene solamente de sentirse superiores, gestionar como les apetezca lo público y lo privado según  intereses de los que no precisan dar cuenta, incólumes tras las caretas. La base de la diversión, queda protegida por su superior inteligencia, y el manejo impávido de las situaciones es la garantía de que la única condena que podrán tener, en el caso improbable de ser descubiertos e incluso si fueran juzgados, será dejar de hacer lo mismo por un tiempo, para volver a la carga algo más tarde.

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: Bárcenas, corrupción, ética, excusas, González Pons, indignados, papeles, Partido Popular, partido socialista, política, Rajoy, rueda de prensa

Explorando la cueva del Minotauro: de Filesa a Gürtel

1 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La historia se repite, con una tenacidad implacable. Al contrario que en el dicho popular, cambian los perros pero los collares, no. El cuento de Filesa se parece, como una castaña a otra, a este nuevo de Gürtel.

Aquel escándalo le costó a Felipe González, la presidencia del Gobierno de España, y a su partido, un descalabro emocional y político del que no ha podido recuperarse, a pesar del espejismo socialista de las dos legislaturas de Rodríguez Zapatero, que contaron con el empujón inicial de los islamistas radicales y la incompetencia tenaz de Angel Acebes y continuaron con la inercia de un espejismo de bonanza.

Este escándalo le costará a Mariano Rajoy el reconocimiento de su descontrol sobre las cuentas del partido, el descrédito de demasiados principales del Partido Popular -entre fumigadores, aturdidos y viciosos- y, tan pronto como entiendan allá en Ferraz (si es que no lo han entendido ya) que no cabe más defensa negando la mayor y que hay que abandonar el campo, la caída de Icaro de un Gobierno que prometió salvar a España de la crisis, y la dejará sumida en otra aún mayor, para corta enseñanza de este pueblo de castrados intelectuales.

Los perros -en sentido figurado, por supuesto- están claros. Una parte importante de personajes de la política, no importa su aparente signo ideológico, que ven una oportunidad para enriquecerse (o para mejorar un poco sus sueldos oficiales) en gestionar el Patrimonio y servicios públicos.

No están solos, en sus movimientos por la cueva misteriosa del Minotauro, allí donde habita el cíclope monstruoso que se alimenta de credibilidades, trabajos probos, emprendimientos sanos, ilusiones, ingenuidades y esfuerzos de todo tipo.

Su pervivencia exige que se le alimente continuamente, y en esa función sacrificial se empeña una combinación afanosa que vincula o parece vincular -santo Dios- a miembros de la familia que ocupa la Jefatura del Estado, militantes y simpatizantes de los partidos políticos y responsables de las principales empresas del país que necesitan contratos públicos para aumentar facturación y beneficios.

El cuidado en el lenguaje que se ha impuesto en esta sociedad de fantasía, exige que se hable de presunciones, sospechas. Pero el hilo de Ariadna, esta vez, no está conduciendo al interior de la cueva, no nos detecta al Minotauro. Ese hilo, tirando de las libretas de ese contable aplicado pero que no sabría si calificar de avieso o lerdo, nos conduce, en un periplo vicioso, de Gürtel a Filesa. Una y otra vez.

Porque los collares son los mismos: la avaricia, la ambición desmedida, el desprecio a lo que es común, la mentira, la desfachatez, la vanidad, la confianza en que los que llevan alimento al Minotauro jamás serán devorados por él.

Habrá que verlo.

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El Club de la Tragedia: Explicados

31 enero, 2013 By amarias2013 2 comentarios

A medida que el territorio local se va poblando, en una transmutación inquietante, de ciudadanos que pasan de respetables a sospechosos, implicados, imputados, presuntos culpables, liberados, procesados, condenados, exonerados, reclusos, fugados, apelantes, excarcelados e incluso, indultados, nos podemos preguntar –legítimamente, como se ha tomado por costumbre indicar aunque no venga al caso- si no debería revisarse lo que se entiende por el concepto de «irregularidades«, dándole un significado que sea incuestionable, admitido por todos.

Los dos casos mediáticos (y procesales) de mayor calado con los que hacemos la digestión empachosa de nuestra realidad actual, se refieren a «irregularidades» en la financiación del Partido Popular, actualmente en el Gobierno de España y a «irregularidades» en el incremento de la fortuna personal de los duques de Palma y de su socio y manager económico.

El Presidente del Gobierno ha declarado que «si alguna vez tengo conocimiento de irregularidades en el Partido Popular o conductas impropias de miembros del Partido, no me temblará la mano». Por su parte, la Casa Real, por mediación del Conde de Fontáo, ha expresado que ya tenía advertido a Ignacio Urdangarín, en 2005, que las actividades mercantiles que pretendía realizar con una fundación o asociación a la que no correspondía ánimo de lucro, constituirían «irregularidades» (1).

No hace mucho tiempo (mayo de 2012), quien, por la naturaleza de su cargo e irreprochable formación jurídica, conoce el alcance del término en el ámbito legal, el ex Presidente del CG Poder Judicial, Carlos Dívar, expresó, cuando se sintió hostigado para explicar algunos gastos o dispendios que había cargado a las arcas públicas, que no había cometido «irregularidades«. Que se tratara, además, de una persona de expresa religiosidad, añade, -involuntariamente-, a su declaración, una componente que apunta hacia la autovaloración ética de su conducta.

No quiero abrumar al lector con ejemplos del diferente alcance del término «irregularidades» y la tremenda inseguridad, no ya jurídica, sino social y moral, de la que se ha dotado el término. ¿Hasta dónde llega la «irregularidad» y qué es lo punible, y en qué forma?

Si yo no pago impuestos, presentando en paralelo una declaración responsable por la que expreso que no daré un solo euro más al Estado hasta no quede demostrada su eficiencia y se me convenza de que no se despilfarrará el dinero, que me cuesta mucho conseguir, en inútiles infraestructuras o sostenimiento de incapaces, ¿estoy cometiendo una irregularidad, o soy un ejemplo de civismo?

Si, sensibilizado por la cantidad creciente de pordioseros que encuentro en mi camino al trabajo, reúno a todos los de mi ciudad con algún pretexto, convenciéndolos para que se introduzcan en autobuses que habré contratado previamente (ofreciendo, como dirección de facturación y para tranquilidad transitoria de la empresa transportista, la de algún ejecutivo del Real Madrid CF) y hago descender a esos cuantos miles de personas junto al estadio Santiago Bernabeu, en día en el que se juegue un partido fundamental para la historia (al menos, del fútbol), para que comprueben con sus propios ojos que existen unos cien mil seres de la misma especie, capaces de dilapidar, en época de crisis galopante,  más de 140 euros por cabeza (2) por dos horas de espectáculo intrascendente, ¿habré cometido una irregularidad o seré merecedor de un aplauso de la mayoría silenciosa?

Si…

—

(1) Lo que abre un pavoroso capítulo nuevo, que es el de dilucidar si comete irregularidad quien, habiendo prevenido, en función de garante o controlador de legalidad, a un su pupilo o protegido,  de lo deficiente de la conducta que pretende realizar, la acaba tolerando, por omisión, dejación o falta de autoridad real para atajarla.

(2) La sexta parte, aproximadamente, del salario mínimo. Dos horas de espectáculo son, aproxidamente, el 0,02% del tiempo anual del que se dispone para hacer algo útil.

Publicado en: Derecho Etiquetado como: corrupción, derecho, explicados, implicados, imputación, indignados, irregularidades, Partido Popular, reproche generalizado, responsabilidad

El Club de la Tragedia: Por dónde hay que cortar

20 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Transcurrida la hora menguada para las calles, en que, por faltar la luna, el momento había resultado término redondo de todo requiebro lechuzo, el piélago racional español continúa trabando la batalla de cada día, cada uno con propósito y negocio diferente, en la pretensión de engañarse los unos a los otros. (1)

De lo que algunos no parecen darse cuenta, fingiendo que aquí no ha pasado nada es que, en esta noche pasada, el Diablo Cojuelo ha estado alzando los tejados de ciertas casas escogidas, levantando una polvareda de embustes y mentiras que nos dejó boquiabiertos.

Retornados hoy a la luz del día, no atinamos a descubrir, aturdidos como estamos, una brizna de verdad, ni por un ojo de la cara, en cuantos nos dicen ser de otra ralea bien distinta a los bichejos con los que se encuentran juntos en las rendijas.

Andan los pobres y pobras escarapelados viendo la justicia en su garito, y mientras con parsimonia proverbial desgrana como puede la madeja de los hechos, interferida o intervenida como can sujeto con correa por intereses de gran pelaje y superior calado, tememos los de a pie que el Cojuelo nos ponga de manifiesto más y más tramposos, porque prosiguiendo su labor de destape nocturno, al descubrirnos, a cada luz del día, más sujetos de tal calaña, nos deje a los restantes por confusos, inermes, por escandalizados, corridos, por confiados, más ayunos.

Dicen ahora los que creen saber lo que se cuece después de haber comido, que el Cojuelo actúa por despecho al haber sido expulsado él mismo del bienestar de un Paraíso donde moraban los demonios principales, y que, vuelto esclavo liberado de la redoma a donde le había confinado un astrólogo desnortado -que es, como decir, licenciado en economías de provecho-, se ha hecho amigo de un tal Cleofás, estudiante en la profesión de provocar el cataclismo en lo que toque -becario de un medio de difusión, por todas señas-.

Pues ya lo tenemos aquí, un desaguisado más. El diablo alzando velos, como quien levanta el hojaldre de un pastelón, dejando ver la carne pútrida que ha generado nuestro país en la fiambrera de la desidia colectiva, y convertida en pasto de risión ajena, nuestra arca nacional. Sin que sea de ignorar cuanto sirve de catarsis el asunto para otros mentirosos, aún por descubrir, que se creen a salvo de la corriente de destape, afirmando que nunca tuvieron ni un catarro ni supieron jamás de nadie qe tuviera el menor moquillo, atentos solo como estaban a mirar solo de frente, por donde alguien cualesquiera les guiaba, y ellos, obedientes.

No es de envidiar siquiera el papel de los que nos vamos acercando al socavón de silencios movedizos por donde se hunde nuestra ingenuidad a tierras llenas. Mirando moverse patas arriba  la variedad de sabandijas, batracios y culebras, que antes se ocultaban en los áticos y ahora se retuercen como pueden, no atinamos a dónde mirar que no sirva de espanto, ni sabemos bien qué hacer con tanto bicho , y no porque, habiendo entre ellos alacranes, corramos peligro de quedar emponzoñados también con su veneno, sino porque corridos ya estamos, inocentes culpables de consentir tanta vergüenza.

Volviendo de la realidad literaria a la ficción social, ha dicho y redicho el presidente Rajoy, cuando la claridad del día ya era cegadora, que no le temblará la mano para cortar por donde haya que cortar, pretendiendo atajar de esa manera carnicera el mal de corrupción en grado sumo que puso el diablo al descubierto en uno que tuvo toda la confianza del conento, siendo consciente de que las escopetas cazadoras, cargadas ahora de fuego verdadero, apuntan al núcleo de la financiación irregular de su célebre partido, disparando allí donde tejió su nido la gaviota y se pusieron los primeros huevos.

Lo peor para él es que no le creemos, acostumbrados de más a su silencio para que ahora hable, de puerta en puerta, en cortijos y masías. No le vemos con fuerza para acuchillar, ni con ganas demancharse con sangre ajena las manos para tenerlas más limpias, y ya notamos que se parapeta detrás de otros pobres y pobras más bregados en hacer, con las palabras, de las suyas.

Siendo el riesgo grande, para el que teme que le alcancen los disparos, mejor quedarse agazapado. Porque, aunque hemos visto esta noche anterior algo de lo que se mueve bajo algunos tejados, cuando vuelva la oscuridad y Cojuelo vuelva con las suyas, es posible que se nos ponga en evidencia lo que está sucediendo igual en otros habitáculos y que lo que aflora ahora en pisos altos, alcance a otros más bajos, enmerdando a empresarios y a emprendidos.

Presionado por la misma desazón que embarga a este Gobierno, ha dicho el candidato a ser alternativa para gastar lo que entregamos, el otrora ingenioso Rubalcaba, liebre corredora, caída del guindo o de una higuera, que es necesario un acuerdo político de todos los partidos contra la corrupción. Y sentimos en el alma atormentada no poder creerle más que al otro, y hasta dudemos de los que están aposentados a su izquierda, inseguros de que muchos de quienes nos convencen con mieles se hallan encumbrados, debajo de los caparazones de su género ideológico, por las mismas lindezas, idénticos espumarajos productivos, y están ocultos también en sus partidos, con parecidas añagazas, responsables independientes o para beneficio colectivo, de desvaríos y desmanes, detrás de convenientes mascarillas para que los rostros resistieran, pétreos, embates de sospecha.

Ya al completo el festival de fuegos, con todo ardiendo, sospechamos, con suficientes muestras de que el jamón está podrido, que otros castillos y torres de poder se encuentran presas del mismo mal, y que todo fallece víctima de la misma calentura. Abierta la veda del destape, otros diablillos, más o menos cojos o traviesos, levantarán, de noche o de día, más pestillos, y se alzarán más cornejas y lechuzas que estaban anidando en los almiares; saldrán más sabandijas cuando se destruyan o desplacen tapas de agujeros, y en cuantos sean los resquicios por donde penetre nuestra vista y actúe el filo escudriñador de la sospecha, se recoja de cosecha una fauna completa de alimañas.

Solo queremos que nuestra vergüenza termine, no la suya. Sin ánimo para escuchar las explicaciones rebuscadas, deducimos en juicio sumarísimo, que todo era asunto consentido, porque no cabe ignorar lo que hacen con las manos quienes están sentados con nosotros a la mesa.

Matar a Pitón necesita el surgimiento de un Aquiles, y no podrá serlo quienes han campado, admitiéndolas o ignorándolas a base de rodeos, por las mismas miserias, o disfrutaron de las victorias que otros les brindaron, repartiendo entre los suyos prebendas y plazas con las dádivas que fueron peaje por mercedes públicas.

Como la casualidad es maravilla, en estos mismos días, del mundo del deporte ha llegado, campante, una respuesta. Lance Armstrong, mito heroico, adalid de un deporte para sufridores extremos, ejemplo de manual para explicar valores a la infancia, ha confesado que su personaje increíble era, en efecto, una ficción, fruto de mentira. Que hacía trampa, en fin, que se drogaba, que tomaba ventajas, todo ello para no competir en igualdad con los otros, porque quería ganar por encima de cualquiera.

Su aterradora verdad ha despertado otras, y son, en pocos días, multitud los que reconocen que venían haciendo lo mismo, para aparentar ser mejores. Como en un cuento burdo,  en el que se acaba descubriendo que todos cuantos participaban en el juego con opciones de ganar, trampeaban, han dejado patente que engañaban a los ingenuos que, por seguir las reglas, carecían de la menor oportunidad para vencer, y, por tanto, a los que disfrutábamos con el espectáculo de ver ganar a quienes, creyéndolos heroicos, mentían más qe nadie.

Catarsis, sí, Pero dejando que otros, limpios, nos permitan volver a ilusionarnos de que ningún Cojuelo tendrá nada vergonzante que mostrarnos la próxima vez que le de por levantar los tejados de las casas, dejándonos a todos, los que manden y mandados, dormir a pierna suelta, tan tranquilos.

—

(1) Comienzo el Comentario de esta forma, con rendida devoción a Luis Vélez de Guevara, autor de El diablo cojuelo (1640), que tengo a la vista en la magnífica edición de Ramón Valdés (Biblioteca clásica, 1999), cuya lectura de texto original y glosas recomiendo. Son varios los momentos del texto en que utilizo, con ligeras transformaciones, frases de Vélez.

Publicado en: Política Etiquetado como: Armstrong, catarsis, Cojuelo, corrupción, crisis, diablo, indignados, Lance, mentideros, oportunismo, políticos, responsabilidad, Vélez de Guevara

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